Recordándolo todo

Dos de mis hijos, los varones, trepaban en los pinos de las laderas
Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 96).


Dos de mis hijos, los varones, trepaban en los pinos de las laderas
Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 96).

—Dale agua al niño.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Cosa de tres» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 102).

Pensó que el dedo de Colón la señalaba.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Cosa de tres» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 101).

El bar y la calle combinaban una constante agitación de voces, de pasos sedientos.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Cosa de tres» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 95).

—¡Soy la reina de la tierra, la reina de los mares!
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Cosa de tres» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 94).

Otros volcaban su admiración sobre el conjunto de su lencería,
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Cosa de tres» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 93).

—¿Por una mamada, amor?
—Sí.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Cosa de tres» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 88).

Flor besó su cruz, como hacía siempre después de espolvorear palabras indecentes.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Cosa de tres» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 87).

Los fragmentos de pizza se endurecían en los rincones, igual que algunos calzoncillos apergaminados, acastañados de sucia brisa anal.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Cosa de tres» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 85).

El yanqui pillaba al vuelo algunas palabras que lo estremecían. El yanqui no era estúpido. El yanqui no era de piedra.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «El itinerario» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 62).

—¿Te gusta cargarte españoles?
—Yes, sí, claro. Como todo el mundo.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «El itinerario» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 61).

¡Qué de puta madre! Esta vida que llevo es de puta madre.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «El itinerario» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 55).

Me desmorono en el césped de la plaza Cataluña. Los ojos de la infancia me observan.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Sobre los escombros» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 45).
El sueño llama a la puerta. El cine, el banco y la poca luz son unas compañías muy gratas.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Sobre los escombros» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 42).

Complacida y esperada madrugada la de hoy. Estoy sentado en el AVE desde las seis y diez.
Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2009-2010

…Vegalópez, amor, léete mi articulillo «Donde está la razón sobran los dioses» y dime si te gusta y estás de acuerdo o no. Si es que sí, dame la piruleta.
Texto perteneciente a la novela titulada CALIENTE (pág. 149).
* * *
Nota del autor: Vuelvo a recordar que todos los mensajes y e-mails que recibió mi niña Paz fueron reales. Se trataba de los momentos estelares en que mi personaje saltaba de la ficción a la realidad.

Toda la mañana en Barcelona, en la Clínica Barraquer, de Oftalmología, con mi madre. Te mandan a la tercera planta. Se entra por una puerta. Se entra por otra puerta. Y por otra. Se te dice que ahora a la séptima planta. Y así.
Estábamos en casa, anteayer domingo. Nos comíamos un cocido, a solas, mi madre y yo. Dos andaluces en paz. De buenas a primeras, con toda la tranquilidad del mundo, como si el asunto ocurriera todos los días en cualquier casa del mundo, mi madre me dice lo que sigue:
—Este ojo lo tengo ya perdido.
*
Ayer terminé con el instituto. Ayer entregué las notas a los chavales de mi tutoría, a las diez de la mañana. Había un nene que tenía ojos de cloro, unos ojos colorados e inflados como tomates, el salitre de las piscinas. Desde las 11 hasta la 13 h consumí el último Claustro. Qué bien. Entregué las llaves de la ciudad galáctica al conserje, un buen tipo. Me despedí de él con anchas sonrisas. Y salí a lo mío. Y llegué a casa. Y encendí el ordenador. Y no hice el balance del curso 2008-2009. Porque tenía prisa. Porque salí del instituto con mucho asco. Creía que el asco, en mi última jornada, sería desbordante. No lo fue. Todo quedó en mucho asco. Un asco producido por los adultos, que es el que no tolero. Los niños malos no me producen asco. Son críos. Yo también fui un crío. Los niños malos sólo me pellizcan ciertos nervios esporádicos, muy desagradablemente, eso sí, lo desagradable del que escucha un estruendo, y luego me olvido, puesto que tomarse completamente en serio a los críos es de idiotas. Lo dicho, no escribo el balance del curso 2008-2009. No estoy de humor. Lo dejo para más adelante, a lo mejor para finales de julio, cuando haya regresado de Toledo, cuando se haya diluido el ardor guerrero inoculado por este instituto, esa lava escamosa, en la consecución de doscientas sesenta y cuatro meadas, más o menos. Evaporación.
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