El nacionalismo y Pío Baroja (XV)

(El nacionalismo y Pío Baroja, decimoquinta entrega)

Pío Baroja, junto al mar de San Sebastián. (De la serie "El nacionalismo y Pío Baroja").

Pío Baroja, junto al mar de San Sebastián.

Además, el nacionalismo lleva un cargamento histórico que la masa popular, con un gran sentido de la realidad, mira con un desdén absoluto. La masa popular es radical, es antitradicionalista, es antihistórica, y tiene razón. Su instinto le hace comprender que en la tradición está su enemigo. El hombre que vive en el pasado no ama el presente y quiere vaciar casi siempre el porvenir en el molde de lo pretérito. Nosotros, no; nosotros no queremos ocuparnos del pasado, no queremos saber las fases que han servido de etapas al martirologio del pueblo. La Humanidad ha levantado dos grandes construcciones: la Historia y la Ciencia. La Historia es como un río, tan pronto claro, tan pronto turbio, que viene de la oscuridad de las edades lejanas; la Ciencia es la construcción sólida de la Humanidad, la única bienhechora; ella, poco a poco, a medida que avanza, nos va dando el pan del cuerpo y del espíritu, y va alejando de nuestro lado las enfermedades y la muerte.
(…). Sí, la ciencia es sagrada; podremos comprenderla o no; podrá estar por encima de nosotros, pero no importa, es nuestra protectora, es nuestra madre. La historia, no; la historia es traidora, la historia es reaccionaria, la historia trata de escarmentarnos con el ejemplo; pero, afortunadamente, los pueblos no tienen memoria y olvidan a los tiranos y olvidan a sus verdugos. Es la manera mejor de vengarse de ellos.

Fragmento perteneciente al libro de Pío Baroja, Momentum catastrophicum (pág. 96).

Escritos míos donde aparece Pío Baroja:
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Mi Revista Fogosa Miscelánea, en cartel

Ya está disponible,
para todo el mundo (literalmente), mi
REVISTA FOGOSA MISCELÁNEA.
No hay que perderse la combinación
García Lorca | Valle-Inclán
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Portada del número 1 de la REVISTA FOGOSA MISCELÁNEA

Portada del número 1 de la REVISTA FOGOSA MISCELÁNEA

El nacionalismo y Pío Baroja (XIV)

(El nacionalismo y Pío Baroja, decimocuarta entrega)

Pío Baroja en Itzea, en 1918. (De la serie "El nacionalismo y Pío Baroja").

Pío Baroja en Itzea, en 1918.

Yo no creo que haya nada útil, nada aprovechable, en el nacionalismo; no me parece, ni mucho menos, el régimen del porvenir. Si ya a los hombres nos empieza a pesar el ser nacionales; si ya comenzamos a querer ser solo humanos, solo terrestres, ¿cómo vamos a permitir que nos subdividan más, y el uno sea catalán, y el otro castellano, y el otro gallego como una obligación?
Porque ahora lo somos todos, claro, según nuestro nacimiento; pero yo, vascongado, voy a vivir a Madrid y soy un madrileño, sin necesidad de exigirme expediente, y el aragonés, o el valenciano, o el gallego que viene a vivir a Barcelona es un catalán como el que haya nacido en Reus o en Gerona.
(…) ¿Y por qué obligar al que se siente castellano o aragonés, que es una tierra de trigo, de viñas y de olivos, a identificarse con el vasco verdadero, de una tierra de maíz y de manzanos?
No, yo no veo en el nacionalismo como un régimen del porvenir; podrá ser un camino en países constituidos por razas distintas: en Austria, por ejemplo, en donde los checos luchan contra los sajones; en Rusia, donde los polacos luchan contra los eslavos; en los Balcanes, en Finlandia, en Irlanda; ¡pero aquí!, aquí no tiene razón de ser y creo que en el fondo no tiene tampoco raíz; creo que en el fondo no se sostiene más que por rivalidades personales, por celos de unos personajes contra otros, por ver el modo de quitarse la parroquia mutuamente.

Fragmento perteneciente al libro de Pío Baroja, Momentum catastrophicum (pág. 96).

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El informe del roedor en formato papel

Desde el pasado 13 de enero,
tenemos una nueva edición, en formato papel, de
El informe del roedor.
Su volumen es de 14 x 21,5 cm.
Tiene 152 páginas.

