Orines y vivienda

Hombre orinando en plena calle

De nuevo se enclaustró en su vivienda, sobrecogido, tembloroso, cada día más pálido y huidizo.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 26).

Suciedad y cerveza

Salvador, en busca de su portal, tropezó con una botella de cerveza, un envase vacío de litro que rodó un par de metros sin quebrarse.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 25).

Matar, suicidarse

Una "pequeña pistola"

—Bien. Pasando. Oye, me he estado quedando con tu cara desde hace un rato. Y me parece que te gustaría matar a alguien.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 24).

Unas piernas

Piernas y medias

—Va, Salva, que me estás poniendo muy cachonda con ese carácter que tienes. Que parece que te haces de rogar, que estás de vuelta de todo. Mírame las piernas.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 23).

Un escote

Un escote

Salvador notó que una mano de mujer, en su barbilla, le levantaba la cara. Lo primero que descubrió fue un considerable escote, unos pechos de mayúscula fortaleza, de piel dorada y maravillosamente cálida.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 22).

Sábana Santa de Turín

Allí, junto al sillón, apareció un rostro con los ojos cerrados, una faz de tamaño natural, una tez barbada, rigurosamente exacta a la que todavía hoy se conserva en la llamada Sábana Santa de Turín.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 21).

Dos restos románicos más

Nota: Si pone el cursor en las fotografías, saldrá un globo con un pequeño comentario.

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Inimaginable quién era

Pepín, el camarero trasnochado

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 167).

Aparece un muerto errante

—Déjeme espacio, que no me deja pasar.

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 166).

De retirada

Los camareros, al final de su briega, respiran el aire fresco del ciprés

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 165).

Un nuevo adiós

El esqueleto Federico, por el que nadie apuesta un duro, camina por las solitarias callejas de las fábricas.

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 163).

El mariquita José

El mariquita José tuvo días de esplendor

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 161).

Cruzando a la otra dimensión

Dejemos en paz a la muerte

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 159).

Dominio del más allá

El cielo da un tumbo.

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 158).

Dos amigos

Casi todos los muertos se conocen

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 157).

Inmediato futuro

“Así te dieras un tropezón y te saltaras los sesos”.

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 153).

Hora del retiro

Los granizos ya sólo forman parte de la memoria.

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 152).

Un mal cliente

Sus hijos todavía no lo odian, sólo lo temen.

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 151).

Tormenta de granizos

sale por pies, despavorida, ante la imprevista avalancha de granizos como piedras

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 150).

Titulación de abuelos

con sus ya inamovibles cincuenta y cinco años, rolliza, tetona, tontiloca.

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 149).