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EL PASEO DE LOS CARACOLES, una cita de cada página, en ABIERTO

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Archivo para la categoría ‘Artículos dominicales’

Ola de frío

Domingo, 10 de Enero de 2010 Sin comentarios

Una instantánea de la actual ola de frío polar en EspañaImparable ola de frío polar en España. El asco de tiritar en medio de la calle. Los calvos se cuidan la calva con gorros de lana, y se ríen del mundo. Nieve, hielo, aguanieve. Se ven hombres con pico y pala que adecentan sus propias aceras. El viejo que resbala y que, literalmente, rueda por la pendiente adoquinada; y que se levanta con malas pulgas, cagándose en Dios. El guipuzcoano con la nieve en el brillo de sus ojos, que resbala y se desnuca, sin decir ni pío, en la enésima muerte imprevista, inimaginable, estúpida, una de esas muertes que tanta rabia dan, que siempre les ocurre a otros. El guipuzcoano que muere con el brillo de la nieve en el último reflejo de sus ojos. Hielo, aguanieve, nieve. Y los pechos de las mujeres, más abrigados que nunca, más templados que nunca, con la reacción de sus efluvios, olor natural de tulipán. Y los carrillos de las mujeres, más colorados que nunca, más ardientes que nunca, con el anuncio sano de su vitalidad a flor de piel; con el anuncio, modesto, de que las mujeres están mejor construidas que los hombres. El tipo errante que deja de tiritar, en su rincón oscuro y olvidado, porque se queda tieso, porque se muere tieso, de frío polar. Tristeza solitaria. Una tristeza solitaria más, incontable, anónima. Los niños arrastrados por el trineo familiar, en plena plaza pública. Una alegría contable más, contrastable. Den ustedes una limosna de cariño. La ropa tendida que no se seca en los balcones, en los terrados, tras las ventanas de los barrios que tiemblan de frío polar. La ropa tendida, ondulante, crujiente de escarcha aterida, abrazándose, sin quejas, al frío hálito de la bóveda celestial. Aguanieve, nieve, hielo. Las frías noches de alcoba, y el hombre que busca el culo caliente de la mujer, ley de vida. La reproducción. Aumenta la gestación humana en las desacostumbradas noches de frío polar, según las antiguas estadísticas, que nunca fallan. El amor verdadero, en ferviente pugna por dejar de ser una entelequia. El amor. Den ustedes una limosna de cariño.

Texto perteneciente al libro titulado ARTÍCULOS DOMINICALES

Un mártir de nuestro tiempo

Domingo, 3 de Enero de 2010 Sin comentarios

Cristo crucificado, de san Juan de la Cruz (siglo XVI)Caricaturizó el dibujo de san Juan de la Cruz. Aquel en que aparece un Cristo crucificado con la cabeza gacha, mortecina, melenuda. Aquel del clavo enorme en la flamígera mano izquierda, que no se hunde en la carne hasta el cabezal, debido a su extrema longitud. Aquel Cristo crucificado con tres gotas gigantescas de sangre que salpican desde el antebrazo derecho. Aquel de carne nervuda y enteca, de piernas flexionadas sobre el madero, al que se le ciñe en la frente una cinta lisa más que una corona de espinas, por disminuir algo, a modo de piedad, el estremezón del ojo devoto. Caricaturizó el tristísimo dinamismo del cuerpo inerte del crucificado con el mismo acierto terrorífico de la estampa original, la del poeta místico del siglo XVI, del que todavía hoy se exponen, por diversas vitrinas de España, algunos de sus huesos mondos de santo, unos huesos amarillos como de pollo corredor. El caricaturista caricaturizó el logradísimo dibujo, y el periódico que le pagaba se lo publicó, con la abierta intención de la crítica mordaz hacia la oleada de acusaciones contra decenas de sacerdotes católicos del momento, unas acusaciones probadas de pederastia. Pocas semanas después, el caricaturista apareció en la redacción con la cara sembrada de cicatrices sequizas, algunas aún frescas, tantas cicatrices que parecía que le había estallado un barreno en la cabeza. Arrastraba el caricaturista un rostro tan desfigurado que gesticulaba y no se sabía que gesticulaba, que lograba reír y no se apreciaba que reía. Sí, el caricaturista pecaba de temperamento, de una rara vitalidad. Efectivamente, un fanático religioso, con la ayuda de una botella de vidrio quebrada, intentó arrancarle la piel a tiras al caricaturista, por haber dibujado en la entrepierna del Cristo doliente la nuca de un crío al que se le apreciaba claramente, en las cervicales, la figura de un hiperbólico glande humano, la violenta realidad de que al crío le atravesaba la garganta una demoledora barra de hierro como pene. Dijeron las estadísticas del propio diario que el 100 por 100 de los encuestados no había dado crédito a la veracidad de la noticia, dato que sirvió de alivio al conjunto de la población española que ya vivía la segunda década del siglo XXI.

