En Esparraguera, hacia la derecha

Aparcamiento de Esparraguera, con la montaña de Montserrat al fondo

Y en ella mis ojos tirando hacia la derecha hasta vislumbrar, muy lejos, el río Llobregat, una pequeña curva inerte en el horizonte, como el descuidado manchón de un óleo. Y mis ojos tirando hacia la derecha hasta vislumbrar, muy lejos, la humilde ermita románica de Santa María del Puig. Y en ella mi mirada, como quien respira un manojo de siglos serenos, en un instante. Y mis ojos tirando hacia la derecha hasta contemplar la inmensidad de la montaña de Montserrat, esa prominencia de roca pulida y oronda, el alma de las mujeres, puesta en estampa sorprendente delante de la ciudad para impresionar, para que se evaporen los espíritus sensibles, para que las pequeñas pupilas se llenen de inmensidad, de admiración, de imaginación.

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2009-2010

Un paseo tenso

Embarazada

Todo era muy helado y oscuro. No se adivinaba ni la arena que pisaban.

Fragmento perteneciente al relato
titulado «El itinerario» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 52).

Conversación sesgada

Hablando por teléfono

—¿Un yanqui? ¿Corrobore? ¡Hijoputa! ¿Corrobore? ¡A mí me hablas bien!

Satán obtuvo como respuesta la desconexión de la línea, con esos pitidos tan ajenos y cortantes,

Fragmento perteneciente al relato
titulado «El itinerario» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 51).

La hemeroteca virtual de ABC

"Después del sueño", en el semanario dominical Blanco y Negro, del diario ABC

Ayer me enteré de la inauguración de una nueva página web, se llama hemeroteca.abc.es. Pues bien, o parece que han rehecho los ejemplares de ABC al libre albedrío de algún maniático, o parece que, por la cara, se han quitado de encima a infinidad de articulistas. Porque tanto yo, como otros muchos, muchísimos, no aparecemos. Diez artículos míos tiene el diario ABC. Y ninguno sale a relucir. Diez artículos en diez ejemplares de periódicos que guardo en el baúl de los recuerdos. De cuando me vi en la necesidad de colaborar con la prensa, como único medio de promoción literaria. Tenía dos libros publicados por aquel entonces. Qué tiempos. Menos mal que la promoción literaria de los escritores del siglo XXI ya no depende, en exclusividad, de las editoriales y de la prensa. Los escritores del siglo XXI dependen de sí mismos, exclusivamente de sí mismos en la mayor parte del porcentaje que existe. Internet como fuente de liberación. Ya he hablado de eso en Dietario en Red.

Vaya, vaya, menudo lío se ha hecho la hemeroteca de ABC para Internet. Sus ejemplares no son reales. Sus ejemplares están equivocados. No sé si con aviesa intención. En cambio, mis cuentos del semanario Blanco y Negro sí aparecen. Tanto «Después del sueño» (123) como «Anhelos y luces» (123) pueden leerse en la versión que les mandé. Como se sabe, ambas historias pertenecen al libro Cuentos agrios.

La hemeroteca de ABC para Internet. A través de ella, el lector curioso que me sigue podrá leer la primera edición de estos dos cuentos míos. Cosa que recomiendo, como es natural.

"Anhelos y luces", en el semanario dominical Blanco y Negro, del diario ABC

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2009-2010

Incertezas

Imagen del amor

La chica ignoraba que al que besaba en la boca y amaba, desde hacía dos meses, se le llamaba por mal nombre Satán.

Fragmento perteneciente al relato
titulado «El itinerario» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 50).

Desde la calma

Morera

La chica avisó. Sabía que cuando avisaba, obtenía resultados.

—No empieces con la lengua sucia.
—Bueno, vale.

Fragmento perteneciente al relato
titulado «El itinerario» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 49).

En la Plaza Cataluña, por la noche

Plaza Cataluña, Barcelona, por la noche

Me desmorono en el césped de la plaza Cataluña. Los ojos de la infancia me observan.

Fragmento perteneciente al relato
titulado «Sobre los escombros» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 45).

Furia helada

Robert de Niro en Taxi Driver

Cae la torre. Estoy muy excitado. Parezco un personaje de Tarantino.

Fragmento perteneciente al relato
titulado «Sobre los escombros» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 44).

Cruda realidad

Skins

Se ríen una y otra vez. Si saliera por patas me pillarían a los cinco pasos. Tengo la sensación de que todo me importa una mierda:

Fragmento perteneciente al relato
titulado «Sobre los escombros» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 43).

En una plaza nocturna de Barcelona

Plaza nocturna

El sueño llama a la puerta. El cine, el banco y la poca luz son unas compañías muy gratas.

Fragmento perteneciente al relato
titulado «Sobre los escombros» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 42).

