En el monasterio románico de San Juan de Duero

Nota: Si pone el cursor en las fotografías, saldrá un globo con un pequeño comentario.

Nada más entrar te recibe su maravilloso claustro. El acceso a la iglesia espera a unos metros. Como se sabe bien, el claustro se presenta al aire libre, sin techumbre en sus márgenes, con lo que se acrecienta su aire de ruina legendaria y romántica, su aire de libre remolino. Como se sabe bien, las sepulturas que guardaron su tierra, caballeros sorianos en conflicto con foráneos caballeros templarios, le sirvieron al magnífico y desdichado Gustavo Adolfo Bécquer para escribir una leyenda que se titula «El monte de las ánimas», que es exactamente como se llama el paraje donde me encuentro. Creo ver, sobre la tierra del claustro, dos posibles rectángulos de sepulturas. Y me descubro en este mismo punto, de noche, siendo testigo de la descripción que hace Bécquer, en su leyenda, sobre la noche de Difuntos. Así que esta luz de Soria, siempre tan líquida y brillante, por unos instantes desaparece y veo a mis pies cómo salen de sus tumbas las almas de estos caballeros enfrentados, envueltas en los jirones de sus sudarios. Qué gran leyenda la de Bécquer, y qué poco homenaje de la ciudad estoy encontrando hacia este magnífico narrador y poeta.

Fragmento perteneciente a
SORIA
y a
DIETARIO EN RED 2011-2012

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