Texto perteneciente al libro titulado ARTÍCULOS DOMINICALES

La dura polla de Tiger Woods, casado infiel

Domingo, 13 de Diciembre de 2009 Sin comentarios

Tiger Woods, mandando callar a sus críticos¡Ay, Tiger, campeón imbatible de golf, que me dicen que abandonas tu inquebrantable trono deportivo por la dolorosa presión del dedo acusador! ¡Ay, Tiger, Tiger, Tiger Woods, los machos de España te saludan! Y también te compadecen, por pillado en bragas. Ay, Dios, qué apuro. Los maravillosos coños que te has beneficiado se destapan en masa y te acusan de adulterio, negra espina por los siglos de los siglos en cualquier civilización donde miremos. El hijo de Afrodita te ha hecho bien la puñeta, Tiger; incluso el Dios judeo-cristiano, al hacernos a su imagen y semejanza y endilgarnos a una compañera para amarla, follarla y que nos busque las cosquillas, porque no es bueno que el hombre esté solo en casa, sin follar y cascándosela la mayor parte del tiempo, que es oro. La puta manzana de Eva y demás mitos en que la mujer aparece como segundona en la Historia, cuando es la que domina el mundo, ¿verdad, Tiger?, porque es la mujer quien maneja la cama a su antojo. Qué triste, Tiger. Tan pillado, tan casado y con hijos, tan ejemplo de la decencia y la perfección, se te ha quedado la pichilla arrugada como un higo. ¡Arriba esa polla brava, Tiger! La emperatriz romana Mesalina actuando con el seudónimo de LiciscaY que sigan disfrutando las mujeres de los hombres casados, esas mujeres más putas que las gallinas, como Mesalina, la esposa del emperador Claudio, otro coño más como tizón. ¡Levanta el ánimo, Tiger! Los machos de España te dan palmaditas en la espalda y te desean que siga la racha de las grandiosas folladas. Los machos de España hacen de tus genitales un monumento con cincelados millones de dólares en su pedestal. Porque el amor de los hombres tiene en sus genes esparcir su potra a cuanta teta se balancee, así como el amor de las mujeres tiene en sus genes la fidelidad a un único hombre. ¡Esas mujeres, Tiger, qué buenas están! ¡Ánimo, Tiger, que no decaiga el ánimo! ¡Y que ojalá sigamos, con muchísima salud, pensando con la polla!

Texto perteneciente al libro titulado ARTÍCULOS DOMINICALES

El agua de la Luna

Domingo, 15 de Noviembre de 2009 Sin comentarios

Se ha encontrado agua en la LunaEs un hecho confirmado: hay agua en la Luna, y en cantidades apreciables. Se trata de un agua helada que no ha recibido la luz del Sol en miles de millones de años. Así que tenemos un agua oscura, no aclarada ni limpiada por ningún amasijo de luz. Nos encontramos con un agua escuchimizada, presumiblemente enfermiza y en estado de bravos bloques de hielo. Se dice que este hielo podría usarse para obtener agua potable. Qué bien suena. Sobre todo porque desde pequeños nos enseñan que agua también significa vida. Un importantísimo asunto que no debería olvidarse.

