Por vereda

vereda

—Di que sí. Qué bien les has leído la cartilla. Nos tienes que meter a todos por vereda.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 126).

Espíritus inmundos

Espíritus inmundos

¡Espíritus inmundos, que tenéis arterias de aguas fecales! ¡Hipócritas de mierda!

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 125).

Hipócritas de mierda

Salvador expandió su vista al aire que soplaba un metro por encima de las cabezas de aquella gente congregada. Y exclamó, con una cólera jamás frecuentada:

—¡Hipócritas de mierda, que ni vivís ni dejáis vivir! ¡Hipócritas de mierda, que hacéis un amigo y lo hundís dos veces más que vosotros! ¡Hipócritas de mierda, que pagáis cenas, que pagáis impuestos, que pagáis, que pagáis, que pagáis, que pagáis para que se os mire bien y no sois capaces de pagar buena fe! ¡Hipócritas de mierda, que decís te quiero a vuestras novias, a vuestros novios, a vuestros maridos, a vuestras mujeres, mil veces, dos mil veces, tres mil veces, cuatro mil veces, y luego los abandonáis sin compasión! ¡Hipócritas de mierda! ¡Pero qué hipócritas de mierda sois! ¡Que parecéis personas justas y por dentro estáis repletos de veneno! ¡Hipócritas de mierda! ¡Serpientes! ¡Raza de víboras!… De verdad —dijo algo más calmado—. De verdad, no sé cómo no os parte un rayo.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 124).

La Rambla como objetivo

rambla

—Salva, ¿adónde vas?
Comprobó cómo se detuvo en la Rambla y se sentó en la silla, entre la gente que iba y venía, velándolo o descubriéndolo.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 123).