Nueva sonrisa

Cariño

A Salvador le brotó, por segunda vez a lo largo del día, una sonrisa ancha, sin ataduras.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 106).

La lluvia de Barcelona

—¿Y quién eres tú para que la lluvia te haga caso? —preguntó Magdalena con un inconfundible tono de incredulidad, matizado por un hilo de incipiente divertimento.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 105).

Como ositos de peluche

Ositos de peluche

Las risas y los juegos giraron por toda la vivienda como ositos de peluche ensalzados, apretados.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 104).

Un bendito

Pensó que a un bendito se le debía todo el respeto posible, que no se le podía gritar ni de lejos ni de cerca, ni desde la distancia del váter.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 103).

Aquel escote

Un escote

Como a la muchacha se le quedó holgado, un instante, el escote de su jersey de lana, a Salvador no se le pasó por alto el esponjoso canalillo de sus pechos cálidos, abrazados a unos sostenes blancos.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 102).

Un cigarrillo

Repleta y saciada, la muchacha encendió un cigarrillo. Tras una primera y profunda calada, tuvo el descuido de expulsar el humo en línea recta.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 101).

Aquel rostro barbado

rostro_jesusAscendió la mirada de Magdalena y descubrió, en el techo, el mismo rostro barbado, de exactas proporciones.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 100).