A ver quién es el primero que bebe de la vida del agua lunar, esa agua estancada que no ha visto la luz del Sol en miles de millones de años. A ver quién es el primer valiente que confía en el sello de Agua Potable Lunar desde el punto de vista del Agua Potable Terrestre, esa agua familiar surgida en nuestra familiar naturaleza, analizada con nuestros familiares telescopios, siempre capaces de hallar puntitos movibles que parecen patitas alteradas, también conocidos como microorganismos.

La gente tan descreída como yo, tan imaginativa como yo —un asunto, el de la imaginación, incontrolable para bien y para mal—, no se apresurará a la ingesta del agua mineral de la Luna. No se encontrará entre este tipo de gente al primer arrojado. Ni al segundo. Ni al decimoquinto. Ni siquiera se encontrará tras la misteriosa cuarentena del primero. Porque el agua lunar sólo parece agua terrestre. Porque se desconoce el origen estancado del agua lunar (extraterrestre, terrestre, divino). Porque no está demostrada la efectividad de los telescopios frente a los listísimos, camuflados y endiablados microorganismos de satélites y planetas sin cielo azul. Así que el primer mártir que se beba un vaso de agua mineral de la Luna no se expondrá a sufrir una mutación que le transforme su cara en cara de lagarto, que le ponga unas piernas susceptibles de saltarse un bloque de pisos, que le ponga alas de abejorro inagotables, que le haga echar espumarajos de violencia increíble, como en las películas de  ciencia ficción, sino que se expondrá a que primero se vea en el espejo con unas ojeras demasiado negras, para dar paso a unos pasos postreros de inanición por cagarrinas intratables, poco antes de desembocar, hecho una estantigua de lo que fue, en la purificadora cremación.

