Una noche toledana

No he hablado todavía sobre la noche toledana. Son las once y veinte de la noche en este momento. Veo a Garcilaso de la Vega, iluminado, y la casa de Santa Teresa, a cal y canto opaca, cerrada. Ambos presenciando la cháchara de una terraza de bar. Pocos comensales en el bar La perdición. Es agradable pasear por las callejuelas de Toledo por la noche, sobre todo si sabes por dónde caminas. Esos recuestos con las luciérnagas de las farolas, como parpadeos de luz. Parece que uno ronda el clima del sueño en plena calle, antes de acostarse. Me gusta mucho subir la cuesta y bajar la cuesta de la calle Jesús y María, estrechilla, siempre a solas, poderosa, doblada, onírica. Pocos caminantes por el centro de Toledo. Pocos por las terrazas. Pocos en la plaza Zocodover. La fuerza del repliegue, del retiro.




































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