Hasta el final

Cosas del amor

—Que si me quieres.
—¡Que sí!

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Entre dos besos», del libro Cuentos agrios (pág. 127).

Doce campanadas de cálido carmesí

Doce campanadas de cálido carmesí es un relato de juventud. Recuerdo que, durante su escritura, mediaba mi veintena de años, estrenaba mi primera novia «oficial», o «formal», como diría mi anterior generación, y poco tiempo después el Ayuntamiento de Cornellá de Llobregat le otorgó a la narración el premio Sant Jordi. Quise tensión para Doce campanadas de cálido carmesí, y estilo: todo junto. Y me salió una historia que ahora sale por separado y en e-book, con portada de un modernísimo Ernst Stöhr, en una ilustración del año 1899.

Sin frenos

La estaba desnudando como antes nadie había hecho.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Entre dos besos», del libro Cuentos agrios (pág. 126).

En un permiso

Antigua etapa de la mili

Diecinueve años de edad se apilaban en las manos del buscador de joyas.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Entre dos besos», del libro Cuentos agrios (pág. 125).

Sucio Madrid

Vómito

El sol se pone amargo y no me abraza bien.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Aquella que fue», del libro Cuentos agrios (pág. 122).

Última hora

Mirada de frente

—Galleguiña —le pregunto al oído, en la inevitable parsimonia de los flipes—, ¿la has cagao?

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Aquella que fue», del libro Cuentos agrios (pág. 121).

Pinchazo de heroína

Inyección de heroína

Meto y saco, meto y saco, la jeringa sobre las venas y la heroína sobre la sangre.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Aquella que fue», del libro Cuentos agrios (pág. 120).

Sus mujeres

Periodontitis (piorrea)

—¡Galleguiña, tía!

Y viene la galleguiña.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Aquella que fue», del libro Cuentos agrios (pág. 119).

Sol, mar

Una gamba

Hay que ver, vaya solar más pisoteado de yonquis.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Aquella que fue», del libro Cuentos agrios (pág. 118).

Robos domésticos

Un monedero

Mi cabeza me pide que hable con mi cabeza, pero yo no sé muy bien si hoy me entiendo con ella. Qué, cabeza, ¿nos hallamos?

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Aquella que fue» , del libro Cuentos agrios (pág. 117).

Carámbanos

Carámbanos

La noche se endurecía entre los adornos de sus carámbanos. El niño observaba cómo se cuajaban los charcos.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Temblor de invierno» , del libro Cuentos agrios (pág. 113).

Noche y monte

Frío

Los antiguos amigos, después de la larga cacería del mochuelo, se olvidaron de lo que dejaban atrás, al borde del cementerio. Los carámbanos del cielo tiraron de ellos hacia lo calentico de sus casas.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Temblor de invierno» , del libro Cuentos agrios (pág. 112).

Crueldad infantil

Imagen de maltrato infantil

Más que nunca deseaba la soledad de su monte. Los niños se relamían en la picante y gustosa crueldad.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Temblor de invierno» , del libro Cuentos agrios (pág. 111).

Atrapado cerca del cementerio

Al niño endeble lo obligaron a caminar hasta las inmediaciones del cementerio.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Temblor de invierno» , del libro Cuentos agrios (pág. 110).

La soledad del desprecio

El niño Paquito escalaba el monte enarbolando su escopetilla de perdigones.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Temblor de invierno» , del libro Cuentos agrios (pág. 109).

Peleas de críos

Los guantazos llovían por todos los flancos.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Temblor de invierno» , del libro Cuentos agrios (pág. 108).

Un momento clave

—Tú lo que eres es una mosquita muerta, un miedoso —dijo una voz que se interrumpió en seco.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Temblor de invierno» , del libro Cuentos agrios (pág. 107).

Escena de la lagartija

—Qué va. Esa no viene hoy. ¿Quieres ver cómo le baila el rabo?

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Temblor de invierno» , del libro Cuentos agrios (pág. 106).

Travesuras bajo techo

—La profesora se tarda.
—Estará cagando.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Temblor de invierno» , del libro Cuentos agrios (pág. 105).

Magnífica puntería

—¿Te vienes a darles pedradas a los del barrio de la cuesta?

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Temblor de invierno» , del libro Cuentos agrios (pág. 104).

Un niño muy sensible

El niño pálido cazaba pajaritos con un atino de pasmo. Primero con tirachinas, y luego con escopeta de aire comprimido, los pillaba incluso al vuelo. Aunque el niño pálido se lo callaba, el niño birria de los huesecillos, el niño poquita cosa, el niño enclenque pensaba que eso ni el Robin Hood de las películas.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Temblor de invierno» , del libro Cuentos agrios (pág. 103).