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EL PASEO DE LOS CARACOLES, una cita de cada página, en ABIERTO

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Un recuento. El Lazarillo

Lunes, 7 de Septiembre de 2009 Sin comentarios

Portada del Lazarillo, edición de Medina del Campo

Ahora que se extingue el verano, ahora que se aproxima el ruido de las aulas, ese carrusel imprevisible, echo la vista atrás. Se evapora el verano, como una sonrisa acartonada, como una sonrisa de bella frescura que hechiza, como cualquier cosa que se apaga. Se retira del tapete el verano, el mayor periodo vacacional de los profesores. Y yo no he dejado de trabajar. Desde un punto de vista técnico, yo no he hecho vacaciones. Dicen que sarna con gusto no pica. Este es mi caso. Salvo unos días, durante la primera semana de julio, en que me dediqué a rascarme la barriga, no he dejado de escribir, de corregir, de escribir, de corregir, de escribir, de corregir, sin perdonar un solo día, como una máquina literaria. Sarna con gusto no pica.

Antes de concluir el examen de la segunda edición de Relatos del fuego sanguinario y un candor, me fui a Toledo. A escribir. Toledo. Allí siempre con mi libreta y mi bolígrafo, escribiendo en cualquier recoveco. Sobre un escalón. Sobre una piedra. Sobre unos hierbajos. Sobre mis pies, tieso como un palo. Sobre alguna nube de mullida inspiración. Jamás me detuve. Jamás me detengo. Mientras la gente pasa como si no existiera yo, como si no existiera ella misma. Hasta que se deja notar, con sus clavos, las menos de las veces. O con sus dedos de tulipán, las menos de las veces. Siempre escribiendo. Siempre corrigiendo. Sarna con gusto no pica.

Terminé la corrección de los relatos hispanoamericanos. Pero lejos quedó la interrupción del respiro. Pocos días antes ya me había adentrado, de cabeza, en la magistral joya del Lazarillo. Y me afané en trasladar su arcaico y engorroso texto al español actual. Toda una doma sintáctica. Toda una investigación sobre el sintagma inexistente hoy. Y ese léxico en desuso, o que hoy significa lo contrario. Menudo lío. Menudo desafío. Y qué inmenso placer. Tocar palabra a palabra, sin prisas, y hasta con cariño, la gran obra de Alfonso de Valdés, el autor del Lazarillo, oculto en el anonimato casi medio milenio, un autor cuyo rastro, en mi obra, aparece explícitamente en Como las víboras.

Sí, en efecto, voy a publicar una lectura adaptada del Lazarillo a los modos actuales del castellano. Para que los ojos hagan una lectura continua, sin que tengan que frenarse en las notas de a pie de página, si es que las hay. Para que se lea un texto tal como el gran Alfonso de Valdés lo hubiera escrito hoy. Sin que queden dudas. Cada folio del texto lo voy solucionando en una hora y media, más bien larga, con un resultado sorprendente. Qué gusto. Y sin escatimar consultas. Muchas. Muchas veces, en el meollo de los rigores de la larga canícula que hemos soportado, con el revés de la mano he tenido que enjugarme las pestañas, literalmente empapaditas de sudor. Sarna con gusto no pica. Qué gusto. El Lazarillo, átomo a átomo, cristalizado en mi maquinaria literaria.

—Bien está, Antonio. Gracias.
—Gracias a ti, Alfonso. Todo un honor, erasmista.

Prosigo. Voy por el folio 43. Ya quedan menos. El sol hoy no se cuece tan enojado. Las excavadoras de la calle descansan. Sarna con gusto no pica.

En la plaza de San Román

Martes, 21 de Julio de 2009 Sin comentarios

Ya ha circulado la siesta, sin conciliar sueños. Tengo tanto trasiego por delante que cualquiera duerme. El afán de caminar, mirar, escribir en la libreta a pie de obra. Enciendo el ordenador, por comprobar si funciona Internet. Y de Internet, nada. La señal de la Wi-Fi es muy débil. Me pasó lo mismo en Burgos. Sobre Internet, muchos dueños de hostales mienten como cosacos. Hay que fastidiarse. No pienso decir ni mu.

Salgo a la calle. Como tengo a unos metros la transformada iglesia de San Pedro Mártir, ahora Universidad, me doy un garbeo por ella. Chicas estudiantes deambulando. Chicos no. Chicas estudiantes escotadas y guapas. Cómo no van a ser guapas con la edad que tienen. Interrogo a un tipo que parece profesor. Me responde correctamente. Y cuando llego a la pregunta clave, «¿Sabe si aquí está enterrado Garcilaso de la Vega?», se vuelve y se calla la boca, como si yo hubiera dicho algún inconveniente, como si le hubiera hecho una broma, del tipo «¿Sabe si aquí está enterrado Tintín?». En fin, no es la primera vez que cargo con desplantes.

