Magnífica puntería

—¿Te vienes a darles pedradas a los del barrio de la cuesta?

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Temblor de invierno» , del libro Cuentos agrios (pág. 104).

Un niño muy sensible

El niño pálido cazaba pajaritos con un atino de pasmo. Primero con tirachinas, y luego con escopeta de aire comprimido, los pillaba incluso al vuelo. Aunque el niño pálido se lo callaba, el niño birria de los huesecillos, el niño poquita cosa, el niño enclenque pensaba que eso ni el Robin Hood de las películas.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Temblor de invierno» , del libro Cuentos agrios (pág. 103).

Aguas del Manzanares

El río Manzanares a su paso por el puente de Segovia, en Madrid

“Nunca te quise y hoy no va a ser menos”.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«La molondra de don Peliforte» , del libro Cuentos agrios (pág. 99).

Un triste objetivo

—Hablando de corazón… Mire, aquel de la bata blanca es uno de los médicos de este hospital. Que le dejo, y muchas gracias por todo. Que le voy a preguntar si me encuentra el corazón.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«La molondra de don Peliforte» , del libro Cuentos agrios (pág. 98).

En Chamartín

—¡Sí, qué frío hace! Escúcheme, señor: yo voy a tomarme un café, a ver si así se me calientan los pies.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«La molondra de don Peliforte» , del libro Cuentos agrios (pág. 97).

En el tren

—Oiga, ¿su destino es morir?

Fragmento perteneciente al relato titulado
«La molondra de don Peliforte» , del libro Cuentos agrios (pág. 96).

Camino de Madrid

Su paso fue firme, cuando caminó por las aceras de escarcha; su voz se amansó serena, cuando compró su billete de metro que lo transportaba a la estación de Sants.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«La molondra de don Peliforte» , del libro Cuentos agrios (pág. 95).

Borrosas reflexiones

—Oiga, ¿usted sabe si a mí me queda corazón? Es que como hace tiempo dejé de oírlo…

Fragmento perteneciente al relato titulado
«La molondra de don Peliforte» , del libro Cuentos agrios (pág. 94).

Ya de mayor

—Dígame la verdad. Por qué me cuenta todo esto.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«La molondra de don Peliforte» , del libro Cuentos agrios (pág. 93).

Y encima, la nariz

cuando la turbamulta del infernal universo mundo se ve del color de las rosas y cobran vida los angelitos de un cielo siempre claro, agitando sus albinas alas de la gloria sobre las fantasiosas ideas de todos los niños de la Tierra.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«La molondra de don Peliforte» , del libro Cuentos agrios (pág. 92).

Haciendo memoria

Mire usted, don Peliforte, nombre en obvia decadencia, se apellidaba de los Palotes y Cascanueces.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«La molondra de don Peliforte» , del libro Cuentos agrios (pág. 91).

Demasiadas emociones

En sus ojos se desplegaron los cabellos de su esposa, como si formaran parte de un telón que se cierra.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«El borracho» , del libro Cuentos agrios (pág. 87).

Pisando el suelo

El conductor gritó desesperado. A la mujer le crujieron varias costillas tras el último esfuerzo de la exasperación.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«El borracho» , del libro Cuentos agrios (pág. 86).

Gravísima impotencia

Juncos en un río

El conductor se hallaba a un metro de los matojos y de las hierbas tiernas, de los juncos y de las cañas recias.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«El borracho» , del libro Cuentos agrios (pág. 85).

La torpeza del alcohol

Tiraba de ella y no comprendía el motivo de que permaneciera empotrada en su asiento.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«El borracho» , del libro Cuentos agrios (pág. 84).

Un accidente de tráfico

Coche accidentado en un río

En la barranquera nada se inmutó cuando irrumpieron unos golpes estremecidos de chatarra y vidrios rotos

Fragmento perteneciente al relato titulado
«El borracho» , del libro Cuentos agrios (pág. 83).

Presencia eterna

Nunca cayeron en la cuenta de que yo poseo un corazón como todos, con su mala bestia agazapada.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Mataperros» , del libro Cuentos agrios (pág. 79).

La última discusión

Hubo una gran sorpresa. Los compañeros me redujeron. Y durante el forcejeo se escapó un tiro que me rasgó la cara.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Mataperros» , del libro Cuentos agrios (pág. 78).

Quedarse atónito

El día clave de mi vida lo afrontaba con una inenarrable calma y una lucidez sin precedentes.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Mataperros» , del libro Cuentos agrios (pág. 77).

Persecución y una luz

Una pistola (las carga el diablo)

Pero no, la tajante palabra continuaba resonando por aquella boca de abultados labios, debajo de aquella grasienta nariz pegada, como con sebo, a su obesa y peluda cara.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Mataperros» , del libro Cuentos agrios (pág. 76).