En Chamartín

—¡Sí, qué frío hace! Escúcheme, señor: yo voy a tomarme un café, a ver si así se me calientan los pies.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«La molondra de don Peliforte» , del libro Cuentos agrios (pág. 97).

En el tren

—Oiga, ¿su destino es morir?

Fragmento perteneciente al relato titulado
«La molondra de don Peliforte» , del libro Cuentos agrios (pág. 96).

Camino de Madrid

Su paso fue firme, cuando caminó por las aceras de escarcha; su voz se amansó serena, cuando compró su billete de metro que lo transportaba a la estación de Sants.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«La molondra de don Peliforte» , del libro Cuentos agrios (pág. 95).

Borrosas reflexiones

—Oiga, ¿usted sabe si a mí me queda corazón? Es que como hace tiempo dejé de oírlo…

Fragmento perteneciente al relato titulado
«La molondra de don Peliforte» , del libro Cuentos agrios (pág. 94).

Ya de mayor

—Dígame la verdad. Por qué me cuenta todo esto.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«La molondra de don Peliforte» , del libro Cuentos agrios (pág. 93).

Y encima, la nariz

cuando la turbamulta del infernal universo mundo se ve del color de las rosas y cobran vida los angelitos de un cielo siempre claro, agitando sus albinas alas de la gloria sobre las fantasiosas ideas de todos los niños de la Tierra.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«La molondra de don Peliforte» , del libro Cuentos agrios (pág. 92).

Sí, la cosa viene de antiguo

CORTESÍAS

Efectivamente, el libro está aquí:

¡Qué tiempos! ¡Qué bien lo pasamos!

Haciendo memoria

Mire usted, don Peliforte, nombre en obvia decadencia, se apellidaba de los Palotes y Cascanueces.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«La molondra de don Peliforte» , del libro Cuentos agrios (pág. 91).

Demasiadas emociones

En sus ojos se desplegaron los cabellos de su esposa, como si formaran parte de un telón que se cierra.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«El borracho» , del libro Cuentos agrios (pág. 87).

Pisando el suelo

El conductor gritó desesperado. A la mujer le crujieron varias costillas tras el último esfuerzo de la exasperación.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«El borracho» , del libro Cuentos agrios (pág. 86).

Gravísima impotencia

Juncos en un río

El conductor se hallaba a un metro de los matojos y de las hierbas tiernas, de los juncos y de las cañas recias.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«El borracho» , del libro Cuentos agrios (pág. 85).

La torpeza del alcohol

Tiraba de ella y no comprendía el motivo de que permaneciera empotrada en su asiento.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«El borracho» , del libro Cuentos agrios (pág. 84).

Un accidente de tráfico

Coche accidentado en un río

En la barranquera nada se inmutó cuando irrumpieron unos golpes estremecidos de chatarra y vidrios rotos

Fragmento perteneciente al relato titulado
«El borracho» , del libro Cuentos agrios (pág. 83).