A la vuelta de la esquina, me encuentro con la plaza de San Román. Debido a su monumento, a esta plaza le cambio el nombre y la convierto en plaza de Garcilaso. La estatua del poeta se hizo en 1995. Es una estatua llamativa, de enorme bronce. Aparece un Garcilaso de la Vega muy vivo, animador, optimista. Echo la vista a la izquierda. Salta la sorpresa. Resulta que hay una casa que no se inscribe en los mapas como casa de Santa Teresa. Así que abandono momentáneamente al insigne poeta y me acerco hacia las huellas de mi amada Santa Teresa.

La casa toledana en que vivió santa Teresa de Jesús

Estoy delante de la casa toledana en que vivió mi queridísima Santa Teresa de Jesús, cierta chispa que prendió en mi novela Como las víboras. Una leyenda en doce baldosas indica que en esta casa comenzó a escribir el libro de su vida, en 1562. Mi vista atraviesa cualquier muro. Un aposento en penumbra. Una mujer muy abrigada, escribiendo. Teresa de Cepeda. En la madera de la puerta doble de la casa hay un bronce que indica que la casa pertenece a la «Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo». La fachada tiene un arco lobulado de yeso, completamente retorcido de arabescos, esas filigranas de torceduras incompresibles. Santa Teresa de Jesús. Suspiros. Vuelvo al bronce del poeta.

Junto al monumento a Garcilaso de la VegaEl gran Garcilaso de la Vega sobre un pedestal, con estas letras rasgadas: «A Garcilaso de la Vega, la ciudad de Toledo». El poeta con ropajes renacentistas, de esos que exhiben pantalón corto. El poeta dirige su mirada al cielo, sus afiladas barbas pulcramente recortadas. Más que al cielo parece que mira la veleta de la iglesia de San Román, una iglesia de 1221 que ahora está cerrada. Gusta contemplar las manos ocupadas del poeta. Su mano izquierda agarra la empuñadura de su laboriosa espada; la derecha, empuña una pluma sentimental e italianizante. Garcilaso, el guerrero que murió de una pedrada en la cabeza, cuando asaltaba una torre francesa, y la cabeza que terminó de partirse en su dolorosa caída como cuchillas del foso, y su agonía que duró casi un mes. Garcilaso, el poeta enamoradizo de «En tanto que de rosa y azucena», cabello de hermosa mujer al viento a la que el fiero paso del tiempo fulminará, sin piedad, «por no hacer mudanza en su costumbre». Se enamoró tanto el poeta que hasta dejó un niño ilegítimo, como puede ocurrirle a cualquiera.

Pregunto a un camarero que barre en la plaza, que bromea picantemente con su compañera.

—¿Sabes si en la iglesia de San Román está enterrado Garcilaso de la Vega?
—No está ahí. Está en la capilla de la Universidad de detrás, si es que no lo han quitado. Porque te hablo de mis tiempos de estudiante, de hace siete u ocho años.
—Ah, vaya, gracias —digo, y pienso: «Tendré que preguntar otra vez en la Universidad».

Como la calle que le han puesto al poeta, la tengo un poco más allá, mis pasos reemprenden su marcha. Garcilaso y Santa Teresa, magnífica plaza impregnada de cierto aquilatado manojo de letras. La literatura.

Burgos

Sábado, 12 de Julio de 2008 Sin comentarios

Puente de Santa María, Burgos

El río Arlanzón es muy estrechillo, muy nervioso y cristalino. Cubre, como mucho, hasta las rodillas. Gusta presenciar sus cantos rodados, la velocidad postinera de sus aguas. El río lleva un agua peleona, fría como la nieve, que fustiga con sólo imaginar rozarla. El airazo que me toca tiene mala encarnadura.

Un inciso. Ya que he traído aquí una de las espadas del Cid, la Tizona, recuerdo que me retraté con su réplica en un momento de ajetreo con buen humor. Y este fue su resultado:

También recuerdo cómo sonó el tinnnn de su hoja en el vídeo en que presento la fiera novela Como las víboras (presten atención a su tintineo, no se hizo adrede).

Fragmentos pertenecientes a DIETARIO EN RED 2007-2008.

