Llanto…(66)

Acabo de ver llorar en la tele, a cara descubierta, a la reina de España, durante el transcurso del funeral de Estado por las víctimas de mi ciudad.
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Texto perteneciente a la novela titulada CALIENTE (pág. 73).


Acabo de ver llorar en la tele, a cara descubierta, a la reina de España, durante el transcurso del funeral de Estado por las víctimas de mi ciudad.
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Texto perteneciente a la novela titulada CALIENTE (pág. 73).

Elevaba hoy la vista al cielo y empecé a ponerme nerviosa. Entre sus frías costras me imaginé las almas mutiladas de 201 personas que vagaban por esas alturas sin saber todavía que estaban muertas. 201 personas residentes en Madrid, de todas las edades, asesinadas, con lágrimas.
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Texto perteneciente a la novela titulada CALIENTE (pág. 62).

Aunque la gente de la fácul se comporta ya como si no hubiera ocurrido nada extraño en Madrid, yo no dejo de pensar en la tabla de multiplicar. Cada muerto en el atentado puede tener, tal vez, unos cinco o seis familiares directos.
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Texto perteneciente a la novela titulada CALIENTE (pág. 60).

Se me han saltado las lágrimas. Han pasado por la tele, una a una, las fotos de muchas de las personas asesinadas el día 11. Ahora un hombre de mediana edad, ahora una mujer de aspecto hispanoamericano, ahora una chica de mi edad, ahora un chico de mi edad…
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Texto perteneciente a la novela titulada CALIENTE (pág. 59).

Mal. Aunque nadie de los que conozco se ha visto afectado, sigo mal. Yo creía que el atentado carnicero del jueves sólo iba a influirme en poseer un susto provisional, una tristeza esporádica por los muertos, un denso alivio de estar viva. Pero no. Cuando el viernes por la noche me llamaron los kolegas para salir por ahí, les dije que no. Ayer, sábado, estuve todo el día en pijama, con mi prima, aquí en casa.
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Texto perteneciente a la novela titulada CALIENTE (pág. 58).


Atentado de ETA en mi ciudad. Clima de guerra. No hace ni dos horas. En la estación de Atocha. Hoy es 11 de marzo, 11 de marzo, 11 de marzo. Estaba ya casi arreglada para irme a la fácul y suena el teléfono. Era mi padre, desde Barcelona.
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Texto perteneciente a la novela titulada CALIENTE (pág. 57).
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