El informe del roedor, de Antonio Gálvez Alcaide

Portada de la reedición de EL INFORME DEL ROEDOR

EL INFORME DEL ROEDOR refleja la pormenorizada radiografía de una locura. Pascual Pérez Pérez, su protagonista, elabora un informe sobre sí mismo para un destinatario sobre el que siente devoción: la doctora Sarmiento. Todo parte de su pretendida clarividencia, que si bien acierta muchas veces, falla estrepitosamente en momentos clave. Por tales circunstancias, cree que su esposa es una bruja que le sorbe los sesos durante la noche, con el favor de una pajita acerada; comete tropelías en el edificio donde trabaja como albañil; invade el espacio de un piso vecino; asalta a una pareja en un parque; se atrinchera en su propia casa en vísperas de la primera guerra del Golfo, en 1990, creyendo que Iraq provocará la Tercera Guerra Mundial… Veamos algunas palabras de Pascual sobre sí mismo: «¡Debo de ser un demente único, un loco violento, aislado y desatado! ¡Carajo, en España no hay gente tan mala!».

Más información sobre la novela, aquí.

El nacionalismo y Pío Baroja (XIII)

(El nacionalismo y Pío Baroja, decimotercera entrega)

Billete de Pío Bajoja, de 1978 (en la serie sobre el nacionalismo)

Curioso billete de 25 pesetas (cinco duros).

Así, como decía antes, que era muy posible que no hubiese problema catalán, creo también muy posible que no haya dentro de ese problema, si lo hay, cuestión de rivalidad de lenguas.

La cuestión del predominio del idioma se ha de resolver por el tiempo. El castellano se ha convertido en español y hasta en hispanoamericano; es una lengua tan nuestra como de los demás españoles, tan del catalán como del gallego o del vascongado.

(…) Hace unos días se decía que los yaquis querían proponer el español como un idioma universal. ¿Y no sería estúpido hacer perder la extensión de una lengua, que es también de uno, por un prurito de amor propio? Dar a entender, como lo hacen los catalanistas, que el castellano se conserva en Cataluña por la presión oficial, es un absurdo. Aquí, en Barcelona, se han hecho en estos últimos tres o cuatro años grandes Enciclopedias; pero se han hecho en español, y es natural, porque es la única manera de tener la venta en América, porque el interés de todas las regiones españolas es hacer del español una lengua expansiva.

Ante los hechos es ridículo afirmar es despotismo central en la cuestión del idioma. Es naturalísimo que de los cuatro o cinco idiomas nacionales haya preponderado uno, y esto ha pasado en Francia y en otros países, y esto pasa en España; pero el Estado no ha hecho presión aquí y, si la ha hecho, no ha sido tan enérgica como la han hecho en Francia, en Alemania y en Inglaterra, con sus idiomas regionales.

(…) Todos los pueblos que caen quieren regiones más o menos separatistas, porque el separatismo es el egoísmo, es el sálvese el que pueda de las ciudades, de las provincias o de las regiones.

Ya sé que no se puede hablar hoy de separatismo, porque los nacionalistas, aun los más absolutos, no quieren llamarse así. ¿Pero esta es una cordialidad que debemos agradecer o es el reconocimiento de que no se puede vivir separados? ¿Es un mérito o es el convencimiento de que no se pueden cortar los lazos con que nos une a los españoles, sobre todo, la geografía?

Fragmento perteneciente al libro de Pío Baroja, Momentum catastrophicum (pág. 92).

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El nacionalismo y Pío Baroja, un inciso sobre arquitectura (XII)

(El nacionalismo y Pío Baroja, duodécima entrega, en un inciso)

Pío Baroja, mirando desde arriba. Entradilla en un inciso sobre el nacionalismo

Pío Baroja, asomado. Parece que nos esté diciendo: “Buenos días, buenos días”.

