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EL PASEO DE LOS CARACOLES, una cita de cada página, en ABIERTO

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Sobre la narrativa actual

Domingo, 25 de Octubre de 2009 4 comentarios

Literatura¿Que opine sobre la narrativa actual? La respuesta es sencillísima. La narrativa actual es una mierda. La asepsia es el garabato dominante. Nada de infecciones. Todo edulcorado. Ninguna palabra por encima de otra. Todos los narradores iguales, como estúpidos calcos. Algunos de ellos con la potra de contar con una descaradísima operación de mercadotecnia. Todos dominados por el gran jefe, el gran matador, la gran criba, el gran manipulador cultural: las empresas editoriales, valga la redundancia.

Las empresas editoriales actuales tienen como consigna, para la narrativa, la desaparición del registro literario. Saben que la literatura se sustenta en un lenguaje connotado, que desprecian, por lo malsano de su presumible rentabilidad económica. Como creen que el lenguaje connotado va en contra de sus intereses, se lo han cargado. Lástima de los ilusos que tengan la esperanza de que cualquier empresa editorial saque hoy día, como novedad, a un Quevedo, a un Valle-Inclán, a un Juan Rulfo, a un Cela en sus primeros decenios. ¿Tan gruesa es la venda de estos ilusos que no les permite distinguir que la narrativa novedosa que ofrecen las empresas editoriales, desde hace unos cuarenta años, se inserta dentro del registro informativo de la lengua (el de los periódicos, el de los libros de texto), no dentro del registro literario? Las empresas editoriales actuales creen de antemano que los lectores, los compradores de sus productos, son gilipollas. Creen de antemano que los lectores actuales no pueden comprender, valorar y sensibilizarse con una novedad narrativa cercana a la altura de un Quevedo, de un Valle-Inclán, de un Juan Rulfo, de un Cela antes de caer en la chochez. Para eso ya están los libros de bolsillo de esos mismos escritores, ¿no? Pues a tomar por culo la evolución literaria de un país. Por lo menos en España, llevamos ya entre cuarenta o cincuenta años sin evolución literaria. Las empresas editoriales, con sus tabúes —posiblemente espejo de la mayoría de los tabúes de la sociedad a la que se dirigen—, tienen la culpa. Ninguna palabra por encima de otra en los narradores actuales. Todo en un registro informativo que no se despeina. Así que parece mentira que los narradores actuales conozcan empíricamente el dolor de una patada en la boca o en los huevos, o que sepa que el vecino de al lado ha hecho literalmente picadillo a su bebé, o que quepa la opción de cualquier cosa que necesite de una descripción meticulosa, literaria, que produzca sensualidad, sonrojo, alarma, pánico, asco en el lector. Todo aséptico. Nada connotado. Retraso literario de casi cincuenta años.

Pero toda opresión termina por encontrar su salida, como el agua. Cayó el nazismo. Cayó el comunismo. Y en términos literarios, la principal herramienta que sacará de la pobreza literaria a cualquier país se llama Internet, una herramienta que ha llegado, vaya casualidad, con el siglo XXI, una herramienta que utilizarán, exclusivamente, los principales talentos literarios de cualquier país, unas personas absolutamente liberadas de las empresas editoriales, siempre dictadoras de parámetros, porque ellos mismos serán persona y empresa, letras digitalizadas rabiosamente individuales, unos escritores con la constante de expandir a los cuatro vientos, a los miles de plumíferos, el valor de la individualidad literaria, el mensaje de que cada barco aguante su vela. Como ocurre en cada siglo, los narradores que perdurarán se cuantificarán como con cuentagotas. Pero saldrán, que es lo importante. Saldrán.

Texto perteneciente al libro titulado ARTÍCULOS DOMINICALES

*

CARTA A LOS JÓVENES ESCRITORES

La Victoria, Córdoba

Martes, 7 de Abril de 2009 Sin comentarios

Entrada en La Victoria, Córdoba

Iglesia de La Victoria, Códoba

Entrada en La Victoria, Córdoba, el pueblo de mis padres. He de desandar un poco lo rodado por el taxi, ya que simpatizo con retratarme junto a la señal de tráfico que anuncia el pueblo que visito. Recuerdo que hice lo mismo en Iria Flavia, la aldea de Camilo José Cela. A la izquierda, olivos; a la derecha, más allá de una valla, un mercadillo ambulante. Subo por la carretera, el Paseo de La Victoria. Llamada a mi madre. Sonrisas. Consejos. Mandas.

Estoy en la Plaza España, frente a la iglesia donde se casaron mis padres. Se llama Parroquia de San Pedro Alcántara. Me la encuentro cerrada. Apenas aparece gente. Siguen zumbando las corrientes de aire frío. La limpieza del cielo resplandece. Como el Ayuntamiento lo tengo a unos metros, pregunto a una señora de las oficinas si sabe si abrirán la iglesia a lo largo de la mañana. Cree que no. Y me ofrece indicaciones sobre la casa donde vive el cura. No llega a tanto mi curiosidad. Salgo. Me siento frente a la blaquísima iglesia. Empiezo a escribir en la libreta. Cantan dos gallos, hermanados. A veces se agradece el aire frío, debido al sol, que es muy potente. Gana el frío, que me deja la barbilla más bien helada. Los rayos del sol parecen un bálsamo. Recuerdo que por el camino he visto al Pino, un abuelo paisano con el que trabajé en la fábrica de Cornellá. Delante, a mi derecha, sentado como yo, hay un tipo con aspecto de vagabundo, un tipo muy renegrido, ignoro si por poseer sangre gitana o por la continua quemazón del aire en suspenso. Este tipo observa cómo escribo en la libreta. Nueva llamada a mi madre. Le indico novedades sobre su iglesia. Me recuerda lo de su madrina, que vive a unos pasos. Cuelgo. Ha desaparecido el tipo con aspecto de vagabundo. Hay gorriones que susurran en mi oído notas agradables. La iglesia —el casorio de mis padres, el bautizo de mis hermanas mayores— tiene sus tejas, su espadaña con tres campanas, su pórtico de seis columnas. Imagino a mis padres, de recién casados, saliendo por esa puerta de la iglesia. También me acuerdo de la tumba de mi padre. Honda impresión. Vuelvo a imaginar a mis padres, de recién casados, saliendo por esa misma puerta. Mi madre va agarrada del brazo de mi padre. Los dos, un instante, al mismo tiempo, desvían su mirada hacia el punto exacto donde estoy sentado. A mi padre, con buena planta, mucho más guapo que yo, le distingo una sonrisa picarona. La sonrisa de mi madre es distinta, tiene que ver con la flor de los almendros. Se le distingue la radiación de sus ojos azules.

Guardo la libreta. Me levanto. Sigo con mi camino.

Francisco Umbral…(54)

Martes, 17 de Marzo de 2009 Sin comentarios

Francisco Umbral

Aunque no suelo contestar a los comentaristas, de acuerdo, Fugazi, te respondo. A mí Francisco Umbral me gusta. Se parece a Cela, pero con obras que dejan mucho que desear. Su nivel literario no ha sido constante, cosa que no está a la altura de un genio.

(…)

Texto perteneciente a la novela titulada CALIENTE (pág. 61).