Sin palabras

Sin palabras

Pienso que siempre camino sin hablar, que entro al cine sin hablar, que compro alimentos sin hablar, que las palabras

Fragmento perteneciente al relato
titulado «Sobre los escombros» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 41).

En el cine

Robert de Niro, en El cabo del miedo

Robert de Niro me ha hecho vibrar, como en los viejos tiempos. Se encienden las luces del cine. Este resplandor

Fragmento perteneciente al relato
titulado «Sobre los escombros» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 40).

Esparreguera, de refilón

Ermita de Santa María del Puig, en Esparraguera

Esparreguera es un pueblo, milenario, que produce buenas vibraciones. Sé que tiene una ermita románica; y un pequeño muro, como restos de un castillo medieval; y una iglesia forjada, entre los siglos XVI y XVII; y el río Llobregat, mi viejo conocido; y un torrente, con fama de traidor; y el perenne macizo de Montserrat, tan a la vista que se nota su aliento de hinojo, un macizo tan claramente delimitado y redondo que parece barriga de preñada. A lo mejor tengo tiempo de fijarme, con más precisión, en todos estos elementos.

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2009-2010

Convenciones sociales

Convenciones sociales

Escucho una frase. Cuando levanto los ojos, la muchedumbre de siempre camina con la misma cara de siempre, evitando mis ojos.

Fragmento perteneciente al relato
titulado «Sobre los escombros» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 39).

La «autoridad» en las aulas de Esperanza Aguirre

Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid (…)
Parece que la indisciplina en las aulas, el gamberrismo de las aulas, está calando en la política del país. Salta la noticia de que Esperanza Aguirre, la presidenta de la Comunidad de Madrid, desea inocular a los profesores de Primaria y Secundaria el titulillo de «autoridad», semejante a la etiqueta de policías, jueces, etc. Así que tanto la agresión física como psicológica de los alumnos, o de sus papás, a los profesores podría pagarse con una temporada en prisión. ¿Quién puede creerse tan gran disparate? (…).

Me levanto. Miro en el cúmulo de papeles viejos de clase. No me sonaba haberlas tirado a la basura. Descubro copia de faltas de conducta que yo mismo he puesto a lo largo de todo un curso. En total son 108. Poquísimas, puesto que tengo una paciencia endiablada, aparte de que el castigo no casa con mi carácter. Pero hay normas en los centros, que los alumnos conocen, y uno no puede quedarse inmóvil frente a tan espinoso tema. Tampoco es pedagógico. A continuación salvo, para mi memoria, todos los textos que conservo de puño y letra, ordenados cronológicamente y por cursos.
(…)
«No deja de jugar y alborotar con el compañero de atrás. Al ver que le ponía amonestación me ha dicho claramente: «tu puta madre». No lo he expulsado porque son las 13.25 h.».
(…)
«Ha dicho en voz alta y clara “hijoputa” a uno de sus compañeros. Al indicarle que lo expulsaba de clase, se ha puesto amenazante conmigo. Por otro lado, veo que este alumno se está tomando demasiadas libertades respecto a mí: al principio de esta misma clase, para llamarme, ha clavado su dedo, fuertemente, varias veces en mi hombro.».
(…)
Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2009-2010

Perdición

Camarón de la Isla

Escucho el cante de una radio que está por ahí, y me altera la figura de Camarón, su cante, el mejor regalo que podía ofrecerte en los cumpleaños.

Fragmento perteneciente al relato
titulado «Sobre los escombros» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 38).

Una escena de la ESO

Persona disfrazada de compresa usada

Recuerdo que en uno de aquellos grupos, en el borboteo de pupitres del final, hubo una nena que, (…).

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2009-2010

Recuerdos en la noche

El perdón

Una lágrima en mi cara. Ocurre las veces que me acuerdo de ti, chica.

Fragmento perteneciente al relato
titulado «Sobre los escombros» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 37).

Frialdad

Lágrimas que podrían corresponderse con este relato

Pasan los días como si nada. Constato, denostado por las mujeres y

Fragmento perteneciente al relato
titulado «El fragor de la sangre» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 34).

Dramática rutina

Lope de Vega

Todavía no he conseguido emular las gestas de Lope de Vega, poeta y sacerdote,

Fragmento perteneciente al relato
titulado «El fragor de la sangre» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 33).

Demasiado nivel

Rompecabezas

«¿Comprenden?». «No, profe, eso no mola». «Ya saben, el léxico que juega al escondite, a pillarse los bigotes, ¿comprenden?».

Fragmento perteneciente al relato
titulado «El fragor de la sangre» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 32).

Prosigue el poema de Quevedo

Un orinal

—El subapartado siguiente —digo— es el más largo. La pareja se desnuda y se produce un contacto sexual. ¡Tssss! Por favor, absténganse de murmullos. «El-pié-la-go-de-car-

Fragmento perteneciente al relato
titulado «El fragor de la sangre» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 31).