Esta ciudad está orgullosa de sus artes suntuarias y se considera bien ornamentada. Yo os diré que la arquitectura barcelonesa me parece aparatosa y petulante. (…).
Entre nosotros, los arquitectos, con un sentido que me parece bárbaro, quieren ser individualistas; así cada cual se va por los cerros de Úbeda; así hay casa en Barcelona que parece una caverna, otras que tienen el aire de un animal vivo, de un cangrejo puesto de pie o de una montaña de caracoles. (…).
Yo no quisiera vivir en una de esas casas que tienen las puertas parabólicas y los balcones torcidos y las ventanas irregulares; me parecería que me había vuelto loco o que me encontraba preso de los ensueños de una digestión difícil.
Decía el poeta José Carner, cuando yo abominaba de estas puertas parabólicas, que mi enemiga contra ellas era de salvaje. Yo creo que no, que es de civilizado. Esa forma de puertas repugna al sentimiento del equilibrio y de armonía que llevamos dentro.
No soy partidario de lo que se considera aquí como arquitectura artística; primero, porque no representa nuestra época; después, porque estas casas no son absolutamente higiénicas. (…).
Comparad la Sagrada Familia con la Catedral, y esa apreciable familia os parecerá completamente grotesca; comparad cualquiera de los palacios nuevos con la Audiencia o con la torre que hay en esa plaza que creo que se llama de Santa Ana, tan sencilla, tan esbelta, tan armónica.

Fragmento perteneciente al libro de Pío Baroja, Momentum catastrophicum (pág. 84).

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El solitario en formato papel

Dada la imparable reedición de mi obra
de hace una década, en formato papel,
ahora aparece El solitario
Volumen: 14 x 21,5 cm.
Tiene 194 páginas.

La cubierta de la reedición de EL SOLITARIO es distinta de la primera edición en papel

Portada de la novela EL SOLITARIO.

En el número 57 de la calle Escudellers, de Barcelona, vive Salvador, un hombre enfermo y huidizo que arrastra una tragedia personal. De forma inexplicable, su vida empieza a tener paralelismos con la vida de Jesucristo. Rompiendo su terrible soledad aparece Magdalena, una mujer que vive en el famoso barrio chino barcelonés y trabaja como dependienta en el mercado de la Boquería. Entre ellos se produce un amor tan profundo que la miseria de sus vidas se transforma en algo parecido a una constante cucharada de miel. El entorno de Salvador es muy limitado, el mismo que les corresponde a las personas solitarias. Su única relación, más allá de las puertas de su casa y de la irrupción de Magdalena, es la que mantiene con los vecinos de su rellano, que no pueden ocultar el portento que viven en cierta ocasión. Más allá del amor sin cortapisas, del choque entre el bien y el mal, de la denominada violencia de género, de la vida nocturna en la parte vieja de Barcelona, la gran quimera cristiana se convierte en algo tangible, demasiado hermosa para que sea perdurable. Y ante todo, Salvador y Magdalena; Magdalena y Salvador, una pareja inolvidable.

Más información, aquí.

Dietario en Red 2004-2006, nueva edición en papel

Nueva edición, en formato papel, de
Dietario en Red 2004-2006.
Volumen: 14 x 21,5 cm.
Tiene 242 páginas.

Amada Marilyn, en el Dietario

Cubierta de Dietario en Red 2004-2006.

Dietario en Red 2004-2006 es un diario que escribió en Internet durante ese período el escritor Antonio Gálvez Alcaide. En estas páginas pronto podemos apreciar una extraña simbiosis entre literatura y vida, y un detallismo insospechado. La cotidianidad del barrio del escritor, que se hallaba entre los municipios barceloneses de Cornellá de Llobregat y San Juan Despí, se ensambla con sus experiencias, generalmente truculentas, como profesor de instituto. Queda patente su admiración por el escritor Josep Pla, a quien llega a tratar de confidente. De manera singular, analiza la obra de muchos escritores reconocidos, y recuerda vivencias personales con Camilo José Cela y Francisco Umbral, “paje de la literatura española”. Se revisa el sector editorial español, que parece un mundo abotargado, sin alas, dominado por lo insustancial, execrable; así como su paso por tres agencias literarias. Se refleja su relación con el periodismo, como el proceso que siguió su primer artículo publicado en prensa, que tuvo un tratamiento deleznable, incluso perverso. No muy desligado del mundo periodístico, se publican las reacciones habidas tras desenmascarar el seudónimo de Paz Vega López, el experimento narrativo y cibernético que le valió el entusiasmo de escritores como Arcadi Espada o Iván Tubau, y que está editado bajo el título de Caliente. La literatura y la vida, dos realidades separadas que aquí parecen fusionarse con una honestidad tan infrecuente que produce grima.

Más información, aquí.

