Unos ojos al cielo

El primer sueño de Fernandín de Rodríguez aterriza feliz.
Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 42).


El primer sueño de Fernandín de Rodríguez aterriza feliz.
Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 42).

La garganta se le ha transformado en un armatoste de nudos.
Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 41).

En la alcoba de la madre huele a plantillas de zapato mezcladas con agua de colonia.
Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 40).

Tengo un buen cebollón. Probablemente se me nota.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Calafell Playa» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 132).

El impulso del amor me empuja hacia la calle. No dejo de pensar en la morena de la calle.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Calafell Playa» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 131).

Me estoy enamorando.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Calafell Playa» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 129).
¡Ay, Tiger, campeón imbatible de golf, que me dicen que abandonas tu inquebrantable trono deportivo por la dolorosa presión del dedo acusador! ¡Ay, Tiger, Tiger, Tiger Woods, los machos de España te saludan! Y también te compadecen, por pillado en bragas. Ay, Dios, qué apuro. Los maravillosos coños que te has beneficiado se destapan en masa y te acusan de adulterio, negra espina por los siglos de los siglos en cualquier civilización donde miremos. El hijo de Afrodita te ha hecho bien la puñeta, Tiger; incluso el Dios judeo-cristiano, al hacernos a su imagen y semejanza y endilgarnos a una compañera para amarla, follarla y que nos busque las cosquillas, porque no es bueno que el hombre esté solo en casa, sin follar y cascándosela la mayor parte del tiempo, que es oro. La puta manzana de Eva y demás mitos en que la mujer aparece como segundona en la Historia, cuando es la que domina el mundo, ¿verdad, Tiger?, porque es la mujer quien maneja la cama a su antojo. Qué triste, Tiger. Tan pillado, tan casado y con hijos, tan ejemplo de la decencia y la perfección, se te ha quedado la pichilla arrugada como un higo. ¡Arriba esa polla brava, Tiger!
Y que sigan disfrutando las mujeres de los hombres casados, esas mujeres más putas que las gallinas, como Mesalina, la esposa del emperador Claudio, otro coño más como tizón. ¡Levanta el ánimo, Tiger! Los machos de España te dan palmaditas en la espalda y te desean que siga la racha de las grandiosas folladas. Los machos de España hacen de tus genitales un monumento con cincelados millones de dólares en su pedestal. Porque el amor de los hombres tiene en sus genes esparcir su potra a cuanta teta se balancee, así como el amor de las mujeres tiene en sus genes la fidelidad a un único hombre. ¡Esas mujeres, Tiger, qué buenas están! ¡Ánimo, Tiger, que no decaiga el ánimo! ¡Y que ojalá sigamos, con muchísima salud, pensando con la polla!
Texto perteneciente al libro titulado ARTÍCULOS DOMINICALES

El bar y la calle combinaban una constante agitación de voces, de pasos sedientos.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Cosa de tres» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 95).
Estoy muy desconcertado. A lo mejor pido asistencia psicológica.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Síntomas» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 81).

A ver, a ver qué nuevas trae la Isa. A ver qué dice. A ver qué hace.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Síntomas» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 73).

Ella sonreía al fulano. Se notaba que se encontraba más a gusto que Dios. A veces le acariciaba una manita a la criatura. A mí, Juan, a mí me dieron ganas de cagar. Se me puso el cuerpo descompuesto. Me dio un miedo de dos pares de cojones.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Síntomas» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 72).

Cariño, ¿crees que las situaciones que plasman estas hojas las puede experimentar cualquiera?
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Síntomas» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 71).

La chica ignoraba que al que besaba en la boca y amaba, desde hacía dos meses, se le llamaba por mal nombre Satán.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «El itinerario» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 50).

Me desmorono en el césped de la plaza Cataluña. Los ojos de la infancia me observan.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Sobre los escombros» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 45).

Escucho el cante de una radio que está por ahí, y me altera la figura de Camarón, su cante, el mejor regalo que podía ofrecerte en los cumpleaños.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Sobre los escombros» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 38).

Una lágrima en mi cara. Ocurre las veces que me acuerdo de ti, chica.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Sobre los escombros» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 37).
Sus ojos cansados, casi cerrados, se agrietan.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «El fragor de la sangre» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 28).
Estoy en una punta del Alcázar de Toledo, sentado a la sombra que ofrece un escalón del Alcázar, por la calle que tira a Zocodover, la plaza principal de Toledo. Al terminar de escribir la palabra Toledo, levanto la vista y descubro que me rebasa una pareja. Al instante la pareja queda de espaldas. La chica es muy morena. Tiene un pantalón negro de fina tela estival. Tiene un bolso negro al hombro como el que había abandonado junto a mi taza de café con leche. Aunque veo a la chica de espaldas, todo apunta a que se trata de la morenaza del bar, la chica de inusual belleza que se esfumó como un hada. La pareja se aleja sin prisas. La pareja parece feliz. La chica agarra por la cadera al chico. Y el chico, con la palma de la mano, acaricia suavemente el redondeado culo de la chica, de la chica que parecía un hada. Una cosa está clara: las hadas también comen habichuelas con arroz, lentejas, potajes.
Digo que estoy en una punta del Alcázar de Toledo. Acabo de redescubrir la tienda en que compré las espadas Tizona y Colada, las espadas del Cid. Acabo de redescubrir el negro bronce de la mujer en camisón que, a dos manos, brinda su espada al cielo. La hoja de la espada, en este momento, proyecta su sombra sobre los ojos de la mujer. Excelente instante de mágica venda. El interior del Alcázar no puede visitarse, por obras. El interior del Alcázar ya lo visité hace años, en mi visita relámpago anterior. Fue lo único que visité con tiento. Aquello me pareció un monumento franquista a la heroica resistencia de unos pocos frente a la machaconería baldía de las tropas republicanas. Allí estaba muy fotografiado el general Moscardó, junto con Franco. No sé si la rehabilitación dejará algo de lo que yo vi.
Fotografío el río Tajo desde este punto del Alcázar. Parece que corren poco sus aguas. Su verdina habla de agua en descomposición, sin ese oxígeno que tanto gusta a los peces. El río Tajo, a su paso por esta vereda de risco pelado, de acantilado en la cuerda floja del desprendimiento, de aire que se ahoga a sí mismo, parece comprimido en una moribundia fantasmagórica.
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