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EL PASEO DE LOS CARACOLES, una cita de cada página, en ABIERTO

Obra de El Greco

Miércoles, 22 de Julio de 2009 Dejar un comentario Ir a comentarios

En el convento de Santa FeLa obra de El Greco en el Convento de Santa Fe, la obra que se ha trasladado desde la Casa-Museo de El Greco, cerrada por reformas desde 2006, una obra que se expondrá en México desde el próximo mes de agosto. Por poco no pillo los cuadros del maestro. Me acerco a la fachada del convento. Sobre su friso, un relieve. Un jinete, blandiendo su espada, arrolla con su caballo a un combatiente en desgracia, que, en el suelo, intenta guarecerse bajo su escudo, un escudo fuertemente atado a su brazo. La violencia.

Comienza el desfile de salas en penumbra. Los vigilantes dejan hacer fotos sin flas. Me encuentro con una fila larga de retratos de viejos, de hombres de mediana edad, la mayoría de ellos santos. Gusta ver a San Judas Tadeo, que te observa con un solo ojo, sujetando la alabarda que lo decapitó. La violencia. Tiene un rostro sugerente. Parece que te diga que no entiende lo que le pasó, que ya no entiende el porvenir. Me cuesta escribir. La oscuridad de la sala. Mis letras salen a tentones, pese a que las oriento hacia la escasa luz que se proyecta en los cuadros. Aparece San Simón, que lee un libro de cuatro o cinco kilos. Aquí no sale representado con la sierra que lo partió en dos. La violencia. El diablo de san BartoloméEl cuadro San Bartolomé. Mucho manto blanco sobre fondo ennegrecido. Su barba con algunas canas, buen detalle. Su mirada triste e interrogante. En su mano izquierda, la cadena que atrapa por el cuello al diablillo renegrido de ojos redondos y orejas afiladas, el demonio que el santo liberó de la hija del rey de Armenia. Su mano derecha sostiene, con la punta en alto, el cuchillo con que el santo fue desollado. Le quitaron la piel a tiras mientras le quedaba un soplo de resuello. La violencia. Delante de las Lágrimas de san Pedro. Tenemos a un san Pedro metido en una cueva, con la mirada en alto, tenso, las manos fuertemente cogidas, los ojos reverberantes. Está muy arrepentido de haber negado a Cristo tres veces seguidas. Las llaves del cielo y de la tierra le cuelgan de la muñeca izquierda. Aparece tan contrito, tan afectado el hombre barbado, tan viejo, que a uno se le pega su pesadumbre. Tras su hombro derecho irrumpe un ángel de luz, y una mujer que puede ser María Magdalena, con el objeto de anunciarle al santo que Cristo ya no está en su tumba, que ha resucitado. Camino. Hay una sala de cristal que ofrece estupendas vistas de la ciudad. El Tajo, desde este ángulo, parece correr más. En San Juan Evangelista y san Juan Bautista gusta el realismo del Bautista, su carácter de retiro eremita, de persona austera y solitaria. Cuatro pellejos de cabra cubren a un Bautista lleno de huesos y tendones. En La verónica estalla un velo con el rostro de Cristo impreso. Se refiere a la mujer que enjugó el sudor de Cristo camino del Calvario. Demasiado sereno se ve a Cristo aquí, con su remarcada corona de espinas y el drama que lo acometía. Parece como si nada le ocurriera. El agua de CristoEn uno de los cuadros que se titulan Crucificado, impresiona el detalle del madero de la cruz a los pies de Cristo. Por la madera se desliza un chorro de sangre que forma una chillona línea vertical. No sé, por ahora, qué representan cuatro fémures humanos y dos calaveras al pie de la cruz. En otro Crucificado, aparte de los chorros de sangre sobre el madero de la cruz, se descubre cómo sale despedido, a presión, el líquido acuoso que salió del costado de Cristo cuando el lanzazo que le clavaron. La violencia. Aquí, el paño que cubre las partes de Cristo es minúsculo, con lo que la desnudez casi íntegra del hombre torturado con saña acrecienta el dramatismo de su humillación.

Son interesantes también las fotografías de época sobre el Marqués de la Vega Inclán (apellidos de grandes escritores), el mecenas que en 1900 sacó del ostracismo la obra de El Greco, para bien del sentimiento, de la cultura, de la retina de la humanidad, ese complejo y laberíntico organismo.

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