Montblanc

Posiblemente, a estas alturas, alguno de ustedes habrá creído que Montblanc se me había quedado como acto fallido. No ha sido así, como puede verse. Ocurrió que, como saben, otras escrituras mías ocuparon mi tiempo. Al final, todo sigue su cauce literario normal.

Montblanc fue un viaje de finales de mayo. Supuso un buen aperitivo para el viaje que vendría después, Ávila. De todo lo que he visto hasta hoy, Montblanc y Ávila tienen los trazados medievales más parecidos.

En el blog de El País, hoy

Acabo de descubrir que Fernando García, en su blog del diario El País, Sin tinta, hoy mismo ha escrito el correo electrónico que le remití. Cita mi novela El Paseo de los Caracoles, enlazándola con Amazon, y también enlaza este mismo blog.

Gracias, Fernando, por tu cortesía.

Ávila

De todas las crónicas de viajes que he escrito, Ávila es la que más trabajo me ha costado. Su narración nunca se terminaba. Así un día, y otro, hasta tal extremo que tuve que tomar una decisión extrema, dadas las cercanías de mi vuelta a las clases. Y esa decisión no ha sido otra que la de enclaustrarme en casa y no salir a la calle para nada. Para nada, en el sentido literal de la palabra.

Así es, he estado encerrado en casa, durante una semana exacta, sin salir, siquiera, a comprar el pan (sabiendo cómo me las gasto, ya me avituallé con antelación).

Ávila es la crónica de viajes más extensa que me ha salido hasta la fecha. He de decir también que jamás he hecho tantos kilómetros a pie en una misma ciudad. Y que no me he dejado nada en el tintero.

En colaboración con Francisco de Quevedo

Hoy estoy teniendo un día muy completito en lo literario. Hoy es un día de esos muy especiales para los escritores. Hoy he empezado una nueva novela. Toda una novela muy particular, ya que la estoy escribiendo en colaboración con Francisco de Quevedo.

A ver si va a ser verdad aquello de que los libros son una conversación con los difuntos. ¿Pero quién dice que Quevedo está muerto? Yo, desde luego, no. Estoy echando con él unos tientos literarios de los más placenteros, tan placenteros que me recuerdan a los tiempos de Paz Vega López, mi niña Paz (¡ay, corazón, qué hondo me tuviste!).

Confieso que es la primera vez que estoy escribiendo dos novelas al mismo tiempo (la otra es la de Jesucristo). ¡Qué gran polaridad entre ambas novelas en construcción! Desde sus mismos títulos se refleja:

LA VERDADERA HISTORIA DE JESUCRISTO
EL BUSCÓN Y LAS BUSCONAS

Literariamente hablando, estoy teniendo un verano de los más fructíferos.