Texto perteneciente al libro titulado ARTÍCULOS DOMINICALES

La mala suerte de Cervantes

Domingo, 8 de Noviembre de 2009 2 comentarios

Presumible retrato de CervantesDe nuevo el desgraciado espíritu de Miguel de Cervantes erizándose triste frente a mis ojos, en mi silenciosa madriguera, por las emigradas aulas de Bachillerato. Qué mala suerte tuvo Cervantes a lo largo de su vida. Qué gran ejemplo de resignación benigna. Qué gran horno crematorio su hígado, que convertía en cenizas la mala sangre de la vida. De nuevo el vivo fantasma de Cervantes bajo el colchón de mi cama, la tierna sonrisa de su punzante tristeza, su constante pleitesía a una pluma sin recompensa, a unas letras totalmente insertas en la negra sombra de su miserable vida sin suerte. La vida. La muerte. Una muerte. Un nacimiento. Murió el conquistador Hernán Cortés en 1547. Nació Miguel de Cervantes en 1547. El ciclo de las personas que dejan su nombre, como grabado a fuego, en la solitaria y estrecha senda de la posteridad. Cervantes, y su mala suerte como inmortal consejera. Cervantes, nada menos que en los tercios de Nápoles, con sus veintitantos años, con su mala suerte como negra sombra, como fiel compañera. La batalla naval de Lepanto contra los turcos, en 1571. Y Cervantes ardiendo en calentura, negándose a quedarse rebajado en la cámara de una galera. Salió a luchar como todos, en plan suicida, pero con la mala suerte de sus fiebres a cada paso. Un arcabuzazo le dio en el pecho; y otro, lo dejó manco, asuntos que ocurrían casi todos los días. Al poco se encontró con que su paga tuvo ese mes cuatro ducados más, dado su valor suicida. Sí, la acojonante suerte de Cervantes de nuevo frente a mis ojos, como una negra sombra que se repite cíclicamente trayéndome el fantasma del desgraciado escritor, para notarlo dormido debajo de mi cama. Qué mala suerte tuvo Cervantes. Josep Pla, ahí está otro humilde de espíritu, grande en letras, que vuelve para descerrajarme sus palabras sobre Cervantes, que vuelve para recordarme que se preguntaba por qué nadie habla de Cervantes como realmente fue, «un hombre muerto de hambre, de asco y de tristeza». Josep Pla, otro fantasma que a veces duerme debajo de mi cama. Cervantes. Su triste suerte. Le costó sudor y lágrimas hacerse con unas cartas de recomendación para su vuelta a España, como mutilado de guerra. Y cerca de Palamós, en la Costa Brava, a punto de emprender el camino de su tierra, unos piratas secuestran su galera y se lo llevan a Argel. Y en Argel estuvo cinco años. Qué pronto se dice. Con la negra suerte de su vida como fiel compañera. Con cuatro intentos de fuga, completamente acabezonado, sin escarmentar, como único responsable, sin importarle las réplicas de la tortura, las mazmorras aisladas y los cardenales de sus cadenas. Su madre —qué no hace una madre—, y los frailes trinitarios del convento de su localidad pagaron su rescate. Y llegó a España, con su negra suerte, con sus inclementes trabajos. Recaudó víveres para la Armada Invencible, de tan negra y salpicada suerte también. Y se puso a recaudar impuestos por esos pueblos de Dios. Y lo timó un comerciante, que desapareció con un tanto de lo recaudado. Así que Cervantes pisó la cárcel, donde gestó su Quijote, que nunca lo sacó de pobre ni le mudó su negra suerte. Se fue el hombre a donde iba la corte, por ver si gestionaba alguna paga. Y nada. Siempre con el triste sino de su vida. Batalla naval de LepantoTerminó la primera parte del Quijote en 1605, con tan sólo un libro publicado veinte años antes, una novela pastoril, de género, al uso de la época. Terminó  la primera parte del Quijote con cincuenta y ocho años de edad, y no encontró a ningún escritor reconocido, o persona eminente, que le escribiera unas letras, unos poemillas de elogio para el prólogo, siguiendo el uso de la época. Su mala suerte. Su mala fama como poeta. Ni siquiera el duque de Béjar, la persona a la que va dedicada la primera parte del Quijote, se enteró de la dedicatoria. La mala suerte de Cervantes. Se casó con una jovencita, y la cosa fue fatal, presumiblemente fría, sin hijos. No hay archivos. Pero a Cervantes le bailaron los pantalones, seguramente por poco tiempo y con pocas alegrías, y le puso los cuernos a un tabernero, a cuya mujer le creció la barriga y le nació una niña que el eterno y desgraciado escritor reconoció. Problemas. Y va Cervantes y atiende en su casa a un hombre al que le han dado una cuchillada y que se le muere allí mismo. Problemas. Y el éxito de la primera parte del Quijote, que rompía moldes, no lo saca de pobre, por las cosas de su negra suerte, con aquella delegación extranjera que quedó vivamente impresionada al comprobar la pobre vida del insigne autor del Quijote. Y eso que Cervantes contó con mecenas desde 1613, el conde de Lemos, migajas de pan y agua con saludo como sólido nutriente. Mierda. Y más mierda con la mierda de los parásitos como Avellaneda, el anónimo escritor del Quijote apócrifo, en 1614, dineros escamoteados y estúpidos insultos al bueno de Cervantes. Así que tenemos a un Cervantes, con sesenta y ocho años, poniéndole un punto final acelerado a su segunda parte del Quijote, en un libro que rompía el molde definitivo de la narrativa renacentista e inauguraba lo que se entiende hoy día por novela. Fue en 1615. Unos meses después, ya en 1616, la negra suerte de Cervantes alojó la agonía en su cuerpo. Y el pobre Cervantes, acordándose del mecenas aristócrata que le pagaba con mendrugos de pan y agua la manutención de su casa, le dedicó, como ya era costumbre, su nueva obra, su última novela entre manos, porque es de bien nacido ser agradecido. Así que tres días antes de morirse, aún con ánimo de servicio, le escribió al conde de Lemos, que se encontraba malucho, lo que sigue: «Ayer me dieron la extremaunción. El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan, y, con todo esto, llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir y quisiera yo ponerle coto hasta besar los pies de V. E., que podría ser fuese tanto el contento de ver a V. E. bueno en España, que me volviese a dar la vida». Cervantes. Escribiendo incluso agonizando. Con su ánimo de servicio. Escribiendo. Siempre escribiendo para nada, o para obtener puerca miseria como recompensa. Una cantilena que se repite entre los más grandes. El pez que se muerde la cola. Cervantes y su malísima suerte. Siempre poniéndole buena cara a la mala cara de su vida. El bueno de Cervantes. Ni siquiera se conoce el punto donde yace enterrado. Su mala suerte. Sus seis dientes desparejos, supervivientes, que apenas le servían. Igual que no le sirvieron los rotundos esfuerzos de su vida.