Hostal Ávila, de Palencia

Jueves, 10 de Julio de 2008 Sin comentarios

En el hostal Ávila, de Palencia

El hostal Ávila, un buen alojamiento, con un nombre de resonancias muy queridas. Ávila, la ciudad de Ávila, grandes recuerdos y notas de novela.

Su dirección y precio: Hostal Ávila. 32 euros noche (julio 2008). Conde Vallellano, 5. Teléfono 979 711 910.

Adiós, Palencia. Próxima parada, Segovia.

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2007-2008.

León: Colegiata de San Isidoro de Sevilla

Martes, 8 de Julio de 2008 Sin comentarios

Pintura de la Colegiata de San Isidoro de Sevilla, en León

El sepulcro se agrupa en la tipología de ataúdes reducidos, unos ataúdes demasiado pequeños para acoger el cuerpo entero de una persona adulta. Ocurre lo mismo con el sepulcro que esconde los troceados restos de santa Teresa de Jesús, en Alba de Tormes. Su descripción minuciosa la tengo hecha en la novela Como las víboras.

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2007-2008.

Partiendo de Lam Luong

Jueves, 10 de Enero de 2008 1 comentario

Foto: AP. Los niños asesinados, junto a la madre, un día antes de su muerte

(…)

Hace unos meses leí la noticia de un hombre, español, que mató a su mujer a martillazos, algo similar a lo que hizo un personaje mío en El informe del roedor, una novela que sacará la editorial Morfeo en marzo. Su personaje, Pascual Pérez Pérez, albañil, le dio a su mujer con una maceta, un determinado tipo de martillo. Recuerdo que cuando describí estos hechos ficticios, antes de 1993, no se había dado ningún caso parecido en el ámbito de la realidad, o no había llegado a mi conocimiento.

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2007-2008.

Trenzado de homicidas

Domingo, 2 de Diciembre de 2007 Sin comentarios

Trenzado de homicidas, Morfeo Editorial, diciembre de 2007

Por la tarde. Y con la mente en algunas burbujas que fluctúan graciosamente por las risueñas reverencias del whisky, “agua de vida”. No es mal momento para dejar constancia de la salida de un nuevo libro mío: Trenzado de homicidas. O sea, la violencia que tanto me rondó en los años 90.

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2007-2008.

Balance

Domingo, 1 de Julio de 2007 Sin comentarios

Ya tengo finiquitado el curso escolar 2006-2007. Ocurrió anteayer, con la convocatoria de la última reunión. Ya estoy en condiciones de mirar hacia atrás, de hacer balance.

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2007-2008.

Ricardo Senabre

Sábado, 3 de Febrero de 2007 2 comentarios

La fuerza del morbo. Qué inmenso placer experimentarían mis ojos al tropezarse alguna vez con que la firma del crítico literario Ricardo Senabre se corresponde con una obra mía, por ejemplo con la última, la novela Como las víboras. Reconozco que me quedaría boquiabierto, sin leer la primera línea, con los cinco sentidos aguzados, con los colmillos largos, con la mano rozando instintivamente la faca que siempre guardo en un bolsillo (mi padre guardaba una navajilla, costumbre de viejos de los pueblos sureños).

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2007-2008.

Nochevieja

Domingo, 31 de Diciembre de 2006 Sin comentarios

Me levanto muy temprano, como de costumbre. Todavía la noche cuajada. Salgo al balcón. Poco frío. Ni una brizna de relumbre en el cielo.

Entradilla inicial. Texto de DIETARIO EN RED 2004-2006

Elecciones catalanas

Miércoles, 1 de Noviembre de 2006 Sin comentarios

Las nueve menos cuarto. Y levantado desde las seis de la madrugada, corrigiendo unas escrituras interrumpidas por el paréntesis de la mesa electoral. Me ha tocado ser segundo suplente de Presidente.

Entradilla inicial. Texto de DIETARIO EN RED 2004-2006

Caliente y El Cultural

Jueves, 12 de Octubre de 2006 Sin comentarios

Hoy, en El Cultural. A buenas horas me entero de lo nuestro, querida Juan Palomo, cuando prácticamente se me junta el día con la noche, cuando acabo de abrirle el ojo a lo que queda de luz en la calle, cuando todavía estoy en calzoncillos y las sábanas de la cama mantienen aún lo calentico de mis carnes, cuando los kioscos de este arrabal barcelonés, festivo y vespertino, mantienen con candados dobles la cerrazón de sus puertas, con lo bonito que hubiera sido descubrirte sobre la majestad del papel impreso.

Entradilla inicial. Texto de DIETARIO EN RED 2004-2006

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