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Eduvigis Lindavista, en iBookstore

EDUVIGIS LINDAVISTA, cuento perteneciente a Relatos del fuego sanguinario y un candor, disponible en iBookstore.

Ebook Eduvigis Lindavista, cuento perteneciente a Relatos del fuego sanguinario y un candor, en iBookstoreEDUVIGIS LINDAVISTA es un relato, la historia sobre cuyo personaje principal gira todo un libro de cuentos: RELATOS DEL FUEGO SANGUINARIO Y UN CANDOR. En EDUVIGIS LINDAVISTA se desarrollan los primeros años de vida de una niña santa que nació del pecado, la niña Eduvigis. Dejemos en palabras de su autor lo que representa este personaje en su trayectoria narrativa: «Parecía que mi primer personaje hispano, la niña Eduvigis, una niña de siete años muerta ‘en olor de santidad’, una niña santa, tiraba de mi mano con su poderosísima energía, que avivaba mi intuición narrativa, que transformaba mi tonalidad lingüística de español en tonalidad lingüística de americano, para la que no desdeñé muchos usos y registros andaluces».

EDUVIGIS LINDAVISTA
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Eduvigis Lindavista

Pese a la enorme cantidad de años de su creación -la niña Eduvigis me pilló con veinticinco años de edad-, hay un dato curioso: no ha disminuido nada la ternura que todavía hoy me inspira este personaje.

Ahora tenemos por separado, y en ebook, la santidad de la niña Eduvigis Lindavista.

El nacimiento de la niña Eduvigis

El cura de la aldea era verriondo y siempre gastaba sotana negra.

Fragmento perteneciente al relato
titulado «Eduvigis Lindavista» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 16).

Una niña perdida en el mar, en iBookstore

UNA NIÑA PERDIDA EN EL MAR, cuento perteneciente a Relatos del fuego sanguinario y un candor, disponible en iBookstore.

Ebook Una niña perdida en el mar, de Antonio Gálvez AlcaideUNA NIÑA PERDIDA EN EL MAR es la historia de una supervivencia milagrosa en una costa del Caribe. Valeria, de diez años de edad, se ve obligada a hacerse cargo del cuidado de dos niños menores que ella, sin saber que quien apareció como un náufrago, es Eduvigis Lindavista, una niña que había fallecido en olor de santidad hacía muchos años, una niña que, tras su muerte, aparece por primera vez en el mundo de los vivos, en cuerpo y alma, en la consecución de esta historia. Y lo hace de la forma más sencilla, como un huésped más en el triste alojamiento de las pasiones terrenales. UNA NIÑA PERDIDA EN EL MAR es un relato que pertenece al libro de cuentos titulado RELATOS DEL FUEGO SANGUINARIO Y UN CANDOR.

UNA NIÑA PERDIDA EN EL MAR
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Relatos del fuego sanguinario y un candor, en iBookstore

El ebook Relatos del fuego sanguinario y un candor, disponible en iBookstore. La próxima publicación en esta plataforma de Apple, vía iTunes, será la novela Como las víboras.

Ebook Relatos del fuego sanguinario y un candor, de Antonio Gálvez Alcaide, en iBookstore

Aquí tenemos RELATOS DEL FUEGO SANGUINARIO Y UN CANDOR, una edición revisada y ampliada respecto a la publicada en 1997, una edición definitiva.

En RELATOS DEL FUEGO SANGUINARIO Y UN CANDOR sus historias se sitúan en Hispanoamérica y giran en torno a Eduvigis Lindavista, una niña  muerta a los siete años «en olor de santidad».

La inocencia y la violencia se mezclan en una serie de personajes muy difíciles de olvidar. De este modo somos testigos del nacimiento de la niña santa en el primer relato, de su presumible estado de postración («Eduvigis Lindavista»); y del amor tremendo de la Ladina, que escarba una fosa por comprobar si en ella está enterrado su novio («El día aquel del cementerio»); y del  bandolero Zacarías, en su última correría («El indiano Zacarías»); y de la narración del señor Matrero, junto a lo que presencia en una loma («En un rincón oscuro»); y del penoso primer amor de Ranchito, con el terrible paso del tiempo de su abuela Belisa («Vuelos de deseo y grietas»); y del niño Lolo, que aspira pegamento para terminar relacionándose con unos sicarios («Primerizo en brasas»); y de Magdalena Huertas, la mujer que se presenta a la presidencia de su país sin entender su inmenso poder de convocatoria («Memoria de la ciudad sin paz»); y del  triste final del conquistador Gonzalo de Pineda, con su brutal paralelismo en el mulato Oswaldo, de La Habana («Noche de tropiezos y altivez»); y de la tremenda congoja de la señora Justina, a la que se le muere su bebé en los brazos para recoger un desenlace impensable («Justinita la Idolatrada»); y de los encuentros portentosos de Valeria, que ha de de cumplir como madraza a los diez años de edad («Una niña perdida en el mar»). Verdaderamente, unos relatos muy difíciles de olvidar.

RELATOS DEL FUEGO SANGUINARIO Y UN CANDOR
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Temblor de invierno

En Temblor de invierno, ahora en ebook, un cuento casi tan viejo como Eduvigis Lindavista, aparecen recuerdos infantiles personales de clase, con aquel «en silence s’il vous plaît«…

La niña, objeto de peregrinación

se separa de sus remordimientos, del tormento de sus carnes enfermas.

Fragmento perteneciente al relato
titulado «Eduvigis Lindavista» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 21).

Difícil trance

, una niña durmiente que no respiraba,

Fragmento perteneciente al relato
titulado «Eduvigis Lindavista» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 20).

Muerte y libertad

Halló un tiro limpio en la frente.

Fragmento perteneciente al relato
titulado «Eduvigis Lindavista» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 19).

