Un caracol adolescente

Posiblemente, un caracol adolescente

En el patio de luz del bar Los Cordobeses se oye el resollar de dormilones ruidosos.

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 32).

Un resto de noche

Una madrugada

Poquito a poco, todo el gentío del Paseo se va evaporando como lo hace la madrugada.

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 31).

La rata Susana

Válida representación de la rata Susana

El bar Los Cordobeses está cerrado y en penumbra.

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 30).

Camino del descanso

Resplandor

Pepín llega a la punta del Paseo, la del muro del cementerio.

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 29).

La putilla Pachurra

Como dijo el poeta, se hace camino al andar

Un paso, otro paso, otro, otro, seguido de otro…

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 28).

La realidad

Una abstracción

Fernandín es consciente de que lo capta todo.

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 27).

Sobre una familia

Imagen de una familia

Llega al tercer piso, se sienta en el petate, delante de su puerta, y coge las llaves.

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 26).

Fernandín de Rodríguez

Un petate

Fernandín de Rodríguez tiene un nombre de artista, un nombre de guerra, un nombre de seudónimo: Fernandín de Rodríguez.

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 25).

Incógnitas y un punto de frío

FríoVaya semanita en el instituto. Toda la clase de 2º de Bachillerato en revoloteo, muy inquieta, por la inminente entrega de sus trabajos de investigación (Treballs de Recerca), que han de exponer los días 1 y 2 de febrero frente a un tribunal formado por tres profesores. Vaya Treball el de la alumna a quien he dirigido.

(…)

Vaya semanita. Todavía suena el trueno, aún se me cimbrean los pelillos del oído con el recuerdo del regreso al aula, esta mañana, de una alumna de 2º de Bachillerato, que es de las mayores, algo delgada, muy morena, con experiencia laboral. Continúa pasando el tiempo del día, esa rueda dentada, y sigue retumbando el recuerdo del regreso a clase de esta muchacha. Camino de su pupitre, tras cerrar la puerta, la muchacha insiste en soltar el latigazo realista de las siguientes palabras:

—¡Qué frío hace en el lavabo! ¡Se te queda el chocho helado!

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2009-2010

Una esquina triste

El paso del tiempo

Todos tenemos dificultades, eso es algo de lo que nadie se libra.

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 24).

1984

Una imagen del mundo

Cualquiera entiende las cosas que pasan en la vida.

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 23).

Con el morrazo

Un orangután

Se marcha del infierno caminando como un orangután

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 22).

Colgados

Deuda impagada

—¡Eh, colega, ábrete ya! —dice al hermano de Angelines.

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 21).

Ray Loriga, su gato remuerto

Un gato muertoEl alma en los pies. Acabo de conocer al gato remuerto del escritor Ray Loriga. Pobre gato remuerto, torpe y hazmerreír en la muerte, caricatura de lo que fue en vida. Desencajado su esqueleto sintáctico por una pluma cegata, el fantasma del gato remuerto de Ray Loriga acude a mí implorando, suplicando. Pretende que espante la estúpida alusión a su cadáver, deshonra de las letras patrias, pedrada en la frente. Si El dardo en la palabra, del maestro Lázaro Carreter, levantara la cabeza…

Resulta que Ray Loriga escribe hoy en el diario El País que se tropezó con «el cadáver de un gato muerto». Inmediatamente asoma tras mi ventana, debajo de un coche aparcado, la imagen de su opuesto: el cadáver de un gato vivo. Tuerto de un ojo, cargando sus lanas sucias, cojeando de una pata, se retira de mi vista en estado de postración resignada. Se retira tal como es: el cadáver de un gato vivo.

Todo sigue igual. No ocurre nada con un dardo en la palabra. Nada es más triste que antes. Nada es mejor que antes. Así que dejemos el cadáver de un gato muerto como símbolo de la brillante postración de la literatura española actual, siempre tan resignada, envarada, acartonada; siempre tan bien mandada, como hecha por encargo, fluyendo en los corsés requeridos.

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2009-2010

La joven Angelines

Fumándose un porro

Sale del terrado por culpa de un olor extraño que lo sofoca, un olor que llega arrasando del vecino ático.

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 20).

Conversaciones

La Avenida Diagonal, en Barcelona

Los niños no acuden a los velatorios, donde se hallan malas caras y conversaciones a contrapelo.

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 19).

Tortuoso camino

Una lágrima

A Marta, una lágrima se le escapa para reposar en una manga de su vestido de luto.

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 18).

La difunta Mercedes

Luces

Se distinguen, entre sus escasas corrientes, lucecitas milimétricas, unas lucecitas gallardas y encantadoras que forman el espíritu recién liberado de una joven mujer.

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 17).

El agonizante

Cuadro de una posible agonía

El techo del bar es el suelo del primer piso. En sus losas se apoya una cama, y en la cama, desde hace unas horas, agoniza un hombre.

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 16).

El poder de la mirada

Acto de barrer

Pepín maldice, al limpiar las miserias, todos los días.

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 15).