Unas carcajadas

—¡Dale agua del Carmen! —expresa la tía de Andrés
Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 38).


—¡Dale agua del Carmen! —expresa la tía de Andrés
Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 38).
Imparable ola de frío polar en España. El asco de tiritar en medio de la calle. Los calvos se cuidan la calva con gorros de lana, y se ríen del mundo. Nieve, hielo, aguanieve. Se ven hombres con pico y pala que adecentan sus propias aceras. El viejo que resbala y que, literalmente, rueda por la pendiente adoquinada; y que se levanta con malas pulgas, cagándose en Dios. El guipuzcoano con la nieve en el brillo de sus ojos, que resbala y se desnuca, sin decir ni pío, en la enésima muerte imprevista, inimaginable, estúpida, una de esas muertes que tanta rabia dan, que siempre les ocurre a otros. El guipuzcoano que muere con el brillo de la nieve en el último reflejo de sus ojos. Hielo, aguanieve, nieve. Y los pechos de las mujeres, más abrigados que nunca, más templados que nunca, con la reacción de sus efluvios, olor natural de tulipán. Y los carrillos de las mujeres, más colorados que nunca, más ardientes que nunca, con el anuncio sano de su vitalidad a flor de piel; con el anuncio, modesto, de que las mujeres están mejor construidas que los hombres. El tipo errante que deja de tiritar, en su rincón oscuro y olvidado, porque se queda tieso, porque se muere tieso, de frío polar. Tristeza solitaria. Una tristeza solitaria más, incontable, anónima. Los niños arrastrados por el trineo familiar, en plena plaza pública. Una alegría contable más, contrastable. Den ustedes una limosna de cariño. La ropa tendida que no se seca en los balcones, en los terrados, tras las ventanas de los barrios que tiemblan de frío polar. La ropa tendida, ondulante, crujiente de escarcha aterida, abrazándose, sin quejas, al frío hálito de la bóveda celestial. Aguanieve, nieve, hielo. Las frías noches de alcoba, y el hombre que busca el culo caliente de la mujer, ley de vida. La reproducción. Aumenta la gestación humana en las desacostumbradas noches de frío polar, según las antiguas estadísticas, que nunca fallan. El amor verdadero, en ferviente pugna por dejar de ser una entelequia. El amor. Den ustedes una limosna de cariño.
Texto perteneciente al libro titulado ARTÍCULOS DOMINICALES

Cuando se baja los pantalones hasta las rodillas, una de las nenas se muestra insolidaria y abandona a su amiga cambiando de acera.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Calafell Playa» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 125).

Rebasa al nota un par de metros, echa el freno de mano, deja el coche en marcha, empuña una navaja de la guantera, deja su portezuela abierta de par en par y se dirige hacia el nota abriendo la navaja.
—¿Tú acabas de pedirme un cigarro?
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Calafell Playa» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 124).

—Dale agua al niño.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Cosa de tres» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 102).

—¡Ha dicho que se va a follar a su madre!
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Cosa de tres» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 98).

El bar y la calle combinaban una constante agitación de voces, de pasos sedientos.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Cosa de tres» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 95).

Los tres se reían de todo. Sin prisas, sin renunciar a la carcajada, ya con dolor de tripa,
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Cosa de tres» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 91).

Qué asco me dio pensar que otro cipote había hurgado por allí.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Síntomas» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 79).

A ver, a ver qué nuevas trae la Isa. A ver qué dice. A ver qué hace.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Síntomas» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 73).
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