Una realidad triste
Contraía la frente, apretaba las quijadas como si pretendiese llorar en voz baja.
Fragmento perteneciente al relato titulado
«En los dientes de la noche» , del libro Cuentos agrios (pág. 54).
 
 
 
 


Contraía la frente, apretaba las quijadas como si pretendiese llorar en voz baja.
Fragmento perteneciente al relato titulado
«En los dientes de la noche» , del libro Cuentos agrios (pág. 54).
—Llamaste a Dios. Vengo yo en su representación. No creo que te moleste.
Fragmento perteneciente al relato titulado
«En los dientes de la noche» , del libro Cuentos agrios (pág. 53).
La metamorfosis aglutinó todas las grasas de sus pesadillas.
Fragmento perteneciente al relato titulado
«En los dientes de la noche» , del libro Cuentos agrios (pág. 52).
Atrás dejaba el gimoteo de la última rata lapidada. Azul celeste era la ducha;
Fragmento perteneciente al relato titulado
«En los dientes de la noche» , del libro Cuentos agrios (pág. 51).
—No entiendo nada. Mi chica es un bombón en cuerpo y alma.
Fragmento perteneciente al relato titulado
«En los dientes de la noche» , del libro Cuentos agrios (pág. 50).
Su pijama era un mar de sudores y rugosidades, y el vientre le escocía como si le hubieran remachado unos espinosos alambres.
Fragmento perteneciente al relato titulado
«En los dientes de la noche» , del libro Cuentos agrios (pág. 49).
Sus manos ardían de dolor, y sus pies, más lejos de lo normal, se achicharraban
Fragmento perteneciente al relato titulado
«En los dientes de la noche» , del libro Cuentos agrios (pág. 48).
La adolescente obesa dormía de estremezón y briega, y su corazón, en el centro de la cama, bombeaba mucha sangre revuelta.
Fragmento perteneciente al relato titulado
«En los dientes de la noche» , del libro Cuentos agrios (pág. 47).
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