¡Prosiguen sus vacas sagradas!…(17)

Viernes, 23 de Enero de 2009 Sin comentarios

Federico García Lorca

José Ángel Mañas

Antonio Gálvez Alcaide

Federico García Lorca. Cuidado, tenemos delante a Federico García Lorca. Mira que es guapo. ¡Qué bello por dentro y por fuera! Aunque este eskritor no fue ninguneado literariamente, como le ocurrió a Bukowski, sí que fue perseguido y asesinado. Nada más empezar la guerra civil española, lo pillan y lo matan. Fue uno de los primeros en caer. ¡Qué rabia! Cada vez que releo cualquier cosa suya, siento un nudo en la garganta.

Cuando cursaba primero de ESO, vi por la tele, a la hora del telediario, a Camilo José Cela. Era 1998 y se conmemoraban los cien años del nacimiento de Lorca. Un periodista le preguntó al Nobel si tenía algo en contra de los homosexuales, refiriéndose a Lorca, y Cela le contestó algo que nadie se esperaba: «No tengo nada en contra. Sólo me limito a que no me den por kulo». Estas palabras se me quedaron grabadas.

José Ángel Mañas. Qué guapete está aquí José Ángel Mañas. Yo lo he llegado a ver con unos ricitos tipo afro que le quedaban fatal. Ahora vive en Francia con una chica de allí, una piba que tiene todos mis respetos. Pero como yo soy de las que van con la cara por delante, declaro que como me encuentre a mi vaca Mañas por ahí, le tiro los trastos. Por lo menos intentaré komérsela. Las cosas claras y el chocolate espeso. Ya es bastante mayor. Sobrepasa los 30. Marcó mis nueve o diez años con sus Historias del Kronen.

Antonio Gálvez Alcaide. En la foto se le ve con cara de frío y entre los muertos. Este eskritor es ya una influencia muy significativa para mí. Me leí su primera novela, El Paseo de los Caracoles (trata de muertos), y me sentí tan alucinada que se ha convertido en mi principal vaca sagrada. Se da poco bombo y sospecho que es de lo que no hay, tanto en lo personal como en lo literario. En su obra aparece mucho la muerte y los muertos. Da la sensación de que eskribe mejor que nadie porque se comunica con los muertos. Da la sensación de que los muertos le aconsejan y le descubren sus experiencias humanas, alumbrándole nuevas sensibilidades y resquicios remotos. Me daría miedo conocerlo.

La literatura: el único objetivo claro que persigue mi rabiosa inteligencia.

Texto perteneciente a la novela titulada CALIENTE (pág. 24-25).

Llega el limbo…(15)

Miércoles, 21 de Enero de 2009 Sin comentarios

Lucía Etxebarría

Camilo José Cela

marina_castano

Lucía Etxebarría. Cuando yo tenía diez u once años, vi que aparecía mucho esta chica por la tele, en esos programas de tertulias de pelea de TV5. Lucía Etxebarría chillaba como una verdulera. Tenía un grito de pito que proporcionaba claustrofobia. Mi madre decía «menuda farsante». Por supuesto que sí. Esta chica iba de defensora de la mujer, y sigue yendo. Falso. No es original. Lo que ella expresa en su obra lo he leído yo en un montón del artículos de la prensa eskrita. Un asunto ético muy trasnochado por repetido. ¡Bah! Esta chica eskribe como ella es, una estridente voz de pito. Me leí su primera novela. Nunka más me hará perder dinero esta falsa autora, un claro producto comercial. Nunka.

Autores en el limbo

Los autores en el limbo son los que están a un paso de convertirse en vacas sagradas. Por ahora hay sólo tres. Con el tiempo Dios dirá. ¿Dios?

Camilo José Cela. ¿Qué podría decir de Cela? Sólo he leído cinco libros suyos y me tiene deslumbrada. A este autor lo he visto algo en la tele. En el terreno personal le doy la razón a su hijo. Una vez afirmó en la tele que los viejos de la edad de su padre tienden a convertirse en gilipollas. Y esto lo dijo poco después de morirse el patriarca (el padre, premio Nobel, tiene desheredado al hijo, sin premio). Lo cierto es que el tiempo le da la razón al hijo.

Cela estaba muy enamorado de Marina Castaño, su viuda, una cuestión tenida por recíproca oficialmente. Daban a entender que se querían. Toda la peña creía en el amor del premio Nobel de Literatura, en la reciprocidad amorosa de la dichosa pareja con tantísima diferencia de edad. Pues bien, el tiempo demuestra que Cela hizo el gilipollas, como muy bien sabía su propio hijo. Según me han contado, el año pasado, en el verano de 2002, cinco o seis meses después de la muerte de su amadísimo Cela, a Marina se la vio a solas, sin duelo amoroso, con un hombre inglés en su yate ibicenco. Yo no sabía si creérmelo, ya que un premio Nobel no puede meter tanto la pata, equivocarse tanto con su mujer y hacer el gilipollas.

Texto perteneciente a la novela titulada CALIENTE (pág. 23-24).

Denostando…(14)

Martes, 20 de Enero de 2009 2 comentarios

orejas_de_burro

Benjamín Prado

Juan Manuel de Prada

Autores denostados

Intentaré eskribir poca cosa de mis autores denostados, precisamente porque los tengo denostados, muy denostados, sin exagerar. Los considero un timo literario. Al comenzar a leer sus libros me dieron ganas de llorar. Sus elevados precios me habían robado buena parte de mi asignación semanal. ¡Ah, qué rabia! Se merecen que se eskriba poca cosa de ellos, poquita cosa. Literariamente, como diría Cela, son unos «cagapoquito».

Benjamín Prado. Porca miseria literaria y personal. Me explico. Sé por boca de Ray Loriga que este Benjamín es su cuñado. Pues bien, pasa el tiempo y me compro la novela de Benjamín que se titula Raro. La primera y última novela que me leo de Benjamín. Antes de leer la primera página ya me sentí, literariamente, ultrajada. Aparece esta aclaración: «El 11 de mayo de 1995, un jurado integrado por Iñaki Ezquerra, Raúl Guerra Garrido, Ray Loriga, Juan Antonio Masoliver Ródenas, Melchor Miralles, Enrique Murillo y Justo Navarro concedió, por unanimidad, el tercer Premio de Novela «El Sitio» de Bilbao a Raro de Benjamín Prado».

¡Pero cómo no lo iba a ganar si Ray Loriga, su cuñado, arrimaba manteca en la mesa del jurado! ¡Pero qué guiso podrido son los premios literarios! ¿El amiguismo o los intereses familiares son lo primero? ¡Qué mafia de mierda! ¡Y yo que sigo pensando en eskribir algo decente algún día y mandarlo a una editorial o a un premio literario! Antes de empezar la novela supe que era una mierda, como verdaderamente fue.

