La Celestina, al completo, en castellano actual

Ya está. Fin de la “traducción” de La Celestina al español actual. Resulta tan grato como haberse transformado, y seguir transformado, en Fernando de Rojas, que sacó de su tintero una obra literaria genial. Efectivamente, literariamente, y a todos los efectos, yo, Antonio Gálvez Alcaide, soy también Fernando de Rojas. Es emocionante. Aquí tienen ustedes la prueba:

Portada del ebook La Celestina, al castellano actual, por Antonio Gálvez AlcaideDisponible en
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Novedad de diciembre de 2016:

LA CELESTINA también puede adquirirse en formato papel,
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LA CELESTINA es una adaptación al castellano moderno de la obra original de Fernando de Rojas, publicada en 1499, una adaptación realizada por el escritor barcelonés Antonio Gálvez Alcaide.

En LA CELESTINA encontramos todas las partes del texto perfectamente ordenadas, así como un vocabulario y una sintaxis con el rigor de la lengua española actual. A modo de sinopsis, sus partes son las siguientes:

En DEL AUTOR A UN AMIGO. PRÓLOGO aparece la intención de Fernando de Rojas a la hora de escribir esta obra, así como el prólogo a su segunda y definitiva edición, con el acróstico de su nombre y su lugar de procedencia. En DEL AUTOR A UN AMIGO. PRÓLOGO ya se aprecia la fina agudeza del autor. En el PRIMER ACTO aparecen los principales personajes de esta obra maestra. Pocas veces la literatura ha conseguido describir, con tanta exactitud, las pasiones humanas como se ven en este primer acto. Como son, entre otras, las aflicciones del amor apasionado no correspondido, desde la boca del señor Calisto; así como la terrible fama de la mujer, como herencia cultural clásica, que minuciosamente relata la boca del criado Sempronio. Desde este primer acto, resulta sorprendente la agudísima inteligencia de la vieja Celestina, cuya firmeza psicológica penetra, sin remedio, sobre cualquiera de sus interlocutores. El PRIMER ACTO es un completo y ferviente espectáculo, una lección literaria de primer orden. En el SEGUNDO ACTO entran en escena el enamorado Calisto y sus criados Sempronio y Pármeno, ambos con una opinión enfrentada respecto a la relación de dependencia que mantiene el amo con la vieja Celestina, que incluso ha sido emplumada. Ya empieza a quedar patente el egoísmo de Calisto. En el TERCER ACTO aparece un Sempronio completamente asustado por los planes que mantiene con la vieja Celestina, los de aprovecharse económicamente del amor de su amo Calisto. La espectacular energía de Celestina no se deja esperar, así como su finísima sensibilidad amorosa y lésbica, una energía capaz de conjurar al diablo y dejarlo en la mismísima palma de su mano, como así ocurre. En el CUARTO ACTO se produce el primer encuentro de la vieja alcahueta con la joven Melibea. Es admirable, literariamente, el retrato de la ira que posee a Melibea cuando la muchacha comprende el verdadero motivo de la irrupción de Celestina en su casa; así como el poder psicológico de la vieja frente a un carrusel de férreos insultos y desprecios hacia su persona. En el QUINTO ACTO se reconoce claramente la intervención del diablo en el asunto que la vieja alcahueta trae entre manos. También se aprecia lo avarienta y codiciosa que es la alcahueta, y el primer choque que, debido a ello, tiene con uno de sus socios. Es destacable lo vendido que está Calisto frente a la vieja, con una muestra más de su tortuosa impaciencia. En el SEXTO ACTO la vieja alcahueta se encuentra con Calisto, en su casa, para darle noticia de su primera entrevista con la amada Melibea. Le explica todo lo que ha podido sacar de ella, e incluso le muestra un cordón que ella llevaba ceñido a su cintura. Calisto, como no podía ser de otra manera, idolatra la prenda de vestir, de una forma tan exagerada y tan empalagosa que Celestina tiene que llamarlo al orden. En el SÉPTIMO ACTO la vieja alcahueta demuestra una vez más, sin el menor resquicio de dudas, cómo es capaz de manipular a los demás. Hace exactamente lo que su voluntad desea. Y lleva a su terreno, en este acto, su peligrosa propuesta al joven Pármeno, criado de Calisto. Y consigue sacar de la cama, para manipularla a su antojo, a la joven y bella Areúsa. El hecho de contemplar la inteligencia y la astucia, en su estado puro, siempre es un gozo para el lector. En el OCTAVO ACTO aparece ausente la vieja alcahueta, pero no así las consecuencias de sus manejos. De este modo, vemos cómo armonizan los dos criados de Calisto, en un principio enfrentados. Queda clara la conjuración de los criados contra su señor, bajo la firme batuta de la vieja bruja Celestina. Por otro lado, el lector vuelve a presenciar el hechizo que provoca el amor, al contemplar el carácter delirante de Calisto, convertido en una especie de piltrafa. En el NOVENO ACTO se reúnen como comensales Celestina, sus dos pupilas Areúsa y Elicia, y los criados de Calisto Sempronio y Pármeno. El constante y sorprendente “choque”de la obra vuelve a mantenerse asegurado. Así vemos la envidia de las dos jóvenes prostitutas sobre la belleza de