Fantasmas

Me levanto. Dejo la botella de cerveza en la arena. Me he quedado sin habla. Ella me lleva de la mano.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Calafell Playa» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 141).


Me levanto. Dejo la botella de cerveza en la arena. Me he quedado sin habla. Ella me lleva de la mano.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Calafell Playa» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 141).

Reconozco que me estoy acojonando. Las palabras de esta chica contienen ciertas inclinaciones sobrecogedoras.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Calafell Playa» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 140).

—¿Eres una sirena?
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Calafell Playa» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 139).

Me bajo la camiseta escandalosamente impregnada de sangre.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Calafell Playa» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 138).

—No tienes nada. Ven, vivo ahí delante. Voy a curarte.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Calafell Playa» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 137).

Encoge la barriga para que mi mano resbale sin dificultad.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Calafell Playa» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 136).

—¿Y qué ponían en la tele?
Me quedo como desencajado.
—¿Por la tele?
Me lo pienso y prosigo.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Calafell Playa» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 135).

—Estoy muy intrigada. ¿Es verdad que tienes treinta y tres años?
—Por supuesto. Nací a finales de 1963.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Calafell Playa» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 134).

—Me han dicho que escribes, que te han publicado un libro.
Yo no sé qué decir. ¿Quién es este chocho? ¿De dónde ha salido? Aparenta unos veinte años.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Calafell Playa» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 133).

Tengo un buen cebollón. Probablemente se me nota.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Calafell Playa» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 132).

El impulso del amor me empuja hacia la calle. No dejo de pensar en la morena de la calle.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Calafell Playa» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 131).

Una chica escandalosamente gorda. Me sorprendió que en menos de un minuto los dos se comieran la boca.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Calafell Playa» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 130).

Me estoy enamorando.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Calafell Playa» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 129).

La chica regala. Con el mentón alzado no le quito ojo.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Calafell Playa» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 128).

Mis amigos creyeron que lo iba a echar de casa a hostias.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Calafell Playa» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 127).

Hoy el horno de la noche está de nuestra parte. Lo sé. Aunque parezca que se confude.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Calafell Playa» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 126).

Cuando se baja los pantalones hasta las rodillas, una de las nenas se muestra insolidaria y abandona a su amiga cambiando de acera.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Calafell Playa» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 125).

Rebasa al nota un par de metros, echa el freno de mano, deja el coche en marcha, empuña una navaja de la guantera, deja su portezuela abierta de par en par y se dirige hacia el nota abriendo la navaja.
—¿Tú acabas de pedirme un cigarro?
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Calafell Playa» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 124).
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