A la muchachita le apuntaban sus cosas debajo del abrigo de algodón. Los zapatos los llevaba un poco deformados ya. Tenía los ojos claritos, verdicastaños y algo achinados. «Vengo de casa de mi hermana la casada». «Je, je… Su hermana la casada, ¿te acuerdas, Paco?».
Don Edmundo Páez Pacheco murió de unas viruelas, en Almería, el año del desastre.
La chica, mientras hablaba con Paco, le había sostenido la mirada.
Una mujer pide limosna con un niño en el brazo, envuelto en trapos, y una gitana gorda vende lotería. Algunas parejas de novios se aman en medio del frío, contra viento y marea, muy cogiditos del brazo, calentándose mano sobre mano.
Celestino, rodeado de cascos vacíos, en la trastienda de su bar, habla solo. Celestino habla solo, algunas veces. De mozo su madre le decía:
-¿Qué?
-Nada, estaba hablando solo.
-¡Ay, hijo, por Dios, que te vas a volver loco!
Fragmento perteneciente a la novela de Camilo José Cela, La colmena (pág. 77).
Escritos míos donde aparece Camilo José Cela: