Interrogantes

Nadie, por lo menos en este pueblo, se merece la vida.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«La confesión» , del libro Cuentos agrios (pág. 32).

El quid de la cuestión

No lloro de miedo ni de pena. Ocurre que me escuecen los ojos de verle tan iluminado por las lámparas de esta rastrera iglesia.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«La confesión» , del libro Cuentos agrios (pág. 31).

Personalidad tipo

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Qué asquito dan. Y qué pronto les vi el plumero. El hombre es irascible, un hombre incapaz de sonreír, con un torbellino de oscuridad oculta. Es, con todo el contenido de su acritud, una mala sombra.  La mujer es picajosa, una mujer de mirada severa, que responde a la amabilidad con púas, una mujer de huesos eléctricos y pelo pintado. Ambos repercuten en mi vida como la mierda fugaz que, aplastada, siempre despreciada, se cruza en nuestro camino. Qué gran delicia es saber lo que son: una descomunal eventualidad, una mísera gota en el inmenso río de una vida.

Puro machismo

A lo mejor, si ahora entro en mi casa, hallo a mi maldita mujer de pie, desafiante, enérgica, movida por fuerzas divinas enfrentadas. Y me cose a puñaladas.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«La confesión» , del libro Cuentos agrios (pág. 30).

Delante de Jesucristo

La maté a traición, Señor, y si no hubiera conseguido matarla lo volvería a intentar.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«La confesión» , del libro Cuentos agrios (pág. 29).

Triste tensión

La muchacha, sola, se mecía casi imperturbable.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Después del sueño» , del libro Cuentos agrios (pág. 26).

Sin sus brazos

Atropello de personas

La hija se aferraba a su pecho, en posición vertical, y agradecía las tiernas palmaditas en la espalda que le ocasionarían un eructo.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Después del sueño» , del libro Cuentos agrios (pág. 25).

Súbito tormento

La muchacha pensaba que su corazón lloraba lágrimas de fuego

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Después del sueño» , del libro Cuentos agrios (pág. 24).

Boquiabierto frente a un vídeo

Gracias a la visita al blog de Horrach, redescubro un vídeo que recordaba muy vagamente.

Así que recibo las primeras horas de la noche del martes, con unas copas, como hipnotizado viendo el vídeo, escuchando a Enrique Morente, metido en el sentido de Federico García Lorca.  El vídeo lo hizo Víctor Sarabia, y está musicado, como digo, por Enrique Morente, que falleció hace bien poco (a su hija la escucho a menudo), y por Lagartija Nick, con letra, como digo, perteneciente a Federico García Lorca, al poema «Ciudad sin sueño», de Poeta en Nueva York.

Pensar y babear es posible:

El bebé en sus brazos

Bebé en brazos de su madre

El trepidante verano era menos verano en esos momentos.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Después del sueño» , del libro Cuentos agrios (pág. 23).