Texto perteneciente al libro titulado ARTÍCULOS DOMINICALES

Palabras irreverentes

Domingo, 1 de Noviembre de 2009 Sin comentarios

Códice Beato de Liébana (copia del siglo XIII) A ver quién se ha librado alguna vez del pretendido veneno de las palabras irreverentes. Nadie. Ni Dios desde su sagrada palabra indirecta en el Viejo Testamento, que tantos conocen. Ni Cristo desde su sagrada palabra indirecta en el Nuevo Testamento, que tantos conocen. Ni siquiera los santos, desde sus palabras volanderas, que por volanderas no tantos conocen. De ahí para abajo, la humanidad ha experimentado una especie de competición de irreverencias por ver quién la decía más gorda, sólo por comprobar quién la lanzaba más gorda que los santos, unos entes más cercanos y asequibles que Cristo y Dios. Acabo de indicar que ni siquiera los santos. Y que no tantos conocen las palabras volanderas, descarnadas, esputadas por los santos. Entonces recuerdo los puyazos que se lanzaron mutuamente san Beato de Liébana y san Elipando de Toledo, en el siglo VIII.

Resulta que se discutía sobre teología casi hasta llegar a las manos en el I Concilio de Toledo. Y que se cortaban con la mirada Elipando y Beato, que, indiscutiblemente, llevaban una vida ejemplar, una vida de futura santidad oficial. En unas de esas idas y venidas de carraspeos y de gargajo verde, el monje Beato, sudándosela que Elipando fuese arzobispo de Toledo, le dijo a Elipando que era el mismísimo «cojón del Anticristo». A lo que Elipando replicó con que Beato era un «borracho» y un «farsante». Según la óptica de nuestros días, seguro que ambos santos escupieron su violencia verbal por alguna chorradilla ya superada. Sin conocer la chispa que provocó tal intercambio de lengua ardiente, seguro que tuvo razón san Beato, el monje recoleto al que le sobraban los títulos. Y no sólo por la simpatía a que inclina su vida retirada y austera, sino porque su imagen visionaria «cojón del Anticristo» supera con creces a los tópicos términos de «borracho» y «farsante». No en vano, san Beato de Liébana conocía el registro literario de la lengua, se encerró a solas con los demonios de una pluma, le dio caña a ensartar palabras y escribió Comentario al Apocalipsis de San Juan, su famoso códice en el que a lo mejor no deja títere con cabeza, del que ya diré algo cuando lo lea, puesto que lo tengo entre mis lecturas escogidas.

Las palabras de contenido irreverente. Ellas. Cada vez menos impactantes en los receptores de hoy por casi tratarse de un lugar común, por escupirse casi desde la cuna. Pero siguen cumpliendo con su poder de destrucción psicológica, sobre todo si las pronuncia alguien que no suele, de tal modo que producen el efecto de que las palabras hacen más bulto que la persona.

Charles Bukowski tocándole el coño a su esposa, Linda Lee BeighleEn este momento de chupitos de whisky y de escritura corta, como me acuerdo a menudo de que están removiendo los huesos de Federico García Lorca, en su triste fosa de fusilado, por el asunto de las irreverencias llegan a mi memoria unos versos de Charles Bukowski, escritor yanqui, maldito y genial, en los que menciona a Lorca, el mayor poeta de la literatura española. Dicen así: «Villon fue un ladrón. / Lorca chupaba pollas. / T.S. Elliot trabajaba de cajero en una ventanilla, / la mayoría de los poetas son cisnes, / son garzas.».

