Orines y vivienda

Hombre orinando en plena calle

De nuevo se enclaustró en su vivienda, sobrecogido, tembloroso, cada día más pálido y huidizo.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 26).

Suciedad y cerveza

Salvador, en busca de su portal, tropezó con una botella de cerveza, un envase vacío de litro que rodó un par de metros sin quebrarse.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 25).

Matar, suicidarse

—Bien. Pasando. Oye, me he estado quedando con tu cara desde hace un rato. Y me parece que te gustaría matar a alguien.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 24).

Unas piernas

—Va, Salva, que me estás poniendo muy cachonda con ese carácter que tienes. Que parece que te haces de rogar, que estás de vuelta de todo. Mírame las piernas.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 23).

Un escote

Un escote

Salvador notó que una mano de mujer, en su barbilla, le levantaba la cara. Lo primero que descubrió fue un considerable escote, unos pechos de mayúscula fortaleza, de piel dorada y maravillosamente cálida.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 22).

Sábana Santa de Turín

Allí, junto al sillón, apareció un rostro con los ojos cerrados, una faz de tamaño natural, una tez barbada, rigurosamente exacta a la que todavía hoy se conserva en la llamada Sábana Santa de Turín.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 21).

Aire de mujer y empuje

—Me falta empuje. Todo se está poniendo muy feo —dijo entre dientes—. Me falta empuje. Estoy clavado.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 20).

Sobre la vida de Jesucristo

Ya lo tengo decidido, y en firme: voy a escribir sobre la vida de Jesucristo. Quien conoce mi narrativa, posiblemente espere, antes que otra cosa, transgresión; y casi al mismo nivel, un realismo descriptivo desorbitado, una fantasía soberbia, siempre sensible al plano poético. Por ahora únicamente puedo adelantar que sólo tengo la intención de la escritura sobre Jesús de Nazaret, que todavía no he decidido su registro lingüístico, que estoy releyendo el Nuevo Testamento, un Nuevo Testamento, el mío, completamente anotado a lápiz. Efectivamente, aquel Antonio de hace más de una década está ayudando al Antonio actual.

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El pronto invierno

Pronto se echaría encima el invierno, con sus largas noches heladas de confusión y escarcha

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 19).

Miedo en el Raval

Por muchos aplausos reales que sonaran a la vuelta de la esquina, las dentelladas del miedo se mantenían como salivajos prehistóricos.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 18).

Los reyes de España

Los Reyes de España salieron por las portezuelas de un largo coche. Saludaron y posaron durante un tiempo que a Salvador le pareció del color de las lámparas encendidas.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 17).

Aquellos vuelos de deseo

El cuento de Ranchito, y su impulso de deseo. Rememorados últimamente con ocasión de su salida en e-book. Por los tabiques de mi casa todavía resuenan los ecos tremendos del llanto de cierta vejez, junto a la alegría y vitalidad de una infancia con algunos flecos de mi realidad. Una vejez muy vieja, la del cuento, frente a una juventud inicial a la que el destino le corta las alas.

Pasaje del Reloj

Otra bifurcación notoria, aunque olvidada y silenciada desde 1864, es el Pasaje del Reloj.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 16).