Lo que ocurrió después

Siempre baja y descansa entre las flores mojadas, las mismas flores que nunca renuncian a llorar su rocío.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Anhelos y luces» , del libro Cuentos agrios (pág. 43).

El rostro de la muerte

La mañanica del doliente hospital carece del cántico de los pájaros.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Anhelos y luces» , del libro Cuentos agrios (pág. 42).

 

Durante el recreo

El niño Alfredo también ama a la niña Margarita. ¿Que por qué? Pues porque es la más guapa de la clase.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Anhelos y luces» , del libro Cuentos agrios (pág. 41).

La vuelta al cole

La niña Margarita piensa en los ojillos brilladores del niño Alfredo y se ruboriza.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Anhelos y luces» , del libro Cuentos agrios (pág. 40).

Un precioso colorín

Un colorín

El colorín Bigfredo, desde la alegría de sus aires, despierta cada mañanica a nuestra niña Margarita. Y cuando esto sucede, un haz de luz, delante de ella, traza los más caprichosos óleos, las más fantásticas y admirables pinturas.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Anhelos y luces» , del libro Cuentos agrios (pág. 39).

Entrega

Una familia sagrada

Todo se va a cumplir desde este preciso instante.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«La confesión» , del libro Cuentos agrios (pág. 36).

Como un ángel vengador

Un ángel vengador

Nunca me he arrodillado ni me he encogido de esta manera.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«La confesión» , del libro Cuentos agrios (pág. 35).

La descripción de los hechos

El caño a presión de su sangre manchaba mi ropa, y con diez o doce estocadas todavía forcejeaba.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«La confesión» , del libro Cuentos agrios (pág. 34).

La voz de Dios

Recuerda que eres de polvo y que por ello te escuecen los ojos y las manos heridas

Fragmento perteneciente al relato titulado
«La confesión» , del libro Cuentos agrios (pág. 33).

Interrogantes

Nadie, por lo menos en este pueblo, se merece la vida.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«La confesión» , del libro Cuentos agrios (pág. 32).

El quid de la cuestión

No lloro de miedo ni de pena. Ocurre que me escuecen los ojos de verle tan iluminado por las lámparas de esta rastrera iglesia.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«La confesión» , del libro Cuentos agrios (pág. 31).

Puro machismo

A lo mejor, si ahora entro en mi casa, hallo a mi maldita mujer de pie, desafiante, enérgica, movida por fuerzas divinas enfrentadas. Y me cose a puñaladas.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«La confesión» , del libro Cuentos agrios (pág. 30).

Delante de Jesucristo

La maté a traición, Señor, y si no hubiera conseguido matarla lo volvería a intentar.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«La confesión» , del libro Cuentos agrios (pág. 29).

Triste tensión

La muchacha, sola, se mecía casi imperturbable.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Después del sueño» , del libro Cuentos agrios (pág. 26).

Sin sus brazos

Atropello de personas

La hija se aferraba a su pecho, en posición vertical, y agradecía las tiernas palmaditas en la espalda que le ocasionarían un eructo.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Después del sueño» , del libro Cuentos agrios (pág. 25).

Súbito tormento

La muchacha pensaba que su corazón lloraba lágrimas de fuego

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Después del sueño» , del libro Cuentos agrios (pág. 24).

El bebé en sus brazos

Bebé en brazos de su madre

El trepidante verano era menos verano en esos momentos.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Después del sueño» , del libro Cuentos agrios (pág. 23).

Pensando en la lactancia

Las pestañas de férreo luto se condensaban en unas cuantas fracciones que concluían en una afilada punta.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Después del sueño» , del libro Cuentos agrios (pág. 22).

Por la mañana


Ella pensaba que era disminuida. Todas las mañanas, al abrir por primera vez sus ojos de luto, ella pensaba que era disminuida, disminuida psíquica o algo así, pero sólo un poco.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Después del sueño» , del libro Cuentos agrios (pág. 21).

Tremenda liberación

Parecía un lobo liberando su pata del cepo opresor, mortal.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Entre dos fuegos» , del libro Cuentos agrios (pág. 18).

Decisión acertada

Sospechaba que sus dedos guardaban las huellas de unos labios golpeados.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Entre dos fuegos» , del libro Cuentos agrios (pág. 17).