Juan Manuel de Prada. Los principales referentes que tengo de este pavo, me vienen de mi madre, que siguió su trayectoria desde el principio. Aparte de aficionada a la literatura, mi madre se lee todos los días los diarios El País y ABC, un ejemplo de periódicos contrapuestos. Le debo mucho a ella. Dice mi madre que Prada pudo subir a las alturas literarias por cuatro pesos pesados del diario ABC y cuatro pesos pesados próximos a ABC, que vieron en él riqueza léxica, afinidad política de derechas y juventud, con lo que se aseguraba el periódico savia nueva moldeada para cincuenta años más. Tal vez tenga razón mi madre. Yo lo único que sé es que probé con un libro suyo de relatos y que me dio mucha rabia tanta palabra hueca, digna de una cabeza hueca. Pasó el tiempo y le dieron el premio Planeta. Siguió pasando el tiempo y, por no perder tanto dinero, me compré la novela del Planeta cuando salió en edición de bolsillo: me la tuve que leer en diagonal y saltándome las páginas a pares. ¡Qué paciencia tuve que tener con Juan Manuel! Si conociera mejor el programa Photopaint, a su fotografía de arriba le habría dibujado orejas de burro.

Texto perteneciente a la novela titulada CALIENTE (pág. 21-23).

Última cubierta

Lunes, 3 de Noviembre de 2008 Sin comentarios

Ya me ha llegado la cubierta de Dietario en Red 2007-2008. Me gusta mucho. Incluso creo que contiene cierta fuerza original. No me suena que los medios hayan sacado en portada la fotografía de la tumba de Camilo José Cela. Ni en portada ni en páginas interiores.

Las letras centrales de la lápida dicen mucho de la personalidad del finado, un finado que llegó a ser poderoso e ilustre en el sector literario, independientemente de sus presuntos chanchullos, chollos en bandeja y demás tintineos secundarios.

Texto perteneciente a DIETARIO EN RED 2007-2008.

La primera llamada de Madrid

Lunes, 6 de Octubre de 2008 3 comentarios

Palacio de Fernán-Núñez, Madrid, en 1991. En ese instante, tenía a mis espaldas, en el graderío, a Francisco Umbral; y a tres o cuatro metros, en el centro de la mesa a que me dirigía, a Camilo José Cela, que disfrutaba de la reciente concesión del Premio Nobel.

Recogía mi galardón en el XXV Premio de Narraciones Breves Antonio Machado, por el relato titulado La molondra de don Peliforte. Está publicado en el recopilatorio Curación milagrosa, por la Fundación de los Ferrocarriles Españoles, editorial radicada en Madrid. Tiene dos ediciones. La primera, de 1992; la segunda, de 1998. Veamos el Prólogo de esta segunda edición:

“Un acontecimiento importante, la inauguración por los Reyes de España de la sede de la Fundación Camilo José Cela en Iria Flavia, propició que la concesión del XV Premio de Narraciones Breves “Antonio Machado” volviese a tener como marco –al igual que el año anterior, en que la Fundación de los Ferrocarriles Españoles entregó la vieja locomotora Sar, más conocida por “Sarita” desde tiempos inmemoriales por todos los habitantes de la comarca- la noble tierra gallega de Padrón.
En la mañana del 11 de junio de 1991, bajo un sol de justicia y entre numerosísimos invitados, Don Juan Carlos y Doña Sofía presidieron el solemne acto en la Casa de los Canónigos y, por la tarde, el Jurado del decimoquinto “Antonio Machado” se reunió en un restaurante cercano, que inauguró a su vez una sala noble que lleva el nombre del escritor padronés. El Jurado, presidido por Camilo José Cela, estuvo formado en esta ocasión por Joaquín Calvo Sotelo, Salvador Clotas, Mercè Sala, Mariano Tudela, Francisco Umbral –ganador de la anterior edición con su cuento “Tatuaje”- Darío Villanueva y Luis Vélez Riesco, que actuó como secretario.
Entre las diez narraciones seleccionadas -de las más de dos mil recibidas- la calidad literaria se mostraba a excelente altura, lo que dio lugar a que las deliberaciones de los miembros del Jurado se extendiesen por bastante tiempo”.

La tercera edición de La molondra de don Peliforte pertenece a Cuentos agrios. Ver fragmento inicial.

Cementerios

Domingo, 21 de Septiembre de 2008 4 comentarios

Los cementerios. El miedo o el resquemor hacia los cementerios. Hay algo en mí que no concuerda con esos sentimientos generalizados. El motivo es natural: de los siete a nueve años de edad acostumbraba pasear los fines de semana, con un primo mío, por todas las callejas del cementerio que teníamos a dos manzanas de nuestras casas, el cementerio de Cornellá de Llobregat. Casi todos los muertos nos presentaban su rostro a través de sus fotos antiguas, muchas de ellas de pergeños siniestros.

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2007-2008.

El Projecte de Recerca

Miércoles, 17 de Septiembre de 2008 3 comentarios

CATÁLOGO

Estoy muy académico últimamente. La necesidad obliga. El pasado domingo tracé una especie de proyecto curricular, una especie de orden a seguir en el cursillo que acabo de inventarme para el Projecte de Recerca de 4º de ESO. Imagino que en el resto del país esta asignatura nueva de la LOE se llama Proyecto de Investigación, con sus analogías correspondientes en Galicia y País Vasco. Como tal vez haya algún profesor por esos institutos que la larga y ancha esfera celestial acoge y que, es un suponer, todavía le esté dando vueltas al asunto, se me ocurre colgar el proyecto del cursillo que he creado por si hay algún profesor que pueda aprovechar algo o que me regale alguna idea que habría de poner en práctica.

A mí me parece que si me tocan unos alumnos majotes, puedo pasar una hora a la semana muy buena, muy entretenida, muy sabrosona, simpática e interesante. En cambio, si me tocan unos alumnos malotes, el cursillo puede chirriar no como una barca achacosa que hace aguas, sino como el robín de un afilado hierro.

Veamos esta especie de proyecto curricular que he presentado a mi coordinadora de cuartos, que también pertenece a mi departamento, una mujer con la que da mucho gusto hablar.

4º ESO. Projecte de Recerca.
Profesor: Antonio Gálvez Alcaide
La violencia en los medios: literatura, prensa y cine.
Análisis crítico de los distintos tipos de violencia que aparecen en los medios escritos y audiovisuales como parte, o espejo, de la realidad.

INTRODUCCIÓN

Vivimos en una situación de comunicación globalizada en la que cualquier tipo de violencia sale a relucir de manera cotidiana y de forma inmediata. Este proyecto de investigación clasificará y analizará críticamente este tipo de contenidos en sus tres apartados: literatura, prensa (a través de Internet) y cine, que coincidirán con los tres trimestres en que se divide el curso.

La violencia machista, o de género; la violencia gratuita, sin finalidades aparentes; la violencia psicológica, o verbal; la violencia pretendidamente moralizante; la violencia frente a amenazas; la violencia política; la violencia contra animales, o contra el ecosistema… He aquí una propuesta de clasificación, a modo de ejemplo, que los alumnos podrán incrementar a lo largo del proyecto, siempre siguiendo una forma ordenada, estructurada y analítica que partirá de un modelo común, de base, en todos los grupos, a cuyo término cada uno de ellos habrá de escoger distintos puntos de partida a desarrollar siguiendo las pautas del modelo básico.

Como colofón presentarán una encuesta realizada en la calle, que precederá a la presentación y comentario, por grupos, de todo el trabajo investigado a lo largo del trimestre.

APARTADOS Y ESTRUCTURA

Primer trimestre: Literatura.

