La basílica de San Vicente

Según mi parecer, y mis gustos, la basílica de San Vicente es la joya de la corona de toda Ávila. Por fuera, es una pieza de orfebrería perfectamente conservada; por dentro, entre otras huellas sorprendentes, posee el cincelado románico más impresionante que mis ojos han visto.

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La plaza de Santa Teresa de Jesús

La plaza de Santa Teresa de Jesús (la antigua plaza del Mercado Grande) da mucho juego en Ávila. Ya ando como loco por escribir, de lleno, sobre todo lo que estoy encontrando, y reencontrando, en esta ciudad. Al fondo se ve una de las más poderosas, y vistosas, puertas de las murallas, la puerta del Alcázar.

La iglesia románica de San Pedro

Aquí, una de las fachadas laterales de la iglesia románica de San Pedro. Efectivamente, aquel edificio en cuyo interior se cometieron las impronunciables aberraciones con el joven Frankie, en mi novela de Ávila titulada COMO LAS VÍBORAS. Estre otros vestigios, este edificio tiene un interesante asunto en su rosetón.

La puerta de la Malaventura

Esta puerta de las murallas de Ávila, la puerta de la Malaventura, la he encontrado inexplicable y absolutamente cambiada. El cambio me ha dejado boquiabierto, cabreado. Los motivos los dejaré escritos, por supuesto. Fíjense en el barrido caminito que hay hasta ella: por ahí van los tiros… que me han dado de lleno.

La ermita románica de San Segundo

En la ermita de San Segundo.
Esta ermita estuvo cerrada en mi anterior visita a Ávila,
hace quince años.
Qué fresquito hace dentro, mmmmmm, qué fresquito.
Al fondo se ven un maderamen medieval
y un señor lleno de flechazos,
en franca tortura.

El río Adaja

Junto al río Adaja,
que va hecho una penita en la canícula,
a su paso por las murallas de Ávila.

En Ávila, desde los Cuatro Postes

Quince años después,
de nuevo en Ávila.
Panorámica que se recoge desde las afueras,
en los Cuatro Postes.

Con Pla y el instituto

Sé que la mayoría de la gente se niega a salir sola, a verse a solas, en cualquier circunstancia; y mucho más, a sentirse tragada, sola, por la fuerza de las generalmente solitarias arquitecturas medievales. El miedo a la oscuridad. El miedo a estar solo. Un tipo de miedo, comprensible, que forma parte del genoma humano.

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2007-2008.