Y encima, la nariz

cuando la turbamulta del infernal universo mundo se ve del color de las rosas y cobran vida los angelitos de un cielo siempre claro, agitando sus albinas alas de la gloria sobre las fantasiosas ideas de todos los niños de la Tierra.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«La molondra de don Peliforte» , del libro Cuentos agrios (pág. 92).