Naturalidad frente a lo innombrable

Pedro Salinas

Y de nuevo me acuerdo de ti, de tu Razón de amor, poeta Salinas:

Fragmento perteneciente al relato
titulado «El fragor de la sangre» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 30).

Un recuento. El Lazarillo

Portada del Lazarillo, edición de Medina del Campo

Ahora que se extingue el verano, ahora que se aproxima el ruido de las aulas, ese carrusel imprevisible, echo la vista atrás. Se evapora el verano, como una sonrisa acartonada, como una sonrisa de bella frescura que hechiza, como cualquier cosa que se apaga. Se retira del tapete el verano, el mayor periodo vacacional de los profesores. Y yo no he dejado de trabajar. Desde un punto de vista técnico, yo no he hecho vacaciones. Dicen que sarna con gusto no pica. Este es mi caso. Salvo unos días, durante la primera semana de julio, en que me dediqué a rascarme la barriga, no he dejado de escribir, de corregir, de escribir, de corregir, de escribir, de corregir, sin perdonar un solo día, como una máquina literaria. Sarna con gusto no pica.

Antes de concluir el examen de la segunda edición de Relatos del fuego sanguinario y un candor, me fui a Toledo. A escribir. Toledo. Allí siempre con mi libreta y mi bolígrafo, escribiendo en cualquier recoveco. Sobre un escalón. Sobre una piedra. Sobre unos hierbajos. Sobre mis pies, tieso como un palo. Sobre alguna nube de mullida inspiración. Jamás me detuve. Jamás me detengo. Mientras la gente pasa como si no existiera yo, como si no existiera ella misma. Hasta que se deja notar, con sus clavos, las menos de las veces. O con sus dedos de tulipán, las menos de las veces. Siempre escribiendo. Siempre corrigiendo. Sarna con gusto no pica.

Terminé la corrección de los relatos hispanoamericanos. Pero lejos quedó la interrupción del respiro. Pocos días antes ya me había adentrado, de cabeza, en la magistral joya del Lazarillo. Y me afané en trasladar su arcaico y engorroso texto al español actual. Toda una doma sintáctica. Toda una investigación sobre el sintagma inexistente hoy. Y ese léxico en desuso, o que hoy significa lo contrario. Menudo lío. Menudo desafío. Y qué inmenso placer. Tocar palabra a palabra, sin prisas, y hasta con cariño, la gran obra de Alfonso de Valdés, el autor del Lazarillo, oculto en el anonimato casi medio milenio, un autor cuyo rastro, en mi obra, aparece explícitamente en Como las víboras.

Sí, en efecto, voy a publicar una lectura adaptada del Lazarillo a los modos actuales del castellano. Para que los ojos hagan una lectura continua, sin que tengan que frenarse en las notas de a pie de página, si es que las hay. Para que se lea un texto tal como el gran Alfonso de Valdés lo hubiera escrito hoy. Sin que queden dudas. Cada folio del texto lo voy solucionando en una hora y media, más bien larga, con un resultado sorprendente. Qué gusto. Y sin escatimar consultas. Muchas. Muchas veces, en el meollo de los rigores de la larga canícula que hemos soportado, con el revés de la mano he tenido que enjugarme las pestañas, literalmente empapaditas de sudor. Sarna con gusto no pica. Qué gusto. El Lazarillo, átomo a átomo, cristalizado en mi maquinaria literaria.

—Bien está, Antonio. Gracias.
—Gracias a ti, Alfonso. Todo un honor, erasmista.

Prosigo. Voy por el folio 43. Ya quedan menos. El sol hoy no se cuece tan enojado. Las excavadoras de la calle descansan. Sarna con gusto no pica.

También con Ramón Gómez de la Serna

Ramón Gómez de la Serna

Don Ramón Gómez apura el tiempo y me dice, cachondo, que los negros tienen «el

Fragmento perteneciente al relato
titulado «El fragor de la sangre» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 29).

Sin vuelta atrás

Personas decapitadas

Sus ojos cansados, casi cerrados, se agrietan.

Fragmento perteneciente al relato
titulado «El fragor de la sangre» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 28).

Mal camino

Una metáfora del desprecio

La distingo. No puede ser. Me divisa con un gesto muy severo. Yo diría que me maldice. El hecho es evidente.

Fragmento perteneciente al relato
titulado «El fragor de la sangre» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 27).

Temible dialéctica

Bloques de pisos

Y ese pedacito de cielo ciudadano entre grandiosos bloques de pisos.

Fragmento perteneciente al relato
titulado «El fragor de la sangre» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 26).

