Los ampurdaneses

EmpordàEs el autor de una observación muy aguda sobre los ampurdaneses, de los cuales decía que tenemos una imaginación tan exuberante que confundimos las moscas con las águilas, lo que es cosa exactísima.
Personalmente, el señor Gisch era, claro es, a pesar del diagnóstico, como buen ampurdanés, un hombre de elevada temperatura imaginativa. De todos modos, hay un hecho que demuestra que fue también un hombre de un buen sentido muy grande.
Un día se le acercó el alguacil y con mucho misterio, hablándole al oído, le denunció que, en las afueras de la villa, en el molino de viento, había sorprendido a un hombre encima de una mujer, o a una mujer encima de un hombre, no lo recuerdo exactamente.
-¡No hagas caso…! -dijo rapidísimo y con un aire profundamente serio el señor Gish-. No tiene ninguna importancia y no hay más que hablar. Ya comprenderéis que pueden haberse caído el uno sobre el otro. En el mundo pasan cosas muy extrañas…
El ampurdanés es, quizás, el hombre más absolutamente entusiasta y elemental de Cataluña, siempre que el entusiasmo no deba durar mucho ni prolongarse demasiadas horas seguidas.

Fragmento perteneciente al diario de Josep Pla, El cuaderno gris (pág. 41).

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