Nueva edición, en papel, de COMO LAS VÍBORAS

Continuando con la renovación de mi obra literaria,
en formato papel, ya está disponible
Como las víboras.
El volumen de esta edición, de 14 x 21,5 cm,
tiene 164 páginas.
(Hay que seguir agarrándose a la silla para su lectura).

La imagen de cubierta de COMO LAS VÍBORAS es la misma que en la versión digital

Cubierta de la novela COMO LAS VÍBORAS. La imagen, en detalle, es del pintor decimonónico William Bouguereau.

COMO LAS VÍBORAS hilvana la difícil andadura de unos personajes repletos de maldad. Es una crítica de la violencia extrema. La horrorosa criminalidad actual, que cada vez difunden más los medios, tiene su parte de representación en esta novela. Las situaciones de COMO LAS VÍBORAS no son el producto de una voz narrativa enfermiza, sencillamente son calcos de nuestra realidad más inmediata, de nuestra realidad pretérita, de nuestra tradición literaria, una tradición que camina entre Virgilio, el romancero viejo y las crónicas de Alfonso de Valdés.
Prácticamente toda la acción de la novela se desarrolla en Ávila, dentro y fuera de sus murallas medievales. El espíritu medieval y renacentista posee los albores del siglo XXI, con sus mayores virtudes y sus más deleznables taras. Las rutas teresianas, las huellas románico-góticas cambiarán de perspectiva tras la lectura de COMO LAS VÍBORAS. En este sentido, el público lector habrá de revisar también sus sentimientos, los motivos que le llevan a entristecerse o incluso simpatizar con el joven Frankie, el personaje protagonista, uno de los individuos más abominables de la literatura contemporánea.

Todas las versiones, aquí.

Nueva edición, en formato papel, de CALIENTE

Disponible una nueva edición de
Caliente,
en formato papel.
El volumen de esta edición es ligeramente superior que la anterior: 14 x 21,5 cm.
Tiene 198 páginas.

Mi niña Paz, qué tiempos.
Mi niña Paz Vega López, quién te viera como yo te veo.
Si mi niña Paz no perteneciera al mágico mundo de las nebulosas, a estas alturas de la vida contaría 31 años de edad, y tal vez sería madre de familia, o tendría, entre sus más urgentes preferencias, reproducirse.
Me dice mi niña Paz que se reproduzca mi perrita. Me dice mi niña Paz que al mundo de las nebulosas pertenecen mis tías. Me dice mi niña Paz que es eternamente feliz con sus eternos 18 años eternos, con un puesto asegurado en mi corazoncito, y con el hecho de NO haber conocido, personalmente, a sus notables implicados: Arcadi Espada, Iván Tubau, Mihály Dés, Jordi Bernal, José María Albert de Paco, e incluso Pedro de Andrés, que le puso web.
Qué carácter.

Paz Vega López, en CALIENTE

Paz Vega López en un momento sosegado de su estancia en Ibiza

Paz Vega López nació el 30 de octubre de 1985. Se dio a conocer en 2004, con apenas 18 años de edad, cuando empezó a escribir en Internet su diario personal. Ella misma se presentaba así: “Vivo en Madrid. Últimamente estoy insoportable porque he sacado dos nueves en la Sele, en Lengua y en Literatura. Soy una chica precoz. Y no sólo por mi avidez cerebral. A los 12 años hice el amor con mi mejor amiga y a los 14 me desvirgó un novio de la ESO que sólo me duró un mes. Sí. Soy abiertamente bisexual”.

Paz Vega López también es el seudónimo del escritor Antonio Gálvez Alcaide. Su creador afirma que su personaje fue un experimento unamuniano. Y añade: “Sin entrar en la sobrecarga erótica de esta novela, lo que tiene de testimonio es lo que me resulta más curioso. En alguna medida, Paz Vega López sedujo sin proponérselo a una parte de la intelectualidad barcelonesa y de más allá”. Efectivamente, editores, periodistas y escritores consolidados se sintieron atraídos por Paz hasta el punto de rozar el amor. Muchas personas vivieron dentro de una novela sin sospecharlo. Caliente es la historia de Paz Vega López, una chica vivísima con ínfulas literarias que carga, sin tapujos, contra la literatura española actual, llora con los atentados del 11-M o se entera de la muerte de la novelista Carmen Laforet mientras bebe chupitos de tequila y escribe en su blog, momentos antes de trasladarse a la noche madrileña.

Ver ficha completa, aquí.

