Sorianos ilustres

Nota: Si pone el cursor en las fotografías, saldrá un globo con un pequeño comentario.

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Ajetreo, movimiento

—Muchacho —dice—, estos caracoles no tienen cuernos.

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 144).

Un retrato de estudiante

El robusto caballo del Cid, mi platónico amor.

Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 143).

El Alcázar de Toledo

El Alcázar de Toledo (también se distingue algo de la mujer en camisón)

Tiene un pantalón negro de fina tela estival. Tiene un bolso negro al hombro como el que había abandonado junto a mi taza de café con leche.

Fragmento perteneciente a
TOLEDO
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DIETARIO EN RED 2009-2010.

Burgos

Puente de Santa María, Burgos

El río Arlanzón es muy estrechillo, muy nervioso y cristalino. Cubre, como mucho, hasta las rodillas. Gusta presenciar sus cantos rodados, la velocidad postinera de sus aguas.

Un inciso. Ya que he traído aquí una de las espadas del Cid, la Tizona, recuerdo que me retraté con su réplica en un momento de ajetreo con buen humor. Y este fue su resultado:

También recuerdo cómo sonó el tinnnn de su hoja en el vídeo en que presento la fiera novela Como las víboras (presten atención a su tintineo, no se hizo adrede).

Fragmento perteneciente a
RUTA DEL OESTE
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DIETARIO EN RED 2007-2008.

Tarde palentina

En la cripta de la Catedral de Palencia

Desciendo por la llamada Cripta de San Antolín, un estupendo espacio de altura semicircular, pedregoso, robusto, con la solera intacta de la Alta Edad Media. El descenso de la temperatura, aquí, es más brusco que el que ofrece la sombra de la calle.

Fragmento perteneciente a
RUTA DEL OESTE
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DIETARIO EN RED 2007-2008.

Palencia

Bajo la gárgola de la Catedral de Palencia

En la Calle Hospital, una gárgola es un esqueleto al que no le falta un hueso. Abierto de piernas, se aferra a su palo como si fuese a estrellarse en el menor descuido.

Fragmento perteneciente a
RUTA DEL OESTE
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DIETARIO EN RED 2007-2008.

Realismo

Algunos de mis conocidos me comentan la violencia desbordada que encierra buena parte de mi narrativa, con palabras que incluso rozan el reproche.

(…)

Veamos un ejemplo de realismo violento, el asunto que acaba de llevarme a escribir. Se trata de una novela titulada La perla, de John Steinbeck. Es una lectura obligatoria de 2º de ESO, del primer trimestre, en mi instituto. Kino es el personaje protagonista de la novela. Veamos:

Kino se encontraba en pleno salto cuando sonó el disparo, y el fogonazo se le quedó grabado en los ojos. El enorme cuchillo describió una curva y produjo un crujido al clavarse hasta el mango. Atravesó el cuello y entró profundamente hasta el pecho. Kino era como una máquina terrorífica. Cogió el rifle al tiempo que liberaba el cuchillo. Tenía la fuerza, los movimientos y la velocidad de una máquina. Dio un giro y le reventó la cabeza como si fuera un melón al que estaba sentado. El tercero huía de espaldas como los cangrejos, pero cayó al agua e intentó trepar frenéticamente, tratando de alcanzar el saliente por donde caía el agua. Pero se le enredaron las manos y los pies en los agrazones, y comenzó a sollozar y a farfullar algo mientras intentaba liberarse. Kino se había vuelto duro y frío como el acero. Tiró de la palanca, levantó el arma, apuntó y disparó. Vio al enemigo caerse de espaldas en la charca, y se acercó a él. A la luz de la luna le vio los ojos aterrorizados, apuntó y le disparó entre ceja y ceja.

La perla, de John Steinbeck,

editorial Vicens Vives, colección Aula de Literatura, página 108.

Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2007-2008.