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EL PASEO DE LOS CARACOLES, una cita de cada página, en ABIERTO

Ya en Toledo

Martes, 21 de Julio de 2009 Dejar un comentario Ir a comentarios

Facultad de Derecho de Toledo, en la antigua iglesia de San Pedro Mártir

En menos de media hora en Toledo. Un autobús hasta la plaza Zocodover. Por el camino, todo muy peñascoso, con unos recuestos muy empinados. Peñas sobre peñas. Parecen costillas fuera de sitio. En una Oficina de Turismo me dan el imprescindible plano de la ciudad. Nunca he visto a tanto turista enarbolando el plano de la ciudad que visitan. Es que hay muchísimas callejuelas. Aquello de los patos mareados. Mi informante de la Oficina de Turismo deja abierto el plano sobre el mostrador. Cuánta historia. Mi informante tiene un bolígrafo y pone cuatro cruces en el plano, cuatro cruces de tinta verde. Me señala la Casa-Museo del Greco, que está cerrada por reformas. Y lo mismo ocurre con las otras cruces: el Alcázar, el Museo de Arte Contemporáneo y la Iglesia de San Marcos.

—Pero los cuadros del Museo del Greco los puedes ver aquí detrás, en el Convento de Santa Fe.
—Ah, muy bien.

Voy en busca de mi alojamiento. Muchos deseos de descargar mi equipaje. El aire quema. Las sombras queman. Subo por la calle del Comercio. La mochila en un hombro. La maleta, que tiene ruedas, firme bajo la mano. Calles con adoquines. Toc-toc-toc. Calles con cantos rodados. Troc-troc-troc. Subo. Subo por la calle del Hombre de Palo (vaya nombre, algún infeliz que se quedaría de palo por h o por b). Subo. Subo por la calle de la Trinidad. Subo. Y subo por el pronunciadísimo callejón de Jesús y María. Subo. Tirando del rodar de la maleta. Cuidando de que no se me escurra la mochila. Y en la cima me encuentro con la Facultad de Derecho, que es la antigua iglesia de San Pedro Mártir, con fachada de ladrillo árabe y mosaico de cosillas simétricas, donde posiblemente se encuentra la sepultura del gran Garcilaso de la Vega. Ahora toca una leve bajada a la izquierda, en la calle Alfonso XII, el sitio en que se ubica mi alojamiento, del mismo nombre.

—La llave de la habitación 24.
—Esto es una segunda planta. ¿Llega bien la Wi-Fi?
—Sí.

En mi habitación abro la ventana de par en par. Así tendrá que estar toda la semana. Pongo en orden el equipaje calentón. Recuerdo que por el camino he visto un trozo de la Catedral, y que salía a relucir en un azulejo Vicente Blasco Ibáñez, el autor del excelente cuento Guapeza valenciana. La literatura.

Salgo. Casi la hora de comer. Tan sólo aspiro a una vuelta de reconocimiento. Sin el equipaje a cuestas me siento evanescente. Incluso dan ganas de reírse de la quemazón del aire.

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