El nacionalismo y Pío Baroja (XI)

(El nacionalismo y Pío Baroja, undécima entrega)

Pío Baroja, algo despistado (en entregas sobre el nacionalismo)

Pío Baroja aparentemente despistado.

Si estas palabras las oye un redactor de La Publicidad, dirá, como decía ayer, que yo no tengo ni memoria ni lógica, y no tengo ninguna de estas cosas importantes, porque antes hablé del semitismo de los catalanes y el otro día dije que Barcelona es la forja donde se funden los ideales colectivos de la España del porvenir.

Yo no veo aquí la falta de lógica. Yo dije que en Cataluña había espíritu judío, y es verdad; yo lo sigo creyendo; este espíritu judío está en muchos comerciantes ricos catalanes, está en muchos de esos hombres que han empujado a España a una guerra imbécil en Melilla; está en los que, después de explotar a rincones desgraciados de nuestro país, han tenido la estupidez de desear que España desaparezca y de gritar muera España, como si se pudiera desear la muerte de un país noble y desgraciado.

Yo no he hablado nunca mal del pueblo de Barcelona; he hablado mal principalmente de sus magnates, de esos señores que han despedido a los soldados con un escapulario y una cajetilla; he hablado de sus intelectuales, que me han parecido pedantes, afectados, mezquinos, y he dicho que tienen espíritu judío; lo he dicho y creo que lo seguiré diciendo, si así me lo parece.

Que yo he afirmado en una novela mía que Prim se parecía a un bandolero y ahora alabo a Prim, dice La Publicidad. No; asegurado así es de mala fe.

En una novela mía un personaje lo dice; yo, no. Pero aunque lo dijera yo, yo no tengo inconveniente en admirar a un bandido. Entre un bandido y un gran comerciante, yo casi prefiero al bandido. El uno roba en el camino real y el otro roba con el libro de cuentas.

Fragmento perteneciente al libro de Pío Baroja, Momentum catastrophicum (pág. 81).

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Mi cuaderno gris, también en papel

Disponible mi primer dietario escrito, Mi cuaderno gris,
tanto en formato papel como en eBook.
Aquí.
Por ahora es mi obra más extensa: 606 páginas.

Mi cuaderno gris

Mi cuaderno gris, de Antonio Gálvez Alcaide

Animado por el elevadísimo valor literario de los diarios de Josep Pla, el escritor barcelonés Antonio Gálvez Alcaide arranca su primer diario, MI CUADERNO GRIS, en septiembre de 2001 para concluirlo en diciembre de 2002. Catorce años después empieza a salir a la luz, mensualmente, en eBook, cada uno de los tomos que constituye la obra, ahora ordenados por capítulos en formato papel. MI CUADERNO GRIS constituye una pormenorizada radiografía de la intimidad, de la comarca del Llobregat, de la ciudad de Barcelona, de los aspectos sociales y políticos de aquellos tiempos convulsos, de la cultura literaria de una época, una época que se enmarca, en el escritor, dentro de un paro laboral forzado y del inicio como profesor de instituto, dentro de una familia devastada por la muerte, rasgada por el principio del fin.

Cuaderno de Mi Cuaderno gris

Primero de los dos cuadernos originales de Mi Cuaderno gris.

El nacionalismo y Pío Baroja (X)

(El nacionalismo y Pío Baroja, décima entrega)

Foto incluida en la serie sobre el nacionalismo catalán

Pío Baroja, muerto

Yo lo digo, porque lo creo así; para mí vuestros intelectuales y vuestros políticos no han estado a vuestra altura; ni os han descubierto, ni os han estudiado, ni os han dado beligerancia ante el mundo. Yo lo decía con indignación de los catalanistas. Cataluña y Barcelona se conocen en el mundo, más que nada, por sus revueltas románticas, por el ansia de ideal de su población proletaria.

(…). Barcelona que, por su aspecto, por su sentido colectivo y por su población obrera es una gran ciudad, es, por sus intelectuales, por sus genios catalanistas, de una mezquindad bastante grande, de una cursilería bastante pintoresca.