Modelo común: La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela.

La violencia en sus fragmentos introductorios. Análisis y conclusiones.
Clasificación de la violencia en los capítulos restantes. Análisis y conclusiones.
Libre elección de distintas obras literarias, tanto de narrativa como de poesía y teatro. Habrán de seguir la misma estructura del modelo común.
Encuesta en la calle sobre los distintos tipos de violencia analizados. Presentación y comentarios en clase.
Fin de trimestre. Presentación, por grupos, de la conclusión general sobre toda la experiencia desarrollada.

Segundo trimestre: Prensa.

Como toda la prensa diaria aparece en Internet, los alumnos habrán debido de escoger, a lo largo del primer trimestre, un mínimo de cinco noticias que en el segundo trimestre podrían analizar si la actualidad del momento no les ofrece otras noticias de interés.
Modelo común: el escogido por el profesor.
Lectura de la noticia. Resumen escrito.
Clasificación de la violencia. Análisis y conclusiones
Libre elección de noticias. Habrán de seguir la misma estructura del modelo común.

Encuesta en la calle sobre los distintos tipos de violencia analizados. Presentación y comentarios en clase.
Fin de trimestre. Presentación, por grupos, de la conclusión general sobre toda la experiencia desarrollada.

Tercer trimestre: Cine.

Modelo común: Thelma y Louise, de Ridley Scott.
Ficha técnica. Sinopsis.
Clasificación de la violencia en los distintos tramos del filme. Contextualizar, analizar y llegar a conclusiones.

Libre elección de distintas obras cinematográficas. Habrán de seguir la misma estructura del modelo común.
Encuesta en la calle sobre los distintos tipos de violencia analizados. Presentación y comentarios en clase.
Fin de trimestre. Presentación, por grupos, de la conclusión general sobre toda la experiencia desarrollada.

EVALUACIÓN FINAL

Presentación y comentarios, por grupos, del dossier final, que abarcará la investigación desarrollada a lo largo de los tres trimestres.
El dossier habrá de incluir una conclusión global del curso, que confronte los tres ámbitos investigados.

Texto perteneciente a DIETARIO EN RED 2007-2008.

Sobre La familia de Pascual Duarte

Viernes, 12 de Septiembre de 2008 2 comentarios

CATÁLOGO

Como le estoy dando vueltas al Projecte de Recerca que he de impartir a lo largo del curso que comienza el lunes, en 4º de ESO (su nomenclatura cambia para distinguirla del Treball de Recerca de Bachillerato), se me ha ocurrido hociquear en mi polvoriento archivo universitario, a la búsqueda de un trabajo que hice sobre La familia de Pascual Duarte. El Projecte de Recerca lo he titulado así: La violencia en los medios: literatura, prensa y cine. Como he decidido arrancar el asunto en el apartado literario, con la primera novela de Camilo José Cela, me he puesto a rebuscar, como digo, como quien rebusca patatas sobre la tierra, en mi amarillento archivo universitario.

No he tardado demasiado en encontrar el trabajo, un trabajo que escribí hace dieciséis años. Y decido transcribirlo, en estas páginas de la memoria, a modo de recordatorio, de autoayuda, para llegar al aula más avisado. Me ha llamado la atención, con alguna sonrisa desperdigada, el reencuentro con una prosa académica, mi prosa académica, una prosa que apenas tengo cultivada, ya que lo mío ha sido siempre la narrativa, una prosa académica algo tiesa, como con calzón planchado. El trabajo lo tengo evaluado por Anna Caballé, con quien estoy manteniendo, este año, una correspondencia electrónica sabrosísima.

Veamos el trabajo.

Antonio Gálvez Alcaide. Crítica Literaria.

La familia de Pascual Duarte, una violencia contenida.

Según Camilo José Cela nos da a entender, un libro nace cuando está impreso y en las librerías. El autor concluyó La familia de Pascual Duarte el día 7 de enero de 1942; pero estuvo en sus manos, en forma de libro, a finales de año. Cela lo explicó en su momento: «Pascual Duarte nació, para mí que soy su padre, el 28 de diciembre de 1942, el día de los Santos Inocentes, en un garaje que hay en la calle de Alenza, número 20, ya casi al final, y que se llama Continental-Auto. Esto de Continental-Auto es una línea de autobuses que hace el servicio de Madrid a Burgos y de Burgos a Madrid, llevando y trayendo viajeros, equipajes y paquetes».

Por eso mismo, ahora —y no antes— que estamos cerca del día 28 de diciembre podemos conmemorar los cincuenta años de su nacimiento. Feliz cumpleaños, Pascual, posiblemente a muchos escritores que se precian de serlo les has enseñado algo desde que llegaste al mundo casi como un cagajón, y eso que sólo sabías las cuatro reglas.

La familia de Pascual Duarte fue muy atrevida en su tiempo. Debido a la violencia que entraña, incluso Pío Baroja rechazó escribirle un prólogo por temor a hospedarse en la cárcel. La segunda edición se prohibió mientras la aridez cultural de la época se engrandecía inevitablemente intentando entontecer con su política represivo-educativa. En realidad, la violencia de la novela es muy doméstica, se de-sarrolla en casa, de puertas adentro. Pascual nunca amenazó a la sociedad, sino que ésta —su familia y poco más— le amenazó a él.

A la novela ni le falta ni le sobra violencia. Pero a mí me da la sensación de que esta violencia, que incluso fue tildada de tremendista, se nos ha quedado encogida, de que el lector actual se esperaba más tomate cuando termina el libro. Tal vez, y en buena medida, se deba a los preliminares de los diecinueve capítulos de que consta.

Al inicio, en la «Nota del transcriptor», se anuncia sobre Pascual que «por lo único que lo saco a la luz, es un modelo de conductas; un modelo no para imitarlo, sino para huirlo». De aquí se deduce que si hay que huir de Pascual es porque se yergue como un criminal en potencia que puede matar a cualquiera en el menor descuido y sin la menor explicación. Y esto no se refleja en el libro, donde sólo mueren dos personas bajo las garras de Pascual: su madre, en la casa, y el rufián de su hermana, que había ido a su casa para provocarlo. Más adelante encontramos una «Cláusula del testamento ológrafo» del portador del manuscrito de nuestro personaje, en el que alude al legajo de cuartillas afirmando que «sea dado a las llamas sin leerlo, y sin demora alguna, por disolvente y contrario a las buenas costumbres». Después, en la siguiente página, atisbamos en la dedicatoria de Pascual: «A la memoria del insigne patricio don Jesús González de la Riva, Conde de Torremejía, quien al irlo a rematar el autor de este escrito, le llamó Pascualillo y sonreía». Con estos preliminares de la novela, la aberración criminal parece asegurada. No es así.

El capítulo primero es el que presta más atención al Conde don Jesús, y sólo lo hace para describir mínimamente su casa, que destaca sobre las demás del pueblo. Ya está. El Conde don Jesús va convirtiéndose página tras página en un fantasma al que no le reluce la faz.

