Con mi ordenador Eeepc…

Foto realizada con disparador automático. En memoria de mi último amor (jijiji)

…y mi último amor, chica de la que no sé si consiente esta foto en la internet, porque la tengo ilocalizable. Se dice que todos los que escribimos en un blog tenemos algo de exhibicionistas. No me extrañaría que cualquier día saliera aquí la fotografía de mi culo. Tampoco me sorprende presenciar cómo las personas de mi entorno, en cuanto se enteran  de que escribo la historia de mi vida, con la espontaneidad que ofrecen los bits, se alejan de mí para que no saque a relucir, sobre todo, las taras que se les escapan relacionándose conmigo.

Todo sea por las tecnologías de la información.

Eeepc de Asus

Presento aquí la estupenda herramienta informática que voy a utilizar en mi próximo viaje. Se trata de un Eeepc 701, de Asus. Apenas llega a un kg. de peso y está diseñado expresamente para las conexiones a Internet: 329 euros del ala en odisea. Digo odisea porque este ordenador, de los denominados ultraportátiles, se está agotando nada más salir. He tenido que hacer media docena de llamadas a las tiendas que gestionan el modelo: FNAC, Media Markt y PC City. En todas las tiendas de Barcelona ciudad, y de Hospitalet, está agotado el Eeepc. Dejé como última opción la llamada de Media Markt de Gavá. Y resulta que allí lo tenían disponible. Salí de casa a las 11.15 am y a las 11.45 am ya me estaban atendiendo en Gavá. De estar pensando en la odisea de los encargos con suerte, pasé a tener en casa, una hora y cuarto después, el famoso Eeepc de Asus.

Para que se comprenda mejor su tamaño, he hecho unas cuantas fotos: el Eeepc a secas, el Eeepc con un libro en rústica encima, uno de los míos, de 14 por 21 cm, y el Eeepc con un bolígrafo Bic sobre el borde de la pantalla. Vean.

Este ordenador tan simple y perfecto para mis fines, escribir con un procesador de textos y estar al día en lo que toca a Internet durante mis salidas, me viene de perlas. Tan sólo le encuentro una peguilla. A los diez minutos de tener el Eeepc sobre las piernas, empiezo a notar un calor que se va extremando al compás del paso de los minutos, un calor que se va propagando por todo mi cuerpo hasta sentirlo, prácticamente palpitando, en mis mejillas. Imagino que en invierno este tipo de electricidad se agradece.