Prólogo de Relatos del fuego sanguinario y un candor (2ª edición)

En Madrid, durante la entrega de premios al cuento Justinita la Idolatrada, que pertenece a Relatos del fuego sanguinario y un candor

PRÓLOGO

Cuando escribí mi primer cuento hispanoamericano, «Eduvigis Lindavista», hace exactamente veinte años, en agosto de 1989, no sabía que mi niña Eduvigis daría pie a todo un libro de contenido y forma, de paisajes y espíritu hispanoamericanos. Por aquel entonces, lejos quedaba la lengua española de América; muy remota, la vivísima respiración del paisaje hispano; completamente ajeno, aquel conjunto de países transoceánicos, con el brutal y miserable establecimiento de muchos de sus gobiernos, tanto del pasado como del presente. Lo único que me resultaba consustancial sobre aquel mundo era la capacidad de conexión con las almas de los personajes hispanos de mi propia inventiva, unas almas encerradas en unos marcos paralelos, reconocibles, de ciertas realidades hispanoamericanas. Así que a través de mis propios personajes, fui consciente de una sensibilidad muy profunda hacia lo que es y significa Hispanoamérica. Desde entonces me interesó su pasado, su presente, su futuro, casi tanto como la realidad de mi propio país. Ciertamente hay un lazo de unión entre Hispanoamérica y España.

Como digo, no pude sustraerme a la fuerza dramática de aquellas gentes, a la mole bestial de sus paisajes. Parecía que mi primer personaje hispano, la niña Eduvigis, una niña de siete años muerta «en olor de santidad», una niña santa, tiraba de mi mano con su poderosísima energía, que avivaba mi intuición narrativa, que transformaba mi tonalidad lingüística de español en tonalidad lingüística de americano, para la que no desdeñé muchos usos y registros andaluces. En aquel torrente de imaginación narrativa que cayó sobre mí, y que duró seis años, entre periodos de duermevela y agitación entusiasta, no estuve solo. La tradición literaria, con su impresionante fuerza, tiró de mí casi tanto como la niña Eduvigis. Hay tres nombres: Juan Rulfo, Gabriel García Márquez y Ramón María del Valle-Inclán. Aquí están los tres autores que me empujaron, que representaron por aquella época todo un sano y escalofriante pique de escritor. Para qué ocultarlo. Mi intención era igualar o superar la imponente obra literaria de los tres grandes maestros citados. No hay que reírse de mi atrevimiento. Uno era joven y tenía la potra siempre tiesa. Así que mi osadía hay que englobarla en ese contexto, en el de la inocencia que acarrea la juventud. Qué tres grandes escritores. Dentro del registro hispano, el más grande, y con mucha diferencia, es Juan Rulfo, que tuvo la forma, el fondo, la poesía, el coraje narrativo en la masa de la sangre.

Portada de Relatos del fuego sanguinario y un candor

Esta edición de Relatos del fuego sanguinario y un candor es la segunda. Se trata de una edición revisada, corregida y ampliada, como dirían los tratadistas. De sus diez historias, sólo dos fueron galardonadas con premios literarios. Y eso fue así porque con la ingenuidad de la juventud, los escritores mandan a concursar sus obras, por comprobar con cierto morbo qué hacen con ellas. Fueron premiados los relatos «Eduvigis Lindavista», con el I Premio Teruel de Relatos, en octubre de 1989, apenas dos meses después de su punto final, y «Justinita la Idolatrada», que fue Hucha de Plata en 1993, en el XXVIII Concurso de Cuentos Hucha de Oro. Relatos del fuego sanguinario y un candor. Ya está aquí su segunda edición. Cuántos años sin bucear, de nuevo, en aquellos ambientes de mi creación. He de confesar que cuando comencé a leer la primera de sus historias, para las galeradas, se me puso la piel de gallina con la descripción del nacimiento de la niña Eduvigis. Hay que ver lo que los escritores son capaces de escribir guiados por la ufana batuta de su juventud, por el sano veneno que te permite intentar emular los grandes logros de los mejores maestros.

Aquí estampo la segunda edición, veinte años justos después de finalizado su primer cuento, diez años después de que otro de mis personajes, Salvador Hurtado, el protagonista de la novela El solitario, viera en sueños a la niña santa, un asunto que me hizo pensar sobre si la niña Eduvigis, más que un cuento y el protagonismo esporádico en la saga de sus historias, podía merecer su propia novela. Todo un asunto que me abrumó, por el colosalismo de la ingente dificultad que conlleva. Bien es cierto que nunca se sabe lo que un escritor puede dar de sí. Pero a día de hoy, uno conoce perfectamente lo que la disponibilidad del tiempo concede, un tiempo que quema sus minutos, que los encrespa, un tiempo que me hace comprender la imposibilidad de superar, sobre la niña santa, lo que ya tengo escrito.

El Padró, Las Planas, 8 de agosto de 2009