la señora Melibea, en unas críticas con lenguas de doble filo; la violenta discusión de Elicia con su amado Sempronio; e incluso el acto sexual, a la mesa y a la vista de todos. En el DÉCIMO ACTO la joven señora Melibea cae, definitivamente, en las garras del amor “ilícito”, como puede comprobarse con el nuevo encuentro que tiene la joven con la alcahueta Celestina, a quien confiesa que ya ha perdido su mucha vergüenza. La joven Melibea llega incluso a mentir a su madre. El amor, o tal vez el hechizo de la vieja bruja, empieza a tomar claramente su asiento. En el UNDÉCIMO ACTO asistimos a la incredulidad de Calisto y al miedo de sus criados, Sempronio y Pármeno, cuando los tres reciben, de la vieja Celestina, ciertas noticias, unas noticias tan increíbles sobre la bella Melibea que provocan duda y espanto. Y ahí tenemos a la vieja Celestina, alisándolo todo a su antojo, y con una enorme cadena de oro en sus manos, como justa recompensa. En el DUODÉCIMO ACTO se produce el primer encuentro entre Calisto y Melibea, como producto del arreglo de la medianera, de la vieja Celestina. Es un encuentro de voces, ya que ambos no pueden verse debido a la interposición de la puerta de la casa de la joven enamorada. Asistimos a la hipocresía de los criados de Calisto, que, armados, dicen haber guardado las espaldas de su señor, cuando en realidad salieron corriendo ante el primer imprevisto. El duodécimo acto también es el acto del terrible final de Celestina, una mujer tan magnética, con tanta vida e inteligencia que la obra, ya desde los inicios del siglo XVI, pasa a titularse con el nombre de su personaje secundario, LA CELESTINA, quizá el personaje secundario más relevante de la literatura española. En el DECIMOTERCER ACTO la muerte es el tema dominante. Queda patente, a través de un realismo descarnado, cómo quedan los cuerpos muertos de la vieja Celestina y de sus asesinos, Pármeno y Sempronio, los criados de Calisto. También puede medirse la ceguera de Calisto, que, frente al lamentable drama que toca a su “honra”, insiste en continuar adelante con los objetivos hacia su amor Melibea. En el DECIMOCUARTO ACTO Calisto y Melibea se ven frente a frente, en persona, cosa que no había ocurrido desde la primera accidentada secuencia del huerto, cuando se conocieron. La pasión amorosa, entre ellos, traspasa sus límites. Todo se ha cumplido, y seguirá cumpliéndose. Nada frena a Calisto, ni siquiera la muerte cercana de sus criados en un caso en el que él está relacionado. A Calisto sólo le importa su amada. En el DECIMOQUINTO ACTO se desarrolla la intención, la trama de venganza de las muertes de Celestina, Pármeno y Sempronio. Parte de las primas, y prostitutas, Areúsa y Elicia, ambas amantes de los criados de Calisto. Este acto también es el acto del llanto, del desconsuelo. Elicia, que vivía con Celestina, a la que tenía por madre, le cuenta a su prima, con un tremendo realismo, las tres muertes. En el DECIMOSEXTO ACTO aparecen Pleberio y Alisa, los padres de Melibea. Conversan sobre el momento de casar a la joven, una conversación que escucha la hija. Siente tanta furia Melibea que manda a su criada Lucrecia que se acerque a ellos para interrumpirles la conversación. Aquí vemos que el carácter de Melibea es moderno, de nuestros días, así como la sinceridad de su amor. Melibea es, como diría cualquiera, una amante perfecta, una amante ideal. En el DECIMOSÉPTIMO ACTO la prostituta Elicia, con argumentos muy razonables, decide terminar con el luto y el dolor hacia Celestina, Pármeno y Sempronio. Por otro lado, es testigo de cómo su prima Areúsa maneja los secretos de Sosia, uno de los criados de Calisto. Sosia queda a la altura de los asnos. En el DECIMOCTAVO ACTO Elicia y Areúsa conversan con el rufián Centurio. Es destacable la descripción de las trifulcas callejeras de la época, repletas de violencia. La venganza sobre Calisto y Melibea queda apalabrada. En el DECIMONOVENO ACTO se produce el fatídico final de Calisto, en el instante de estar disfrutando con su amante Melibea, en el huerto, de un incansable amor. No son pequeños los dulces sentimientos demostrados, ni pequeño el dramatismo que conlleva la terrible desgracia, muy desnuda en un desgarrado realismo. En el VIGÉSIMO ACTO se produce uno de los mayores y más emocionados lamentos de la literatura española. Melibea, a falta de su amante muerto, lleva a cabo una arrebatada acción. Debido al crudo realismo de sus argumentos, a su gran inteligencia, a su mayúscula sensibilidad, se llega a comprender, y casi a abrazar, la terrible acción que ejecuta. En el VIGÉSIMO PRIMER ACTO aparece el padre de la joven Melibea desoladamente triste. Le muestra a su esposa el cuerpo hecho «pedazos» de la hija, en un sentido monólogo dirigido a la hija, puesto contra el mundo, contra sí mismo, contra el amor, plagado de interrogaciones retóricas, de verdades incontestables. Frente a todo lo expuesto, sólo queda la resignación. Y, como colofón, en CONCLUYE EL AUTOR se describe en octavas la intención moral del autor sobre la obra, así como unas anotaciones del impresor, Alonso de Proaza.

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