Una jornada laboral

Una mirada penetrante

Nuestras ocupaciones en el almacén consistían en descargar largos camiones repletos de cajas. Como es natural, yo casi siempre terminaba rezagado (el jefe se ponía a rabiar y

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Mataperros» , del libro Cuentos agrios (pág. 72).

Puntos vulnerables

Hipopótamo puede pintarse como un hombre excesivamente malvado, cejijunto, de prominente barriga, de abultados brazos, de malolientes y constantes sudores, de casi dos metros de altura.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Mataperros» , del libro Cuentos agrios (pág. 71).

Subestimarse

¿Seré una mala bestia, de esas que dicen estar desatadas? Es posible.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Mataperros» , del libro Cuentos agrios (pág. 70).

La vida en la tele

Frente a la televisión en la infancia

No ha sido así y cada uno de mis hermanos ha seguido el mal camino que predomina en nuestro barrio, que es marginal y despliega un gran índice de drogadicción y delincuencia, como alguna vez dicen los periódicos.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Mataperros» , del libro Cuentos agrios (pág. 69).

Haciendo memoria

Mi madre. Sólo recuerdo un fragmentario sonido de su voz. Una voz sin palabras.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Mataperros» , del libro Cuentos agrios (pág. 68).

Personas estrelladas

Señores de la Justicia:
Después de que en el estrado sólo lograra balbucear dos o tres palabras, debido a eso que llaman “impacto emotivo”, me dirijo a ustedes por escrito, como me dijeron, aunque no con poco esfuerzo y tras tachar mucho sobre mucho, ya que esto de la escritura debe de ser para sujetos más sensibles, para cerebros más despiertos que el mío.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Mataperros» , del libro Cuentos agrios (pág. 67).

Y se cumplió la ley natural

Yo no pienso nada, él no piensa nada. Yo no digo nada, él no dice nada.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Doce campanadas de cálido carmesí» , del libro Cuentos agrios (pág. 63).

Suenan doce campanadas

Recreación de una vampira

Él se sienta sobre mis piernas, pero gran parte de su cuerpo descansa en sus rodillas, que se clavan en los cojines. Él me deja las manos libres y con las suyas expande hacia atrás mi cabello.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Doce campanadas de cálido carmesí» , del libro Cuentos agrios (pág. 62).

Era verdad

Estoy convencida de que él, halagüeño y sádico, masoquista y dulce, es un vampiro que desea beberse mi gélida sangre.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Doce campanadas de cálido carmesí» , del libro Cuentos agrios (pág. 61).

Como en un juego perverso

Lóbulo de una oreja

Ahora todo el salón es de color negro, él es de color negro y las seis amenazas son de color negro.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Doce campanadas de cálido carmesí» , del libro Cuentos agrios (pág. 60).

Tema del vampiro

Yo intento patalear, golpear, escurrirme de aquella masa apisonadora. Y no me canso de repetirle, histérica, que me quiero marchar.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Doce campanadas de cálido carmesí» , del libro Cuentos agrios (pág. 59).

Sobre el sofá

Y él me dice, sonriendo como sólo los ángeles saben sonreír, con una voz afable y sosegada, que es que no es de este mundo.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Doce campanadas de cálido carmesí» , del libro Cuentos agrios (pág. 58).

Contra la pared

Este cuento obtuvo el premio Sant Jordi de Narrativa en 1989, otorgado por el Ayuntamiento de Cornellá de Llobregat, Barcelona.

El aliento de mi compañero huele a whisky barato. Mis labios aprisionan pequeñas porciones de la tensa piel de su cuello.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Doce campanadas de cálido carmesí» , del libro Cuentos agrios (pág. 57).

Una realidad triste

Noche de desvelo

Contraía la frente, apretaba las quijadas como si pretendiese llorar en voz baja.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«En los dientes de la noche» , del libro Cuentos agrios (pág. 54).

Pesadilla y realidad

—Llamaste a Dios. Vengo yo en su representación. No creo que te moleste.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«En los dientes de la noche» , del libro Cuentos agrios (pág. 53).

Cayendo en picado

La metamorfosis aglutinó todas las grasas de sus pesadillas.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«En los dientes de la noche» , del libro Cuentos agrios (pág. 52).

Filosofía y letras

Cantando en la ducha

Atrás dejaba el gimoteo de la última rata lapidada. Azul celeste era la ducha;

Fragmento perteneciente al relato titulado
«En los dientes de la noche» , del libro Cuentos agrios (pág. 51).

Singular diálogo

—No entiendo nada. Mi chica es un bombón en cuerpo y alma.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«En los dientes de la noche» , del libro Cuentos agrios (pág. 50).

Masa de comida

Su pijama era un mar de sudores y rugosidades, y el vientre le escocía como si le hubieran remachado unos espinosos alambres.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«En los dientes de la noche» , del libro Cuentos agrios (pág. 49).

Desde el otro mundo

Sus manos ardían de dolor, y sus pies, más lejos de lo normal, se achicharraban

Fragmento perteneciente al relato titulado
«En los dientes de la noche» , del libro Cuentos agrios (pág. 48).

Sueño y realidad

La adolescente obesa dormía de estremezón y briega, y su corazón, en el centro de la cama, bombeaba mucha sangre revuelta.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«En los dientes de la noche» , del libro Cuentos agrios (pág. 47).