¿Acabamos de percibir una irreverencia de contenido sexual? ¿O hemos de aferrarnos a la lógica con naturalidad, por la condición de homosexual del poeta granadino? Es sabido que la mayoría de los términos irreverentes se relacionan con el sexo. Aunque algunos, paradójicamente, quizá pueden favorecerte. Cuando en 2004 levanté el seudónimo de mi niña Paz, con Caliente, tras el tinglado que montó con su novela experimental en Internet, alguien dijo, muy desilusionado, que quien se escondía en el personaje de Paz Vega López resultó ser un tío pajero cuarentón con veinte centímetros de polla.

Las irreverencias que se muerden la cola.

Texto perteneciente al libro titulado ARTÍCULOS DOMINICALES

Sobre la narrativa actual

Domingo, 25 de Octubre de 2009 4 comentarios

Literatura¿Que opine sobre la narrativa actual? La respuesta es sencillísima. La narrativa actual es una mierda. La asepsia es el garabato dominante. Nada de infecciones. Todo edulcorado. Ninguna palabra por encima de otra. Todos los narradores iguales, como estúpidos calcos. Algunos de ellos con la potra de contar con una descaradísima operación de mercadotecnia. Todos dominados por el gran jefe, el gran matador, la gran criba, el gran manipulador cultural: las empresas editoriales, valga la redundancia.

Las empresas editoriales actuales tienen como consigna, para la narrativa, la desaparición del registro literario. Saben que la literatura se sustenta en un lenguaje connotado, que desprecian, por lo malsano de su presumible rentabilidad económica. Como creen que el lenguaje connotado va en contra de sus intereses, se lo han cargado. Lástima de los ilusos que tengan la esperanza de que cualquier empresa editorial saque hoy día, como novedad, a un Quevedo, a un Valle-Inclán, a un Juan Rulfo, a un Cela en sus primeros decenios. ¿Tan gruesa es la venda de estos ilusos que no les permite distinguir que la narrativa novedosa que ofrecen las empresas editoriales, desde hace unos cuarenta años, se inserta dentro del registro informativo de la lengua (el de los periódicos, el de los libros de texto), no dentro del registro literario? Las empresas editoriales actuales creen de antemano que los lectores, los compradores de sus productos, son gilipollas. Creen de antemano que los lectores actuales no pueden comprender, valorar y sensibilizarse con una novedad narrativa cercana a la altura de un Quevedo, de un Valle-Inclán, de un Juan Rulfo, de un Cela antes de caer en la chochez. Para eso ya están los libros de bolsillo de esos mismos escritores, ¿no? Pues a tomar por culo la evolución literaria de un país. Por lo menos en España, llevamos ya entre cuarenta o cincuenta años sin evolución literaria. Las empresas editoriales, con sus tabúes —posiblemente espejo de la mayoría de los tabúes de la sociedad a la que se dirigen—, tienen la culpa. Ninguna palabra por encima de otra en los narradores actuales. Todo en un registro informativo que no se despeina. Así que parece mentira que los narradores actuales conozcan empíricamente el dolor de una patada en la boca o en los huevos, o que sepa que el vecino de al lado ha hecho literalmente picadillo a su bebé, o que quepa la opción de cualquier cosa que necesite de una descripción meticulosa, literaria, que produzca sensualidad, sonrojo, alarma, pánico, asco en el lector. Todo aséptico. Nada connotado. Retraso literario de casi cincuenta años.

Pero toda opresión termina por encontrar su salida, como el agua. Cayó el nazismo. Cayó el comunismo. Y en términos literarios, la principal herramienta que sacará de la pobreza literaria a cualquier país se llama Internet, una herramienta que ha llegado, vaya casualidad, con el siglo XXI, una herramienta que utilizarán, exclusivamente, los principales talentos literarios de cualquier país, unas personas absolutamente liberadas de las empresas editoriales, siempre dictadoras de parámetros, porque ellos mismos serán persona y empresa, letras digitalizadas rabiosamente individuales, unos escritores con la constante de expandir a los cuatro vientos, a los miles de plumíferos, el valor de la individualidad literaria, el mensaje de que cada barco aguante su vela. Como ocurre en cada siglo, los narradores que perdurarán se cuantificarán como con cuentagotas. Pero saldrán, que es lo importante. Saldrán.