Un levantamiento

La tenía sobre sus rodillas, la arrullaba en su pecho marchito, la mojaba de lágrimas

Fragmento perteneciente al relato
titulado «Eduvigis Lindavista» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 18).

Cautiverio

La niña Eduvigis creció con mimo y amor, como corresponde a una santa.

Fragmento perteneciente al relato
titulado «Eduvigis Lindavista» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 17).

En la Basílica

La niña Eduvigis Lindavista nació del pecado.

Fragmento perteneciente al relato
titulado «Eduvigis Lindavista» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 15).

Prólogo de Relatos del fuego sanguinario y un candor (2ª edición)

En Madrid, durante la entrega de premios al cuento Justinita la Idolatrada, que pertenece a Relatos del fuego sanguinario y un candor

PRÓLOGO

Cuando escribí mi primer cuento hispanoamericano, «Eduvigis Lindavista», hace exactamente veinte años, en agosto de 1989, no sabía que mi niña Eduvigis daría pie a todo un libro de contenido y forma, de paisajes y espíritu hispanoamericanos. Por aquel entonces, lejos quedaba la lengua española de América; muy remota, la vivísima respiración del paisaje hispano; completamente ajeno, aquel conjunto de países transoceánicos, con el brutal y miserable establecimiento de muchos de sus gobiernos, tanto del pasado como del presente. Lo único que me resultaba consustancial sobre aquel mundo era la capacidad de conexión con las almas de los personajes hispanos de mi propia inventiva, unas almas encerradas en unos marcos paralelos, reconocibles, de ciertas realidades hispanoamericanas. Así que a través de mis propios personajes, fui consciente de una sensibilidad muy profunda hacia lo que es y significa Hispanoamérica. Desde entonces me interesó su pasado, su presente, su futuro, casi tanto como la realidad de mi propio país. Ciertamente hay un lazo de unión entre Hispanoamérica y España.

Como digo, no pude sustraerme a la fuerza dramática de aquellas gentes, a la mole bestial de sus paisajes. Parecía que mi primer personaje hispano, la niña Eduvigis, una niña de siete años muerta «en olor de santidad», una niña santa, tiraba de mi mano con su poderosísima energía, que avivaba mi intuición narrativa, que transformaba mi tonalidad lingüística de español en tonalidad lingüística de americano, para la que no desdeñé muchos usos y registros andaluces. En aquel torrente de imaginación narrativa que cayó sobre mí, y que duró seis años, entre periodos de duermevela y agitación entusiasta, no estuve solo. La tradición literaria, con su impresionante fuerza, tiró de mí casi tanto como la niña Eduvigis. Hay tres nombres: Juan Rulfo, Gabriel García Márquez y Ramón María del Valle-Inclán. Aquí están los tres autores que me empujaron, que representaron por aquella época todo un sano y escalofriante pique de escritor. Para qué ocultarlo. Mi intención era igualar o superar la imponente obra literaria de los tres grandes maestros citados. No hay que reírse de mi atrevimiento. Uno era joven y tenía la potra siempre tiesa. Así que mi osadía hay que englobarla en ese contexto, en el de la inocencia que acarrea la juventud. Qué tres grandes escritores. Dentro del registro hispano, el más grande, y con mucha diferencia, es Juan Rulfo, que tuvo la forma, el fondo, la poesía, el coraje narrativo en la masa de la sangre.

Portada de Relatos del fuego sanguinario y un candor

Esta edición de Relatos del fuego sanguinario y un candor es la segunda. Se trata de una edición revisada, corregida y ampliada, como dirían los tratadistas. De sus diez historias, sólo dos fueron galardonadas con premios literarios. Y eso fue así porque con la ingenuidad de la juventud, los escritores mandan a concursar sus obras, por comprobar con cierto morbo qué hacen con ellas. Fueron premiados los relatos «Eduvigis Lindavista», con el I Premio Teruel de Relatos, en octubre de 1989, apenas dos meses después de su punto final, y «Justinita la Idolatrada», que fue Hucha de Plata en 1993, en el XXVIII Concurso de Cuentos Hucha de Oro. Relatos del fuego sanguinario y un candor. Ya está aquí su segunda edición. Cuántos años sin bucear, de nuevo, en aquellos ambientes de mi creación. He de confesar que cuando comencé a leer la primera de sus historias, para las galeradas, se me puso la piel de gallina con la descripción del nacimiento de la niña Eduvigis. Hay que ver lo que los escritores son capaces de escribir guiados por la ufana batuta de su juventud, por el sano veneno que te permite intentar emular los grandes logros de los mejores maestros.

Aquí estampo la segunda edición, veinte años justos después de finalizado su primer cuento, diez años después de que otro de mis personajes, Salvador Hurtado, el protagonista de la novela El solitario, viera en sueños a la niña santa, un asunto que me hizo pensar sobre si la niña Eduvigis, más que un cuento y el protagonismo esporádico en la saga de sus historias, podía merecer su propia novela. Todo un asunto que me abrumó, por el colosalismo de la ingente dificultad que conlleva. Bien es cierto que nunca se sabe lo que un escritor puede dar de sí. Pero a día de hoy, uno conoce perfectamente lo que la disponibilidad del tiempo concede, un tiempo que quema sus minutos, que los encrespa, un tiempo que me hace comprender la imposibilidad de superar, sobre la niña santa, lo que ya tengo escrito.

El Padró, Las Planas, 8 de agosto de 2009

Pasión discursiva

Desde que se rumoreó que Magdalena Huertas era descendiente de una niña santa, muertita y adorada en un país recóndito, los electores la escuchaban consternados y deslumbrados, como si presenciaran la propia imagen de Dios

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Memoria de la ciudad sin paz» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 79).