Yo no les odio, ni mucho menos; aunque creo que si fuera catalán les odiaría; ¿pero cómo tomar en serio estas pedanterías pesadas de mi amigo Corominas, de este gran hombre cuyos pensamientos están como nadando en grasa, ni considerar como definitivas las brillantes flatulencias de Gabriel Alomar, ni dar importancia al esnobismo sin gracia ni ligereza del Xenius de La Veu de Catalunya? Yo, como digo, no les odio; pero me parecen insignificantes, más insignificantes todavía que nosotros, los del resto de España; porque allí, al menos, el pueblo no nos oye ni nos hace caso; pero aquí, sí; aquí está atento, aquí no se puede desvariar sin tener una grande responsabilidad. Allí los que escribimos somos como oficiales honorarios, que no tenemos soldados; aquí, no; aquí son como oficiales poltrones de un ejército admirable. Aquí el pueblo es culto, aquí el pueblo tiene un fondo social que no tiene el resto de España.

Fragmento perteneciente al libro de Pío Baroja, Momentum catastrophicum (pág. 79).

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El nacionalismo y Pío Baroja (IX)

(El nacionalismo y Pío Baroja, novena entrega)

(Foto incluida en la serie sobre el nacionalismo catalán). Pío Baroja, enfermo de muerte, con Ernest Hemingway.

Pío Baroja, enfermo de muerte, con Ernest Hemingway.

Barcelona me parece una ciudad exuberante, que, a pesar del cosmopolitismo que producen los puertos concurridos como el suyo, se mantiene íntimamente hispánica, extraordinariamente española.

En cambio, la producción intelectual barcelonesa, ¿qué impresión da? Hay drama en catalán que parece escrito en la Noruega; versos, que parecen confeccionados en el bulevar de Montmartre; comedias lacrimosas, como las de Rusiñol, en las cuales uno se encuentra como disuelto en un mar de merengue internacional; hay de todo: sueco, noruego, dinamarqués y hasta tártaro; lo que no se ve es que haya nada catalán: por lo menos, nada alto, nada fuerte, nada digno del país.

Todos los productos de la intelectualidad catalanista me parecen híbridos, sin el sello de la raza. Me dan la impresión de esas comidas de hotel y de sleeping-car, que todas se parecen, que todas se componen de una tortilla a la francesa y de un pollo desabrido envuelto en ensalada.

Aquí, en las cocinas de esos primates del intelectualismo catalanista, se huele a Emerson y a Carlyle, a Nietzsche y a Ruskin; lo que no aparece por ningún lado es el olor a la tierra.

Alguien me dirá que yo no puedo juzgar esto; que yo no conozco ni el idioma, ni la tierra, ni las costumbres. Cierto. Hace algunos años, cuando se llegaba a Barcelona y se encontraba uno con aquellos intelectuales que entonces se distinguían por la melena y por la pipa, lo primero que decían era: ¡Ah! Usted no conoce el problema.

Es verdad; yo no conozco el problema. Además, es muy posible que no haya problema, y que todo el problema catalán sea como el problema español: una cuestión solamente de libertad y de cultura.

Fragmento perteneciente al libro de Pío Baroja, Momentum catastrophicum (pág. 77).

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El nacionalismo y Pío Baroja (VIII)

(El nacionalismo y Pío Baroja, octava entrega)

(Serie sobre el nacionalismo) Pío Baroja al óleo.

Pío Baroja al óleo.

No voy a poder entreteneros hablándoos de la Grecia, ni de la Macedonia, ni de la China; ni de Antropología, ni de Geología, ni de nada; os tengo que hablar de mis cuellos postizos, del catalanismo, del nacionalismo, de literatura y de otras cosas igualmente vulgares y sin importancia. (…).

Esta situación especial del hombre retado a decir cosas duras, me obliga a no manifestar mi entusiasmo que en el fondo siento por esta ciudad esplendorosa y magnífica (Barcelona).

Hablaré, pues, entreverado; ya que no puedo ser pájaro, ni quiero ser rata, me dedicaré a ser un poco murciélago.

Yo, ciertamente, no he negado a Cataluña nunca, y menos a Barcelona; lo que sí he negado en su mayor parte ha sido la intelectualidad de Barcelona.

Yo veo aquí una porción de mentiras, acumuladas con intenciones más o menos piadosas, acerca de Cataluña en sí misma y de Cataluña con relación al resto de España.

Yo no veo aquí la acomodación espiritual entre lo que es Cataluña en sí y lo que es Cataluña representada por su docena y media de escritores y periodistas.

A mí Cataluña me da la impresión de ser casi más española que las demás regiones españolas. Los catalanistas, en cambio, aseguran que no, que Cataluña casi no tiene nada que ver con España, que es un país con otra raza, con otras ideas, con otras preocupaciones, con otra constitución espiritual.

