El bebé en sus brazos

Bebé en brazos de su madre

El trepidante verano era menos verano en esos momentos.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Después del sueño» , del libro Cuentos agrios (pág. 23).

Pensando en la lactancia

Las pestañas de férreo luto se condensaban en unas cuantas fracciones que concluían en una afilada punta.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Después del sueño» , del libro Cuentos agrios (pág. 22).

Por la mañana


Ella pensaba que era disminuida. Todas las mañanas, al abrir por primera vez sus ojos de luto, ella pensaba que era disminuida, disminuida psíquica o algo así, pero sólo un poco.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Después del sueño» , del libro Cuentos agrios (pág. 21).

Tremenda liberación

Parecía un lobo liberando su pata del cepo opresor, mortal.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Entre dos fuegos» , del libro Cuentos agrios (pág. 18).

Decisión acertada

Sospechaba que sus dedos guardaban las huellas de unos labios golpeados.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Entre dos fuegos» , del libro Cuentos agrios (pág. 17).

Viejos recuerdos

Los pocos que quedaban por la calle, a primera hora de la madrugada, evitaban la contemplación del hombre.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Entre dos fuegos» , del libro Cuentos agrios (pág. 16).

Palabras de amor, miedos

El hombre semejaba humo, una llama recién apagada.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Entre dos fuegos» , del libro Cuentos agrios (pág. 15).

Pensamientos y sensaciones

La novia, debajo de una sábana blanca, parecía un objeto más del mobiliario de la habitación.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Entre dos fuegos» , del libro Cuentos agrios (pág. 14).

Deambulando

Su pelo mojado se rizaba en las modulaciones del agua

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Entre dos fuegos» , del libro Cuentos agrios (pág. 13).

Tremendo silencio

Un tren a lo lejos

La novia, en la cama, inmóvil, miraba el techo blanco.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Entre dos fuegos» , del libro Cuentos agrios (pág. 12).

Gravísima equivocación

Dio un respingo, y también un codazo que se quebró en las costillas de la almohada. Pensó que la almohada se burló de su falta de puntería, y en el momento de abandonar la cama, totalmente enloquecido, le cruzó la cara a la novia silenciosa.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Entre dos fuegos» , del libro Cuentos agrios (pág. 11).