Sobre este personaje, algunos críticos han observado connotaciones políticas, a causa de que se trata del asesinato de un terrateniente. Quizá tengan razón. En este caso, el nulo desarrollo de este personaje puede justificarse en el sentido de no sumar más berenjenal al polvorín de la obra que, por otra parte, se había de leer en la España de 1942; es decir, aparece poco por una especie de autocensura. Yo aseguraría que si este Conde se evapora entre las páginas es porque su autor ha preferido centrarse en Pascual y su familia, sin autocensuras ni frenos, que bastante revuelta ondula la marea de la obra para que una pequeña ola desborde su inmensidad. En definitiva, Cela ha dibujado poco al Conde don Jesús porque le ha dado la gana. La materia creativa únicamente atiende a disposiciones del artista. Indagar más sobre este tema es buscarle los tres pies al gato. Además, al mismo Pascual no le dio la gana trazar más al Conde don Jesús. El final del libro, con su «Otra nota del transcriptor», nos lo confirma: «Ignoramos, porque Pascual se cerró a la banda y no dijo esta boca es mía más que cuando le dio la gana, que fue muy pocas veces, los motivos que tuvo y los impulsos que le acometieron» para asesinar a don Jesús. En esta «nota» descubrimos que los acontecimientos tuvieron lugar «durante los quince días de revolución que pasaron sobre su pueblo». Queda claro, así, que en la autobiografía de Pascual sólo interesan los asuntos relacionados con el propio narrador y su familia. Lo que en esta obra queda explícito es una violencia contenida y doméstica, sin tremendismos.

Antes de ahondar en la violencia de stop continuo, me gustaría hacer referencia a las otras dos muertes que se producen en manos de Pascual. Son las de su perrilla y su yegua.

En la actualidad, quien quiere deshacerse de un animal, lo puede hacer de dos maneras distintas. Si los propietarios se hallan en la ciudad y son piadosos, al animal lo mandan a que lo sacrifiquen; si no es así, entonces lo abandonan. En los pueblos sacrifican a sus animales sus mismos propietarios, tanto si son adultos estos animales como si acaban de nacer. Pascual es de la calaña última.

La razón de la muerte de la yegua (capítulo 9) se puede comprender sin echar mano a las malas intenciones del protagonista. La mata porque horas antes ha derribado a su esposa y le ha procurado un aborto; y si la acomete mediante un sinfín de puñaladas es porque un animal de tal poderío no declina con unos cuantos navajazos. La muerte de la perrilla (cap. 1) es más comprometida. La mata de improviso porque le resulta antipática, ya ha dejado de quererla, no desea tenerla consigo. Pero aquí entendemos un guiño destacable, el anticlericalismo de Pascual, que ya es bastante, y una gota de choque psicológico que hay que añadir a las acciones posteriores (la degradación psicológica es importantísima).

La perrilla perdiguera «tenía la mirada de los confesores, escrutadora y fría, (…) como si fuese a culparme de algo de un momento a otro». De este modo, se mata simbólicamente la figura del sacerdote. En páginas posteriores Pascual alude al cura de su pueblo (cap. 4) y afirma: «Había dicho de mí que era una rosa talmente en un estercolero y bien sabe Dios qué ganas me entraron de ahogarlo en aquel momento». Este mismo cura es el que casa a nuestro protagonista (cap. 8), y sobre ello aclara Pascual: «Nos echó la bendición y un sermoncete al acabar, que duró así como tres veces la ceremonia, y que si aguanté no por otra cosa fuera —¡bien lo sabe Dios!— que por creerlo de obligación; tan aburrido me llegó a tener». Más adelante (cap. 13), Pascual nos enseña sus impresiones sobre un acto de confesión con el cura de la cárcel: «Me dio la bendición, tuve que hacer un esfuerzo extraordinario para recibirla sin albergar pensamientos siniestros en la cabeza (…). Pasé mucha vergüenza, muchísima, pero nunca fuera tanta como la que creí pasar». Estas citas son lo suficientemente elocuentes como para ahorrarnos comentarios. Pascual contiene su rabia hacia los curas, así como contra su madre y los demás.

A lo largo de los capítulos segundo y tercero asistimos a la presentación de sus padres —feroces como lobos y en mutuo intercambio de golpes— y de su hermana, única persona por la que el padre se ablanda. La madre, recién parida, ni siquiera se libra de las palizas. Pascual es hijo de animales, por lo tanto, aunque con mayor capacidad de reflexión, él es otro animal, por herencia genética, como nos lo da a entender: «Se llevaban mal mis padres; a su poca educación se unía su escasez de virtudes y su falta de conformidad con lo que Dios les mandaba —defectos todos ellos que para mi desgracia hube de heredar—». A lo largo de la novela, Pascual sólo se siente querido por Rosario, la hermana, aunque «servía para todo y para nada bueno». La primera muestra de violencia contenida se presenta a causa de la hermana, que se había marchado de casa, a un pueblo vecino, para servir y amancebarse con un tal Estirao.

Pascual se halla cazando en el monte (cap. 3), con una escopeta, y aparece el Estirao, quien se da a conocer y se ufana de poseer a su hermana. Pascual se contiene y no cesa de repetir: «¡Mira Estirao! ¡Mira Estirao!». El provocador incluso le amenaza de muerte mediante expresiones como «que si tú fueses el novio de mi hermana, te hubiera matado», o bien, «y que si te tropiezo otro día rondándome, te mato en la plaza por la feria». Pascual resiste, nos brinda por vez primera su ancho saco de contención. Y cuando se entera de que aquel día a Rosario «el Estirao le cruzó la cara con la varita», su hermana le «pidió por su salud que se quedase en el pueblo».

Acabamos de ejemplificar un drama familiar, una contención, y es que la novela se sostiene en las desgracias caseras. En efecto, con el fallecimiento del padre (cap. 4), que como buen animal muere rabiando como los perros, se nos presenta el nacimiento de su hermanito nuevo y deficiente, Mario.

Con la muerte del padre surge el primer retazo en que la madre desconcierta la conciencia de Pascual. Ante el descubrimiento del cadáver, Pascual afirma: «A mí me asustó un tanto que mi madre en vez de llorar, como esperaba, se riese». La madre, sutilmente, va jugando un papel fundamental en la merma psicológica de Pascual. La madre recibe en su casa al amante, el señor Rafael, de quien se sospecha la paternidad de Mario y quien propina tal patada al niño que lo deja sin sentido. «La criatura se quedó tirada todo lo larga que era y mi madre —le aseguro que me asusté en aquel momento que la vi tan ruin— no lo cogía y se reía haciéndole el coro al señor Rafael». Pero Pascual, testigo del hecho, contiene los redaños, tampoco levanta a su hermano y anuncia con furia: «¡Si el señor Rafael, en el momento, me hubiera llamado blando, por Dios que lo machaco delante de mi madre!». Ya sabemos que Pascual se nos ha presentado como un terrible criminal, sin embargo, para tal título también deducimos que es un criminal peculiar, con demasiada paciencia. El final de esta escena es sobresaliente: «Cuando el señor Rafael acabó por marcharse, mi madre recogió a Mario, lo acunó en el regazo y le estuvo lamiendo la herida toda la noche, como una perra parida a los cachorros». Este fragmento contiene la mayor nota de animalidad de toda la novela, nunca mejor podemos cerciorarnos de la bestial caracterización de esta familia. Tengamos presente estas risas de la madre para utilizarlas como nexo en sus acciones posteriores.

