Triunfar

—Bueno, señora Juana, no se puede triunfar siempre en la vida.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 14).

El cerebro

Desde hacía seis meses, aquel hombre escuchaba un incansable trajín de aguas en su cerebro.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 13).

Desprecios y recuerdos

La vida de Salvador almacenaba muchos desprecios, muchos rostros ácidos. La cara rota de la única mujer con la que estuvo casado se le aparecía la mayoría de las noches de invierno. En cuanto se acostaba, apagaba la luz y cerraba los ojos, solía florecer en sus párpados la cara desparramada de su esposa, aquella tez amoratada sobre un bordillo, toda la cabellera rubia jaspeada de sangre rojísima, sin vida. Entonces encendía la luz, contenía la respiración y entrecortadamente exclamaba: «Otra noche más». Pasadas varias horas, se dormía bajo las resonancias indelebles del bordillo, de la calamitosa furgoneta que se desvió un segundo, de la murmuradora maraña de la Rambla.

Fragmento perteneciente a la novela titulada El solitario (pág. 12).

Noche triste

Las lágrimas, cuando cayó la noche, todavía fluían desde su senda agria.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Entre dos besos», del libro Cuentos agrios (pág. 128).

Hasta el final

Cosas del amor

—Que si me quieres.
—¡Que sí!

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Entre dos besos», del libro Cuentos agrios (pág. 127).

Noche y monte

Frío

Los antiguos amigos, después de la larga cacería del mochuelo, se olvidaron de lo que dejaban atrás, al borde del cementerio. Los carámbanos del cielo tiraron de ellos hacia lo calentico de sus casas.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Temblor de invierno» , del libro Cuentos agrios (pág. 112).

Crueldad infantil

Imagen de maltrato infantil

Más que nunca deseaba la soledad de su monte. Los niños se relamían en la picante y gustosa crueldad.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Temblor de invierno» , del libro Cuentos agrios (pág. 111).

Atrapado cerca del cementerio

Al niño endeble lo obligaron a caminar hasta las inmediaciones del cementerio.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Temblor de invierno» , del libro Cuentos agrios (pág. 110).

La soledad del desprecio

El niño Paquito escalaba el monte enarbolando su escopetilla de perdigones.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Temblor de invierno» , del libro Cuentos agrios (pág. 109).

Idea de persecución

Sobre todo, como símbolo de desprecio

—Normal. Todo ha ido normal.
—No me lo creo.

Fragmento perteneciente al relato
titulado «El acoso» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 113).

Sin palabras

Sin palabras

Pienso que siempre camino sin hablar, que entro al cine sin hablar, que compro alimentos sin hablar, que las palabras

Fragmento perteneciente al relato
titulado «Sobre los escombros» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 41).

En el cine

Robert de Niro, en El cabo del miedo

Robert de Niro me ha hecho vibrar, como en los viejos tiempos. Se encienden las luces del cine. Este resplandor

Fragmento perteneciente al relato
titulado «Sobre los escombros» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 40).

Frialdad

Lágrimas que podrían corresponderse con este relato

Pasan los días como si nada. Constato, denostado por las mujeres y

Fragmento perteneciente al relato
titulado «El fragor de la sangre» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 34).

Mal camino

Una metáfora del desprecio

La distingo. No puede ser. Me divisa con un gesto muy severo. Yo diría que me maldice. El hecho es evidente.

Fragmento perteneciente al relato
titulado «El fragor de la sangre» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 27).