Ha fallecido José Saramago

Ahora, muy de mañana, acabo de enterarme de que ayer se murió el escritor portugués José Saramago. La última vez que lo vi, el hombre, en silla de ruedas, paseaba en los mismos huesos. Quedarse en los huesos, repentinamente, suele ser preludio de muerte. Se murió José Saramago, a los 87 años, provecta edad cuando se trata de un hombre; las mujeres, como es natural, duran más. Le concedieron el premio Nobel de Literatura a José Saramago. A mí me gustaba oírlo, con aquel empaque tan sereno, tan escéptico, tan de vuelta de casi todo. Y me gustaba verlo, por la concordancia de su rostro con las palabras que pronunciaba, un rostro tranquilo, de cansado escepticismo, tan de vuelta de la banalidad del mundo. También tuvo una mujer joven, otro obsequio del destino a su vejez. Su novela El evangelio según Jesucristo la leí hace once años. En la primera página blanca, tengo anotadas, a lápiz, las siguientes palabras: “Sabrosos detalles. Plasticidad. Imágenes. Un libro hermoso, de sensibilidad y fantasía. Pocas veces decae”. Se murió José Saramago. De muerto, en el ataúd, tiene las gafas puestas. Dicen que lo van a quemar. Y que dividirán sus cenizas en dos partes. Una, para aventarla en su pueblo; la otra, para que termine fundiéndose en el bravo y solitario mar de Lanzarote. Emotividad, de última hora, en un hombre bueno. Hay un ateo más en el cielo. Como diría Valle-Inclán, ironeia.

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2009-2010