Texto perteneciente al libro titulado ARTÍCULOS DOMINICALES

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CARTA A LOS JÓVENES ESCRITORES

Sobre el amor a los esqueletos

Domingo, 18 de Octubre de 2009 Sin comentarios

Filippa Hamilton, en foto trucada con Photoshop por orden de su jefe Ralph Lauren, y despedida, según ella, por estar demasido gorda. Mide 1,75 metros y pesa 54,4 kilosMe vi viejo, canoso, escuchimizado por dentro y por fuera, flaco pero enterizo, gastando correa de feroz hebilla rectangular, como las que gasta Ralph Lauren, el famoso diseñador de moda al que encantan las modelos esqueléticas, como cantos de sirena. Me vi como amigo del viejo y canoso Ralph Lauren. Entonces Ralph me enseñó, de una tal Filippa Hamilton, modelo que trabajaba para él, unas fotografías trucadas con Photoshop. Juntos disfrutamos de la cintura imposible de Filippa, una cintura tan diminuta que podía caber entre nuestras manos, uniéndose los dedos yema con yema. Juntos gozamos de los huesudos brazos desnudos de la modelo, de su cadera sin curvas, de sus piernas como palillos de dientes. Juntos convenimos en que la modelo estaba un poco gorda, debido al atisbo de un pequeño lindero de viva carne crepuscular. Y juntos declaramos que nos importaba un cojón el peligro flotante de la anorexia. Al día siguiente Ralph despidió a Filippa. Por gorda. Y Ralph y yo nos reímos de que la modelo afirmara que había sido despedida por gorda. Sin saber cuánto tiempo transcurrió, de nuevo me volví a ver viejo, canoso, escuchimizado por dentro y por fuera, flaco pero enterizo al presenciar el tristísimo episodio de la agonía de una mujer desnutrida, anoréxica. Aunque parecía jovencísima, su rostro se presentaba tan comido por los huesos que no podía especificarse su edad. Era un rostro consumido, dominado por unos ojos grandes, llenos de luz, que me miraban. Estertores y grandes ojos sobre mis ojos. Sus brazos como alambres plateados fuera de las sábanas. Sus manos blancas de pellejo y huesos, sin venas verdosas, sin venas azuladas. Y sus grandes ojos sobre mis ojos con el último estertor. Fue tan grande el retumbo de mi corazón en el instante de la muerte que escapé de la pesadilla que acaba de sufrir. Aunque en el sueño no identifiqué a la chica que murió delante de mí, al encender la luz supe que presencié la muerte de mi propia hija. Desperté con las pestañas completamente mojadas, frías, erizadas de amor filial.

