La calle Escudellers

Salvador vivía en Barcelona, en el número 57 de la calle Escudellers.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 15).

Triunfar

—Bueno, señora Juana, no se puede triunfar siempre en la vida.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 14).

El cerebro

Desde hacía seis meses, aquel hombre escuchaba un incansable trajín de aguas en su cerebro.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 13).

Desprecios y recuerdos

La vida de Salvador almacenaba muchos desprecios, muchos rostros ácidos. La cara rota de la única mujer con la que estuvo casado se le aparecía la mayoría de las noches de invierno. En cuanto se acostaba, apagaba la luz y cerraba los ojos, solía florecer en sus párpados la cara desparramada de su esposa, aquella tez amoratada sobre un bordillo, toda la cabellera rubia jaspeada de sangre rojísima, sin vida. Entonces encendía la luz, contenía la respiración y entrecortadamente exclamaba: «Otra noche más». Pasadas varias horas, se dormía bajo las resonancias indelebles del bordillo, de la calamitosa furgoneta que se desvió un segundo, de la murmuradora maraña de la Rambla.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 12).

El bestia

(…)

Oye, permíteme que te proponga hacer las reuniones de tutores en privado, no en la sala de profesores. El motivo es que siento vergüenza ajena. Ayer, por ejemplo, aparte de volver a pronunciar el verbo “estrés”, aparte de aludir por enésima vez a mi “rabo”, mencionaste la palabra “tensión”. Como comprenderás, esos asuntos no son algo que puedan interesarle a ningún profesor que esté por allí y, mucho menos, a ningún niño que pueda aparecer, como aparecen, por la sala de profesores. En privado (las reuniones se hacen en privado) puedes decirme lo que quieras o, como tú mismo dirías, puedes decirme “lo que te salga de la punta el rabo”. En privado no sentiría vergüenza ajena.
Ya me dirás algo a lo largo del día, o por e-mail.
Saludos.

(…)

Fragmento perteneciente al libro Dietario en Red 2011-2012

En los dientes de la noche

En los dientes de la noche es una historia de pesadilla. Su protagonista es una adolescente que padece de obesidad. No existe ningún tipo de compasión por ella dentro de la atmósfera inquietante y violenta en que se mueve. Pese a todo, la compasión es algo de lo que ella misma carece. En esta historia de tenso andamiaje vemos que el destino puede ser cruel con ciertas personas, unas personas que, por otro lado, no están exentas de crueldad, con lo que el pez se muerde la cola siempre hacia el abismo.

Mucha tristeza

La depresion

Desde que falleció su mujer, hacía siete años, se encontraba absolutamente espantado de la vida. Raro era el día que sus ojos se libraban del ahogo de las lágrimas. Pensaba de sí mismo que era un pobre hombre. Tenía la convicción de que se estaba convirtiendo en una verdadera piltrafa, entumecida por el miedo y la pestilencia de la derrota.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 11).

Noche triste

Las lágrimas, cuando cayó la noche, todavía fluían desde su senda agria.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Entre dos besos», del libro Cuentos agrios (pág. 128).

Hasta el final

Cosas del amor

—Que si me quieres.
—¡Que sí!

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Entre dos besos», del libro Cuentos agrios (pág. 127).

Doce campanadas de cálido carmesí

Doce campanadas de cálido carmesí es un relato de juventud. Recuerdo que, durante su escritura, mediaba mi veintena de años, estrenaba mi primera novia «oficial», o «formal», como diría mi anterior generación, y poco tiempo después el Ayuntamiento de Cornellá de Llobregat le otorgó a la narración el premio Sant Jordi. Quise tensión para Doce campanadas de cálido carmesí, y estilo: todo junto. Y me salió una historia que ahora sale por separado y en e-book, con portada de un modernísimo Ernst Stöhr, en una ilustración del año 1899.

Sin frenos

La estaba desnudando como antes nadie había hecho.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Entre dos besos», del libro Cuentos agrios (pág. 126).

En un permiso

Antigua etapa de la mili

Diecinueve años de edad se apilaban en las manos del buscador de joyas.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Entre dos besos», del libro Cuentos agrios (pág. 125).

Sucio Madrid

Vómito

El sol se pone amargo y no me abraza bien.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Aquella que fue», del libro Cuentos agrios (pág. 122).

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Aunque todavía no sé muy bien cómo funciona la cosa,
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