Tres locos

Locos

—Sólo son tres locos más de los que hay por ahí, con muchas ganas de armar cizaña —afirmó Salvador por suavizar el carraspeo de la situación creada.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 142).

Perplejidad en el bar California

perplejidad

El bar California, entre desgastados comentarios de perplejidad, retomó el proceso imparable de la noche.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 141).

Reventamos

reventar

—¡¡¡QUE REVENTAMOS!!! —dijo uno de ellos saltando hacia el otro lado del mostrador—. ¡¡¡QUE ESTOY A PUNTO DE REVENTAAAAR!!!

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 140).

Gigantones

gigantes

La pareja de retacos se echó a un lado. El pelaje de los tres gigantones era tan pintoresco que la escasa congregación no le quitaba ojo.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 139).

Un medio muerto

agonia

—Oye —dijo Pepe a su novia al observar que disminuía su atención—. Atiende a lo que voy a decir: Salva, el que está a punto de cruzar esa puerta, hace un rato ha resucitado a un medio muerto en mi escalera.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 138).

El bar California

bar_california

La paupérrima densidad nocturna del bar California parecía café aguado.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 137).

La plaza George Orwell

Plaza George Orwell, Barcelona—¿Habéis visto la plaza? —preguntó Fede.
Se refería a la plaza Orwell. Pepe y su novia despacharon una mueca de extrañeza.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 136).

Infarto de miocardio

infarto

Sólo le faltaron once minutos para estar muerto. Se quedó fulminado en su primer infarto de miocardio.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 135).

De la Legión

Legionarios

—¡Pero si este carné es de los Caballeros de la Legión! ¡Venga ya!

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 63).

 

Carrillo, buen tipo, que las aguas del Cantábrico te sean leves.

Santiago Carrillo, con su típico cigarro

Parroquianos y alpargatas

Algo más allá había dos mujeres sesentonas, adiposas y saludables. Ambas calzaban alpargatas, con los talones al descubierto.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 62).

Tenerife

A esas horas de la noche era imposible que aquella muchachita isleña, de Tenerife, pudiera reparar en que la mirada de aquel hombre desgreñado le inyectaba el sereno amanecer de su pueblo azul.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 41).

Agua en el cerebro

—Estoy bien. Me ves así porque tengo agua en el cerebro. No mucha.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 40).

Y más flechazos

La chica maravillosa se percató de Salvador, de su mirada limpia, de sus barbas cortadas a bocados, de su melena zarrapastrosa; de su mirada otra vez, de su mirada, de su mirada otra vez, de su mirada transparente, pura y dolida.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 39).

Flechazo

Salvador sintió que el templado aliento de una boca de mujer le derretía la helada circulación de su sangre pisoteada.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 38).

Mujeres

—Tu padre no quiere a la niña que te has agenciado. Tuvo novio. Se lo dijo a tu madre el otro día pegando un montón de voces.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 37).

Ambiente del bar California

A Pepe se le veía animado. Se le agarraba esa ilusión misteriosa, impetuosa y positiva que suelen tener las parejas de novios durante las primeras citas.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 36).

El bar California, los camareros

Un cuadro de Francisco Ribera

Los camareros del California todavía viven, arrugados como una pasa, nonagenarios.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 35).