ABC, artículo 9
JOSEP PLA EN MOVIMIENTO
Por Antonio Gálvez Alcaide.
Publicado en el diario ABC, el día 3 de octubre de 1998.
Confieso que todavía me zarandea un extraño temblor. El cortísimo primer plano del maestro se me ha pegado a la retina como un manchón de decadencia taciturna. Por fin he logrado contemplar, en cinta de vídeo a la venta, la valiosa entrevista que Joaquín Soler Serrano le hizo a Josep Pla en 1976. El impacto ha sido minuto a minuto, hasta el final, culminante, sin gradaciones. Uno estaba convencido de que jamás escucharía el acento catalán del maestro –un acento muy cerrado, como de plataforma hermética–, que nunca mediría las hechuras de sus movimientos, y de repente me veo abrazando su imagen decrépita con una incontenible flojera de quijadas. Háganse cargo. Si nos dijeran que se ha descubierto una película polvorienta, con Valle-Inclán en movimiento y sus ceceos en sarta, se abrirían muchas bocas.
El ajado pellejo del maestro, cinco años antes de su muerte, es total. Lo que se distingue en un cortísimo primer plano no se aprecia en fotografías. Hay viejos y viejos. A Picasso, por ejemplo, físicamente se le veía joven. A Josep Pla no. Pla es un viejo de hueso duro cristalizado y arruga firme, un viejo plenamente viejo, un viejo casi de tembleque y baba. Su lagrimeo constante, finamente amalgamado con el particular tonillo de sus palabras y el descomunal acierto de sus argumentaciones, pone, como él mismo diría, la carne de gallina.
La honestidad del maestro también abruma. Sus incisos de modestia, chispeantemente simpáticos, y como de tapadillo, permiten que tomemos aire. Sus incisos son del tipo “no sé si esto le puede interesar”, “perdone, quite usted esto y todo lo que le venga en gana”, “yo no sé nada de nada, ¿no lo ve usted, hombre?”, “usted lo conoce mucho mejor, todo eso”. Pla responde sobre casi todos los temas. Soler Serrano lo desnuda con bastante tino, con absoluta sencillez, hasta lo anima, ya en la conclusión, a que se incruste la boina. (A medida que transcurría la cinta, la oronda faz de Soler Serrano me inquietaba. La emparentaba con alguien que se me resistía al vislumbre. Esos carrillos de globo, cuyos muelles estirados se prolongaban en los párpados, evocaban una identidad que no sabía descifrar y que el maestro, muy pronto, me descubrió durante uno de sus incisos de modestia, cuando afirmó: “Usted tiene mucha más experiencia que yo. Si parece usted, carajo, un emperador romano, el general Galba”).
No sé precisar exactamente el motivo. El aceite del cerebro del maestro me lo imagino sin cesar en persistente borboteo. Su prosa es la de un observador nato. Pla es un observador minucioso, inigualable, una rareza. En la cinta lo podemos ver reconociendo que, frente a la literatura de imaginación, él siempre ha hecho literatura de observación. Es tan observador que sabe lo que vale un peine. Por eso escribe: “La lengua es tan difícil, tan dura, tan tiesa, de un manejo tan rígido, tan llena de dificultades, que todo el mundo escribe como puede… ¡y gracias!”. Evidentemente, sigue siendo así. Incluso tenemos escritores consagrados que parecen plumíferos, de bajo relieve, debido a su continua manía de soslayar la dolorosa doma de la lengua. No se puede evitar: los sudores son agrios, mojan y hieden.
Sigo en las mismas, con el extraño temblor. El cortísimo primer plano del maestro se me ha pegado a la retina como un manchón de decadencia taciturna, muy amarga. Ya me ha marcado la imagen en movimiento de Josep Pla, con esa colilla ensalivada que no le tira y la desagradable constatación, según sus propias palabras, de haber sido para la vida un hombre totalmente infeliz. El maestro nunca consiguió atenuar su obsesión por la escritura. Su claridad mental y sus ordenados principios lo llevaron al aislamiento, al desengaño más estridente y puramente ácido. Josep Pla es LITERATURA, con mayúsculas. Ya no queda gente así.





































José Sans dijo…
Dando vueltas por la “blogosfera” he llegado a su diario.
Me ha gustado mucho su artículo sobre Pla del cual también soy admirador.
Fue un maestro en el género “diarístico”.
procurare seguir visitando este diario.
Un saludo
José
viernes, octubre 21, 2005 9:51:00 PM