Pasión discursiva

Desde que se rumoreó que Magdalena Huertas era descendiente de una niña santa, muertita y adorada en un país recóndito, los electores la escuchaban consternados y deslumbrados, como si presenciaran la propia imagen de Dios

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Memoria de la ciudad sin paz» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 79).

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