El siguiente capítulo nos avisa de la inquina que el protagonista cobra a su madre, con ocasión del entierro de Mario, muerto en un desgraciado accidente doméstico. Pascual y su hermana lloran al finado, y como la madre de-siste de tal arrojo sentimental, concluye nuestro protagonista: «Tal odio llegué a cobrar a mi madre, y tan deprisa había de crecerme, que llegué a tener miedo de mí mismo». La llegó a contemplar como a «un enemigo rabioso, que no hay peor enemigo que el de la misma sangre». Lo que desemboca en un extremo preocupante, se diluye en el capitulo posterior, el sexto, donde el reo reflexiona sobre su cambio de celda, con tono poético. Estas reflexiones, a las que Pascual denomina «estas filosofías», se repiten en la obra generalmente en un momento de clímax, con lo que se retarda el fervor del protagonista o, lo que es lo mismo, se contiene su índice de criminalidad.

Se conoce que a Pascual le fastidia mucho que se rían del mal ajeno. Cuando atropella a una anciana con su yegua —le acompaña su primera mujer, Lola, en viaje de novios—, escribe sobre su esposa (cap. 8): «Ésta se reía, y su risa, créame usted, me hizo mucho daño». Más daño le haría después, en lo que se refiere a la madre.

A partir del capítulo décimo, el ánimo de Pascual se vuelve «huraño y montaraz, aprensivo y hosco» por la «idea de que mi mujer pudiera volver a abortar». No lo hace, pero el hijo que les nace, Pascualillo, sólo dura once meses. Desde entonces la atmósfera de la casa se torna irrespirable. Y no por Pascual, sino por su madre y la esposa: «Parecía como si se hubiesen puesto de acuerdo para amargarme la vida». Ellas, en todo momento, se quejan del mal aire que se llevó al niño, y se vuelven escuetas con Pascual, como si él tuviera la culpa. El lamento «parecía una letanía». «Y así un día, y otro día, y una semana, y otra…». Y ahora, por boca de nuestro personaje, afloran las palabras clave del presente análisis: «Y yo me contenía».

La esposa afirma: «¡Eres como tu hermano!», lo cual se convierte en «la puñalada a traición que mi mujer gozaba en asestarme…». Y la madre no se queda atrás: «¡Ay, si tu padre Esteban viera tu poco arranque!». Ante todo este cúmulo de improperios, Pascual llega a convencerse de lo que las dos mujeres le dan a entender, que es «un hombre maldito», y huye. De nuevo un clímax da paso a la reflexión en la cárcel (cap. 13) y al desarrollo de su escapada, que dura dos años, a Madrid y La Coruña (cap. 14).

Como la novela es la recreación de un drama familiar, Pascual vuelve a casa tirado por el lazo de la nostalgia (cap. 15), pero se encuentra con que su mujer está embarazada de otro, evidentemente. Pascual no echa mano a su sambenito de criminal, una vena asesina hubiera matado a su esposa de un peñascazo por esa deshonra. Pascual se refugia en un halo comprensión, demasiado inexplicable para semejante bestia, y permite la gestación de la criatura a ruegos de la mujer, que se resiste a darle el nombre del padre de la criatura, y cuando lo hace, después de mencionar «¡el Estirao!», se muere sola, presumiblemente de un infarto.

A partir de aquí, «un nido de alacranes se revolvió en mi pecho y, en cada gota de sangre de mis venas, una víbora me mordía la carne» (cap. 16); y de este modo, sin contener su furia, sale en busca del Estirao, que ha huido. Sin embargo, el prófugo se presenta en casa de la familia, «flamenco como un faraón», para llevarse a la hermana, creyendo que Pascual es poco impedimento. La provocación es notoria. Pascual se resiste al rapto de su hermana y confiesa que «para que no pasase lo de la vez anterior, le di tan fuerte golpe con una banqueta en medio de la cara que lo tiré de espaldas». Por ahora todo queda en mera defensa propia; en cambio, el herido le amenaza de muerte y no se calla la diatriba contra su esposa. «Era demasiada chulería», Pascual le aplasta el pecho a las puertas de su propia casa. Se refleja, así, el primer asesinato con sabor a mínima alevosía, y muy cerca del final de la novela. Parece ser que Pascual no es un criminal tan abominable, aunque aquí ya dejó de contenerse.

Tras la cúspide de tal clímax, se recoge una nueva reflexión en la cárcel y sobre la cárcel (cap. 17), donde se comportó impecablemente en la sentencia que le había caído de veintiocho años, de los que sólo cumplió tres. Al pensar sobre su vuelta, imagina a su madre «que en tres años a lo mejor Dios había querido suavizar». Nuestro protagonista regresa, y el hecho de que no sea tomado por un criminal, lo atestiguan dos personajes a quienes Pascual escucha, oculto, cerca de su casa: «Ya ves lo que a Pascual le pasó». «Y no hizo más que lo que hubiéramos hecho cualquiera». «Defender a la mujer. «Claro». Por ahora es injusto que se nos haya presentado al homicida, en los preliminares de la obra, de una forma tan denigrante.

La madre le abre la puerta —recordemos que hace tres años que no la ve— y lo recibe con una frialdad estremecedora, incluso Pascual asegura que su madre hubiera preferido no verle.

Su hermana le busca una novia y, con su nuevo matrimonio, llegamos al último capítulo, en que su madre «seguía usando de las mismas mañas y de iguales malas artes que antes de que me tuvieran encerrado». Su nueva esposa le insinúa marcharse de casa, debido a las tensiones que padece. A Pascual incluso le invade «la idea de la emigración». Por fin a nuestro personaje lo columbramos sentenciado. Afirma: «Mi madre sentía una insistente satisfacción en tentarme los genios». «No quería ni verla». El asesinato de la madre baila en la cuerda floja: «Afilé el cuchillo de monte». «La conciencia no me remordería; no habría motivo. La conciencia sólo remuerde de las injusticias cometidas». Pascual, con el cuchillo, irrumpe en la oscura habitación de la madre, que duerme. Aun así le vemos limpio de buena culpa porque, según nos explica: «Di la vuelta para marchar. El suelo crujía. Mi madre se revolvió en la cama». Y esta es la causa por la que, sin salida, comienza la lucha entre dos hienas. Pascual, al final de la novela, ha dejado de contenerse, pero ahora las consecuencias ya no pueden ampararse en ningún tipo de excusas.

Hemos podido comprobar que la criminalidad de nuestro personaje sólo se muestra explícita en el último capítulo de la obra; que antes, por su parte, lo único que hace es resistir, contenerse, huir, que no existe mayor tremendismo que una desgracia familiar.

La familia de Pascual Duarte no tuvo otra opción que consagrarse, pues el alto nivel literario escarba sólidos muros con su propia inercia, sorteando fobias y demás callejas minadas. Ahora —que no antes— se cumplen los cincuenta años de su nacimiento y, por aquello de la nostalgia que colea en el paso del tiempo y defender, al mismo tiempo, la conmemoración en este momento —que no antes—, me complace citar un fragmento de Cela, que pertenece a un artículo titulado «Inevitable, rigurosamente inevitable», de Papeles de Son Armadans, nº CXLII, enero de 1968: «La familia de Pascual Duarte cumple, en este mes de diciembre de 1967, veinticinco años de gozos y sobresaltos, de aplausos y de pateos, de plácemes, de maldiciones y de indiferencias. Todo suma y nutre (lo que no mata, engorda) y todo, para bien o para mal, es inevitable, rigurosamente inevitable».