Texto perteneciente al libro titulado ARTÍCULOS DOMINICALES

Ricardo Costa, despedido por malo

Domingo, 11 de Octubre de 2009 Sin comentarios

Con los relojes a pares, ¿será uno de ellos el de lujo regalado?¡Que echan a Ricardo Costa! Aquel talle impecable de chulapón para mi pueblo, de lechuguino para el profesor de latín. ¡Que echan a Ricardo Costa! Su presunto tejemaneje corrupto de político corrupto todavía joven, fiestero, de habilidad fonética, perfumado de lujazos. ¡Que lo echan! Se nubla el cielo. Retumba el naranjal. Rueda la primera cabeza apreciable para el partido gobernante en España: Ricardo Costa, aquel guapetón del negociado y los negocios alfombrados. Que dicen que le regalaron un reloj que valía un pastón impronunciable por el favor de sus hilos en el manejo del poder. Que dicen que le dijeron que no se lo pusiera porque daría el cante. Y va él y se lo pone. Tan limpio por fuera. Tan perfumado. Tan trajeado. Tan chulo. El lupanar del dinero. Con el siguiente titular: el principal partido de la oposición en España cede su primera cabeza apreciable a la ciudadanía como primera prueba de escarmientos frente a la presunta corrupción política. Y con todo lo que está cayendo, va Ricardo Costa y le dice a su jefe que se va a disfrutar el puente de la Pilarica, o de la Hispanidad, caminando el camino de Santiago. Y aquí tenemos a un Ricardo Costa desaparecido durante el vendaval, con tan sólo unas palabras liminares que se emparentan a las que Santiago, patrón de España, habría pronunciado: «Confianza en mi persona y en mi gestión». Parece que Ricardo Costa tiene garras de león. Parece que Ricardo Costa posee aguijón de insecto nocivo para la salud. El poder vigente de quienes manejan marionetas. Ricardo Costa, observando en tienda el Infiniti que parece ser le regalaron por sus favores políticos o empresarialesEl lujazo de los perfumes caros. El dineral de los hombres que se arrodillan. Imágenes que asustan incluso a los que descerrajan tarros, colodrillos, cabezas pulcramente peinadas, y que les harán decir, el próximo martes, que aunque mandan su cabeza política al carajo lo hacen con plena confianza en su persona y en su gestión. La insoportable hipocresía del ser. Y a Ricardo Costa, con todo el ciclón, ahora lo tenemos caminando el camino de Santiago, patrón de España, apóstol de Cristo, santo entre los santos, también conocido como Matamoros. ¿Es cristiano practicante Ricardo Costa? ¿Rezará un paternoster frente al sepulcro de Santiago? ¿Le están saliendo callos en los pies a Ricardo Costa por caminar el camino de Santiago? ¿Son callos que flagelan los pecados veniales y mortales? La vida. La vida cristiana. La vida agnóstica. La vida atea. Con su mierda y sus flores. Que dicen que a Ricardo Costa le regalaron un cochazo de la hostia por el tejemaneje de sus hilos de alambre en el trato de favor político-empresarial desde su poltrona dorada, un cochazo que se llamaba Infíniti, y que ya no se llama así, porque no existe, porque lo dejó hecho pedazos en accidente de circulación, porque se lo cargó, como si fuera la máquina demasiada máquina para dominarla, para su persona, para su gestión, como si tuviera la máquina alguna ínfula o hálito de Dios Padre con ánimo de escarmentar a las presuntas ovejas descarriadas, perfumadas, bien peinadas, fiesteras, de fina inteligencia funambulesca. Y menos mal que Ricardo Costa no se mató. Ricardo Costa, tras el accidente con el coche presuntamente corrompidoMenudo año está teniendo Ricardo Costa. Quedó hecho un cristo tras el accidente. Pero flamante. Quedó como un monigote accidentado de los dibujos animados. Pero flamante. El lujazo. El perfume. El traje sin arrugas. La recta raya en el pelo. La ironía del destino. ¿Estará cumpliendo Ricardo Costa, en este momento, con el camino de Santiago, una promesa a Dios Nuestro Señor, por estar vivo, coleando, sonriendo? ¿Pero por qué camina ahora el camino de Santiago Ricardo Costa? ¿Es un cristiano arrepentido Ricardo Costa? ¿Hincará sus rodillas frente al santísimo Santiago? ¿Le agradecerá al santo patrón de España haberle concedido seguir con vida con el batacazo del cochazo de la hostia? ¿Le pedirá al santo que haga el milagro de que su oficiosa cabeza rodada quede en falsa alarma de la prensa malintencionada? ¿Seguirá en el cargo de secretario general y portavoz del PP valenciano Ricardo Costa el próximo martes, tras la reunión de su partido, por obra del apóstol Santiago? Nunca sabremos si Ricardo Costa le está pidiendo perdón por sus pecados al patrón de España. Lo que sí sabemos, por estar cantado y refregado, es que su cabeza política no la salva ni Dios, el primero en el escalafón, hacedor de santos, ángeles y arcángeles.

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