Una vieja de la calle Escudellers

—Qué valiente. Menuda lección me dio la vieja —se dijo mientras subía las escaleras de su edificio—. La vida, la gente que encaja en la vida. Y los que se mueren. Hoy jueves, la muerte sigue mis pasos.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 91).

La muerte

Después le dio la espalda a los acontecimientos, escuchó la estrepitosa sirena de la ambulancia que se perdía, y pensó que la muerte, aquella tarde, le seguía los pasos.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 90).

Magdalena, desnuda

Como no midió bien sus fuerzas, las sábanas y las mantas se escaparon, disparadas, hacia un lugar indeterminado.

—¡Ts!, quiero verte desnuda.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 77).

Dedos

—Gracias, mi cielo… Oye, ¿dónde tienes los dedos de esta mano?

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 76).

La playa

Una ola rompiendo en la playa

—El agua de mi cerebro la escucho siempre.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 75).

Más pelo

La muchacha lo cubrió, le secó el pelo con ágiles y rápidas sacudidas. No dejó ni un minúsculo rincón de su piel sin sus manos desbordadas por los pliegues de la toalla.

—¿Serás? —preguntó Magdalena a medias.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 74).

Con una coleta

Una coleta

Se recogió el pelo en una coleta. Se arremangó y dijo:
—Fuera pijama. Del todo. En pelotica.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 73).

En la bañera

Cuando la muchacha entró y abrió el grifo de la minúscula bañera, ya la estaba esperando Salvador, sin su manta

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 72).

Una sonrisa de mujer

Una sonrisa de mujer

Como si supiera lo que acababa de ocurrir en ese momento, una taimada sonrisa de mujer floreció en el portal número 57 de la calle Escudellers.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 71).

Un bordillo

Un bordillo

Le informaba de que se vería obligado a salvar el amargo obstáculo del bordillo

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 67).

Antiguo Testamento

Buena parte de su discurso sobre Salomón está documentado en el Antiguo Testamento.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 66).

El rey Salomón

—Sí, hombre, que usted camina siempre muy católico y lo debe de saber… ¡Ya está!: Salomón.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 65).

Calle de las Cabras, Barcelona

Calle de las Cabras, Barcelona

—Vive en la calle de las Cabras, en un canto de la Boquería, con el que fue su macarra, el macarra Ramón, que la quitó de la calle,

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 64).

De la Legión

Legionarios

—¡Pero si este carné es de los Caballeros de la Legión! ¡Venga ya!

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 63).

 

Carrillo, buen tipo, que las aguas del Cantábrico te sean leves.

Santiago Carrillo, con su típico cigarro

Parroquianos y alpargatas

Algo más allá había dos mujeres sesentonas, adiposas y saludables. Ambas calzaban alpargatas, con los talones al descubierto.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 62).

Con el pijama

Un café con leche

Se vistió sin zafarse del pijama, se atusó un poco el pelo, se colocó su viejo abrigo y salió a la calle con la representación vaporosa de Magdalena pegada a sus pensamientos.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 61).

En el puerto de Barcelona

Puerto de Barcelona y monumento a Cristobal Colón

Puerto de Barcelona y monumento a Cristobal Colón

Subió los peldaños del espacio circular dedicado al descubrimiento de las Américas y a su almirante, Cristóbal Colón. Bordeó e ignoró todos los relieves de bronce que recuerdan distintas escenas de aquella incipiente época colonizadora, en las postrimerías del siglo XV.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 58).

Bajo la lluvia en la Rambla

Lluvia en Barcelona

Salió a la calle tal como estaba. Únicamente cogió las llaves. Se avecinaban las diez de la noche. Avanzaba por Escudellers, camino de la Rambla, disfrutando de cada paso, aspirando ruidosamente el olor del suelo empapado, como si las emanaciones que propiciaba la lluvia lo colmaran de más vida.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 57).

Cuestión de una mejilla y de olfato

La muchacha le dio un beso en su estropajosa mejilla.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 54).

Un hecho inexplicable

Llagas en los labios

Se abrazaron dos personas saqueadas, desdichadas, pero sabedoras de la progresiva iluminación que experimentaban sus pensamientos.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 53).

Una declaración de amor

Luego se secó con una toalla algo tiesa que le raspó la piel.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 52).