Feliz cumpleaños, Pascual, y que el pulso de tu buena pluma sirva de ejemplo a las nuevas generaciones de narradores, que, por lo que parece, pecan de falta de «nervio», como diría Horacio, o de ausencia de «¡duende!», como exclamaría Lorca, o de nula ambición literaria, como asegura un servidor. Feliz cumpleaños, y que todos recordemos el medio siglo del nacimiento de Wendell Espana, Span o Aspen, superando la argamasa del carroñero tiempo, que todo lo aclara y depura.

Barcelona, 22 de noviembre de 1992.

Sob. Un buen trabajo. Se (ilegible) tu sentido del honor.

Texto perteneciente a DIETARIO EN RED 2007-2008.

Tudela

Lunes, 14 de Julio de 2008 Sin comentarios

Con Carlos III, el Noble, en Tudela de Navarra

Son las dos y cuarto. He tenido que tirar del equipaje a todo meter. Los altavoces del Talgo han anunciado la parada cuando el vagón estaba prácticamente detenido. Una bocanada de sol encabritado es lo que he recibido al poner los pies en tierra. Ha sido como si me echara su aliento el fuego. El lado opuesto de hace poco más de 48 horas, cuando me vio llegar la ciudad de Burgos.

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2007-2008.

En la tumba de Valle-Inclán

Domingo, 6 de Julio de 2008 Sin comentarios

CATÁLOGO

Tumba del gran Ramón María del Valle-Inclán

Frente a la tumba del gran Valle-Inclán

A la mañana siguiente de hacerle compaña a la tumba de Camilo José Cela, me dirijo en busca de la tumba de don Ramón María del Valle-Inclán. Sería imperdonable para mí pisar como piso Santiago de Compostela, por primera vez, y no hacerles una visita a mis prestigiados compañeros de gremio. Un prestigio merecido.

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2007-2008.

La salida

Jueves, 3 de Julio de 2008 Sin comentarios

En el tren de Barcelona a La Coruña

Sigo mirando. Sé que con mi mirar me convierto en un mirón. También sé que si dejo de mirar, por no sé qué cuestiones de hipócritas composturas, no se entendería que yo fuese el creador de Paz Vega López.

Los escritores no podemos cerrar los ojos ante nada, ante nadie. Sobre todas las cosas hay que dar cuenta. Por fin rueda la primera rueda del tren. Echo de menos Barcelona tras la distancia del primer metro.

Fragmentos pertenecientes a DIETARIO EN RED 2007-2008.

ABC, artículo 6

Miércoles, 9 de Abril de 2008 Sin comentarios

UN TEXTO PLAGADO DE KAS
Por Antonio Gálvez Alcaide.
Publicado en el diario ABC, el día 17 de julio de 1998.

A uno le van las letras, incluso en la sopa. Algunas veces me alimento con sopa de letras, aun sabiendo que pasado un tiempo he de evacuarla. La necesidad obliga (“miseria homini”). Letras y más letras. Letras en berrinche, letras en desbandada, letras delicadas, letras afiladas, letras ensopadas, letras papanatas, letras para dar y vender.

Acabo de leer una extensa diatriba sobre unos cuantos novelistas del país. Esto de los berrinches de las letras, de las discusiones literarias, es una trocha placentera cuando su forma y su fondo acaparan un apetitoso bocado de letras, cuando la calabazada alumbra un giro de sorprendente luz. Recordemos “Vuestros coplones, cordobés sonado”, de Quevedo contra Góngora, o “Anacreonte español, no hay quien os tope”, de Góngora contra Quevedo, o la más reciente “Pavana para un doncel tontuelo”, de Cela contra Muñoz Molina, que pudimos saborear en un ABC Literario de hace cuatro años. No hace falta insinuar que las letras literarias son inofensivas, muy al contrario de las de los decretos. A José Hierro, los berrinches de las letras le parecen muy bien siempre que obedezcan a la pasión y no a la vanidad. Las pasiones, qué gran ilusión de fortaleza contenida y grietas, de tripa dura y venas tensas.

Metiéndonos en honduras, he de aclarar que la diatriba que he mencionado al principio la firma José Ángel Mañas, mozo bravo para muchos. Se trata de un largo artículo plagado de kas y con una gran mayoría de bes. Sobre estas dos letras, de forma azarosa, y como diría Julio Camba, muda esto, lo otro y lo de más allá. Pero nada. No advertimos dificultades. Los escritores escriben para ser comprendidos. La fonética es la misma, y la sintaxis, reglamentaria, de lo contrario no habría cultura ni contracultura que fuese capaz de entenderlo. El chasis de estas letras es un claro ejemplo de colorete o escaparate, cosa bastante lícita.

Claro es que yo no le voy a dar palmaditas en el hombro al nene aparentemente asilvestrado, ni tampoco lo contrario, que esas trifulcas no son mías, tan sólo me limito a confesar, con mucho gusto, independientemente de las filias y fobias literarias del aludido, que no es tan fresco el pienso como reluce y que innumerables veces los pregoneros no se creen lo que pregonan. Veamos.

En su declaración de principios se manifiesta, básicamente, en contra de la técnica, de lo literario, del estilo oficialesco (?), y a favor de la contracultura y la anarquía. Todo queda muy chillón. Pero suena a paradoja. El artículo muestra una pulcra y nítida estructura, ni siquiera le falta un cuadro de notas con académicas citas y abreviaturas latinas. Debido a su técnica, así como en sus dos primeras novelas (son las que conozco), consigue un ritmo vertiginoso que es de agradecer. Se ve, se veía, que los tabiques de su cráneo no alojan viento huracanado, sino una elaborada inteligencia, sin anarquías. ¿Anárquico? Será de palabra. O sea, un ridículo anárquico que ha pasado por la piedra de los cánones de la licenciatura en Historia, esclavizado a unos horarios y al acojono de los exámenes. ¿Contracultural? Riámonos juntos, kolega. Los verdaderos contracultura siempre han vivido en el subsuelo, y no pasarán de ahí mientras mantengan un mínimo resuello. A los verdaderos contracultura no los apoyan las grandes empresas empapeladas de billetes, que apuestan sobre seguro con sus inmensos aparatos de publicidad, con sus presentaciones por todo lo grande. Los verdaderos contracultura son literalmente marginales y hambrientos. El plato diario de habichuelas se les convierte en pesadilla. Se puede expresar que nuestro muchacho, apoyado por una maquinaria poderosa de productos de consumo, como ha triunfado muy joven, no ha mordido, de cabeza, la fértil tierra.

A la altura de estas líneas, lo que me daba mucho gusto reseñar ya ha sido comentado. Sólo una última evidencia, aunque sea reiterativa. Una clara muestra de la ladina inteligencia del nene aparentemente asilvestrado se atisba cuando, lejos del gargajo con verdina de nombres que denuesta, aparecen respetados tres gigantes: Cela, Umbral y Baroja, al que adora. Este muchacho, si no la casca antes, tiene tiempo para dar juego y sorprender, con sus presuntas bizarrías, a los impresionables.