Por diferenciarse, encuentran los catalanistas una porción de contrastes étnicos, psicológicos y morales entre catalanes y castellanos. Son los castellanos individualistas, los catalanes son colectivistas; son los castellanos fanáticos, los catalanes, tolerantes; son los castellanos místicos y arrebatados, los catalanes son prácticos. Yo nunca he visto estas oposiciones ni estos contrastes, y no digo esto como patriota, sino como un hombre más o menos observador.

Fragmento perteneciente al libro de Pío Baroja, Momentum catastrophicum (pág. 75).

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Otra vez el poeta Josep Carner

Josep Carner

Josep Carner

Recuerdo que, en el invierno pasado, Joan Climent me decía en Barcelona que la literatura de Carner es exquisita. Yo la encuentro más que exquisita: Carner es un gran poeta. Lo es, diríamos, en el sentido técnico, de ejercicio escolar. En este plano, Carner es un enorme escritor, probablemente uno de los más considerables del mundo. Esto que acabo de escribir se comprende, sobre todo, si se tiene presente que Carner trabaja una lengua que literariamente está por hacer, pobre, envarada, anquilosada, muy limitada de léxico, llena de zonas corrompidas, seca como los huesos, de una anarquía ortográfica mantenida por núcleos intelectuales del país, desarrollándose en una ciudad caótica e inmensa, en medio de la indiferencia de una gran parte de la sociedad, en un núcleo humano que tiene, más que la dureza de un cristal de contraste, un poder de absorción meramente biológico, la aspiración de una enorme esponja. En este sentido, el catalán vive en tragedia permanente.

Tendremos, pues, que agradecer siempre a Carner el esfuerzo que hace, el esfuerzo técnico.

Pero después hay una segunda parte: la literatura de Carner no prende mucho, no tiene profundidad humana; a pesar de que nunca es frívola, tiene poco que ver con la vida y las obsesiones de la gente de la época: a veces hace el efecto de un provenzalismo de vitrina, siempre muy gracioso y elegante, pero de poco peso en las vísceras.

Carner, claro, tendrá discípulos. (Y quizá esto es lo que no convendría). Los que exploten su parte de marquetería y de juego verbal, llegarán rápidamente a la insignificancia. Los que traten de aplicar la retórica carneriana a la propia confusión mental parecerán poetas ingleses o escandinavos traducidos. Carner es un caso de agotamiento de una fuente poética.

Fragmento perteneciente al diario de Josep Pla, El cuaderno gris (pág. 90).

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El nacionalismo y Pío Baroja (VII)

(El nacionalismo y Pío Baroja, séptima entrega)

(Sobre el nacionalismo) Pío Baroja

Un dibujo de Pío Baroja realizado por Ramón Casas.

Volvieron mis amigos a la carga y a reprocharme mi pereza. Yo decía: ¡Pero si mi oratoria no es brillante, ni original! Si no empleo más que lugares comunes, y he llegado a la gran vergüenza de decir: Yo entiendo, señores, como los diputados de la mayoría. ¿Para qué voy a hablar? ¿Llevo yo dentro algún sermón de la Montaña, como Cristo? ¿Yo soy un Séneca o un Pedro Corominas, un Gladstone o un Bertrand y Musitu? No; por eso no quería hablar. Pero me han pedido tantas veces que dijera algo que, al último, he tenido que ceder para no parecer terco, y en el salón del hotel me he puesto a escribir estas cuartillas y a hilvanar unas cuantas vulgaridades acerca de Barcelona.

Yo lo siento por vosotros, porque os vais a sentir defraudados, os vais a aburrir, pero acordaos de que hoy es día de Viernes Santo, día de ayuno y de abstinencia de carne, y que no está mal el mortificarse un poco. Tomad, pues, mis palabras escritas por una vigilia, por algo así como espinacas espirituales y consideradlas como una pequeña mortificación propia de Semana Santa.

