El descubrimiento de un muerto

Se incomodó como si le hubieran propinado un pellizquito y exclamó:

—¡La cara de un muerto!

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 119).

Lo misterioso

El matrimonio asentía. No se atrevía a sacar a relucir el misterioso suceso de la Rambla que acababa de escuchar.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 111).

Respeto

El señor Julián le estrechó la mano con un respeto renovado.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 110).

Estar loco

Escuchó unas frases sueltas, alejadas del auricular: «Que dice que ya lo sabe, que vio al chiquillo en Barcelona». «¡Cuelga ya!». «¡Ése sigue estando loco!».

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 109).

Un putero

Puteros

—¡Se terminaron, putero!

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 86).

Alaridos

—Parece usted un animal de los más idiotas… Se terminaron los alaridos en su piso, ¿vale, señor Julián? Se terminaron los insultos, que se pueden escuchar hasta en Mallorca.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 85).

De buitres

—No. Sólo sería curiosidad de rapiña. De rapiña. Como de buitres.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 84).

Lobos

Nos vienen como ovejitas y, por dentro, son unos putos lobos: por sus frutos los conoceréis.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 82).

Un levantamiento

La tenía sobre sus rodillas, la arrullaba en su pecho marchito, la mojaba de lágrimas

Fragmento perteneciente al relato
titulado «Eduvigis Lindavista» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 18).

Cautiverio

La niña Eduvigis creció con mimo y amor, como corresponde a una santa.

Fragmento perteneciente al relato
titulado «Eduvigis Lindavista» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 17).