ABC, artículo 10

Martes, 5 de Febrero de 2008 2 comentarios

El artículo décimo de Antonio Gálvez Alcaide en ABC

“CARTA A LOS JÓVENES ESCRITORES”
Por Antonio Gálvez Alcaide.
Publicado en el diario ABC, el día 11 de noviembre de 1998.

“El título aparece entrecomillado porque es el mismo de un artículo aparecido días antes que firmaba Camilo José Cela. El artículo de Gálvez glosa el de Cela dando la impresión de que amplía e incluso enmienda el tema que aborda su admirado maestro. Incomprensiblemente, a Gálvez no le volvieron a publicar más artículos en ABC. Se presenta, también, el mencionado artículo de Camilo José Cela”.

Me dirijo a ustedes, los autores que caminan a salto de mata por los escarpados caminos de la literatura; a ustedes, los autores que se hallan aislados, por temperamento o por sencillas cuestiones geográficas; a ustedes, los que, en esas veredas muchas veces incomprensibles, sólo cuentan como mediadores a unas solicitadísimas señoras que se llaman Estafeta de Correos. Ustedes que insisten, siempre con el gatillo de la tinta a mano. Ustedes que devoran lecturas importantes y escriben sin extraviar vuestro pozo sin fondo de la esperanza; que ven pasar un año, y otro, y otro año más sin recoger, siquiera, famélicos frutos. Y sin embargo, siguen. Y siguen. Ustedes son de los míos. Ustedes tienen mi más sincera simpatía.

Estamos en un tiempo de paulatino enfriamiento, en el que, según nos pille el norte, podemos pisar descascarilladas hojarascas sobre la tierra. Estamos en otoño. Los jóvenes autores, y no tan jóvenes, los autores que pueden llevar más de una década intentando empezar, con un primer paso firme, en la farragosa senda literaria, saben que se inicia una nueva temporada, una época en la que proliferan los fallos de numerosos concursos literarios. Camilo José Cela, cuando principiaban las brumas otoñales, escribió, en estas mismas páginas, un artículo titulado “Carta a los jóvenes escritores”, de ahí me encabezamiento entrecomillado. El viejo maestro dice: “en el otoño nace, como todos los años, el tiempo de los premios literarios y su secuela de ilusiones y decepciones”. Y yo, como muchos, me di por aludido, en mi caso no tanto por mi engañosa juventud, sino porque me hallaba implicado en lo que Cela refería (en esos momentos tenía dos novelas finalistas en un mismo premio de novela). El viejo maestro expresa que la literatura es “una carrera de antorchas que cada cual lleva hasta donde puede y los demás le dejan”. Repito: “y los demás le dejan”. El viejo maestro, ya en la conclusión, afirma: “todos nos debemos al calendario, a la vocación y a la suerte”. Repito: “y a la suerte”. Efectivamente, aunque Cela cumplió sobradamente con el propósito de su mensaje, el de estimular –desde el inicio se le ve la intención: “me gustaría tener ingenio y fuerzas bastantes para alentar a los jóvenes escritores”–, a uno se le baja el alma a los pies cuando lee, tan a las claras, y por una cúspide, lo que uno ya sospechaba y nunca podrá controlar. Me refiero a eso que he subrayado, al azaroso vuelo de la suerte y a la determinante estela de llegar hasta donde los demás te dejen.

A mí, desde el espacio que me concede esta tribuna, también me gustaría tener ingenio y fuerzas suficientes para hacerles llegar un descomunal impulso sin fronteras, que fuese sosegadamente comburente a fin de que siempre se mantenga activo vuestro fuego literario. Y me gustaría expresar, con delicadeza, que ustedes nunca serán escritores, simple y llanamente escritores, mientras no llegue el día que viváis de vuestras letras impresas. Aunque sabemos muy bien que el DRAE dice que el escritor es la persona que escribe, sin más, prueben ustedes autodefinirse escritores delante de las orejas de vuestros compañeros de la zanja, de vuestros compañeros de la oficina, de vuestros compañeros de la fábrica, del taller, etc. Y comprobarán, si mantienen los ojos abiertos, cómo vuelan sobre vuestras cabezas los desastrados vientos de la petulancia, una realidad falseada, una omisión estúpida a la verdadera profesión que les sostiene.

La escritura es muy difícil, una herramienta que se estira sin agrietarse, una joya que nunca les permitirá bajar la guardia. Recientemente leí, en un suplemento literario, la reseña de un libro de relatos –un libro que pertenece a un grupo editorial poderoso– en la que el crítico sacaba a relucir casi una cincuentena de faltas de concordancia, ortografía y puntuación. Sí, seguro que ustedes han pensado alguna vez que muchos empiezan a publicar antes de aprender a escribir. Me refiero al dominio de los rudimentos, de las cuatro reglas gramaticales.

Si ustedes creen que, un día tras otro, necesitan horas para desarrollar vuestras obras. Si ustedes sienten que se les escapa el tren por una mera cuestión de tiempo. Si ustedes piensan, desde el análisis de una notable frialdad, que vuestras letras tienen serias posibilidades de hacerse paso, por sí solas, entre las salpicadas escolleras de la literatura, pues entonces no lo duden, no se queden ustedes con la picajosa duda para siempre, y compren vuestra libertad, como podían hacer algunos esclavos de la antigua Roma. Rompan con vuestros trabajos. Pidan la cuenta tras un concienzudo período de ahorro económico y láncense al vacío. Si ustedes se juegan el pellejo, no les cabrá la menor duda de que lo han intentado hasta el límite. La paciencia y la tenacidad habrán de rodearles por los cuatro costados (un ejemplo: mi primer libro editado cruzó la tronera de veintidós editoriales) y la sensación de piedra abandonada les atornillará el alma. Yo no soy del todo temerario, hablo según el dictado de mi propia experiencia.

El jaque es muy ingrato y muchas veces acobarda de una manera insufrible; pero no viene del todo mal, porque ustedes escriben sobre la vida. El callo literario es una garantía, y haber llegado al inicio del camino sin unas manitas que te abren brechas, le da a uno mucha confianza, como podrán comprobar con la ayuda del tiempo.

Arreen ustedes con las mejores y más plausibles esperanzas, y cárguense de buenas y malas palabras, que todas hacen su avío.

Obra literaria de Antonio Gálvez Alcaide, aquí.

El artículo aludido de Camilo José Cela

Unas novelas

Jueves, 4 de Mayo de 2006 Sin comentarios

Dos novelas leídas en doce días. Mejor dicho, dos novelas quitadas de en medio. Una se titula Manhattan Transfer, de John Dos Passos; la otra, El hombre que fue jueves, de Gilbert Keith Chesterton.

Entradilla inicial. Texto de DIETARIO EN RED 2004-2006

Una presentación digital

Lunes, 3 de Octubre de 2005 Sin comentarios

Hace mucho tiempo, por lo menos veintidós años, Camilo José Cela arrancó un nuevo ciclo como articulista en el diario ABC.

Entradilla inicial. Texto de DIETARIO EN RED 2004-2006

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