No tengo embotellado nada para soltarlo entre vosotros, no tengo ningún libro en mi maleta; no puedo consultar nada: ni apuntes, ni periódicos, ni revistas; todo mi equipaje se reduce a unos cuantos cuellos y puños postizos, ya usados, y a un reloj de bolsillo, que tiene el minutero torcido y que me daría mucho que hacer para averiguar la hora, si mi reloj tuviese la humorada de andar. Afortunadamente, no anda. Se me cayó hace un año en la Plaza de San Pedro, de Roma, y desde entonces está parado, con una consecuencia extraordinaria. Así que, más que para saber la hora, lo llevo de lastre. Como digo, todo mi equipaje es este y unas cuantas ideas, más o menos arbitrarias, que tengo en la cabeza.

Fragmento perteneciente al libro de Pío Baroja, Momentum catastrophicum (pág. 72).

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El nacionalismo y Pío Baroja (VI)

(El nacionalismo y Pío Baroja, sexta entrega)

Pío Baroja (entregas del nacionalismo y el autor)

Pío Baroja, posando como si estuviera leyendo.

No sé si tenéis alguna opinión, buena o mala, acerca del que escribe estas líneas; si la tenéis, no intentaré yo modificarla; si no la tenéis, os diré que soy yo un hombre ingenuo y sincero, poco social, poco político y un tanto vago. Me dijo en un artículo Pompeyo Gener que yo era un ogro finés injerto en un godo degenerado; yo no me siento ni tan degenerado, ni tan finés, ni tan ogro; por ahora no me he comido ningún niño crudo, y me figuro que no llegaré a adquirir estas raras aficiones gastronómicas.

Yo me había opuesto a dar una conferencia aquí, porque, realmente no tengo grandes cosas que decir y, además, porque poseo un sentido pedagógico tan pequeño, tan poco confiado, que me impulsa a sospechar si todo el mundo tendrá razón, aunque todo el mundo defienda cosas distintas.

Estaba, pues, en la situación expectante y tranquila de un curioso; había convencido a mis amigos de que mi oratoria es, como dice La Publicidad de ayer, con gran exactitud, ni brillante ni original, sino llena de lugares comunes, de tópicos de mitin y de vulgares frases efectitas, cuando apareció un artículo en El Poble Català pidiendo que hable en el Ateneo y ejerza de ogro, diciendo desde allí cosas fuertes, si es que me atrevo a decirlas.

Fragmento perteneciente al libro de Pío Baroja, Momentum catastrophicum (pág. 71).

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Zonas verdes, violaciones

Las zonas verdes y las violaciones

Las zonas verdes. Según El Español, partiendo de una investigación de la UPV, las zonas verdes son donde se producen más agresiones sexuales. ¿Ahora se enteran? En el Parque Cervantes, una de las zonas verdes más bonitas de Barcelona, describo una violación brutal, una violación absolutamente verosímil, dentro de la novela El informe del roedor (ver).

El informe del roedor, de Antonio Gálvez Alcaide

Portada de la novela El informe del roedor

 

El nacionalismo y Pío Baroja (V)

(El nacionalismo y Pío Baroja, quinta entrega)

Pío Baroja y el nacionalismo

Excelente imagen sobre el hombre, el mono y el cerdo.

Con relación al interés parece lógico y práctico a primera vista que las regiones ricas se quieran separar de las pobres. Es un sentimiento egoísta, mezquino, pero muy natural. Quizá a la larga no sea tan práctico como parece. Lo sea o no lo sea, lo que no comprendo es que se odie a la región pobre y a sus habitantes por pobres. Esto será siempre una aberración, un sentimiento despreciable para un verdadero chapelaundi. (…).

En todos los pueblos del mundo la política produce un elemento ambicioso, arribista, bajo e inmoral. Político y chanchullero son sinónimos. (…)

Y si las gentes mezquinas que necesitan que España se disgregue están en mayoría, que se disguegue, que se separen las regiones unas de otras y se vaya cada cual por su lado, pero hagamos la despedida general más bien con una sonrisa que con una amenaza. Al fin y al cabo, por esto no se ha de hundir el mundo, ni la tierra de España ha de desaparecer en los mares.

Si las patrias y los templos se derrumbaran, no lloremos por ellos, pensemos que se levantarán otros mejores y que al fin y al cabo la patria del hombre es el mundo; y el mejor templo, la naturaleza.

Si hacemos esta disosiación sin muertes, asolamientos ni otros disparates y el hacerlo es un error más de los españoles, al menos si tenemos que reunirnos mañana de nuevo y no hay sangre de por medio no habrá tampoco un obstáculo grave para la unión.

Fragmento perteneciente al libro de Pío Baroja, Momentum catastrophicum (pág. 55).

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