Inquietante declaración

Reconozco que me estoy acojonando. Las palabras de esta chica contienen ciertas inclinaciones sobrecogedoras.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Calafell Playa» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 140).


Reconozco que me estoy acojonando. Las palabras de esta chica contienen ciertas inclinaciones sobrecogedoras.
Fragmento perteneciente al relato
titulado «Calafell Playa» , del libro TRENZADO DE HOMICIDAS (pág. 140).

Mi delicia me dice por teléfono que le decepcionaría mucho que hiciera pública nuestra intimidad. Me pongo tan colorada como un tomate maduro.
Texto perteneciente a la novela titulada CALIENTE (pág. 151).
* * *
Nota del autor: Vuelvo a recordar que todos los mensajes y e-mails que recibió mi niña Paz fueron reales. Se trataba de los momentos estelares en que mi personaje saltaba de la ficción a la realidad.

Algunos comentarios de mi blog/diario son verdaderamente insoportables. Me ponen histérika, muy depre. Pokemon, un troll metido a detective, dice que yo soy mi e-mecenas
Texto perteneciente a la novela titulada CALIENTE (pág. 144).
El Paseo de los Caracoles. Reportaje fotográfico.
20 de julio de 2004. Segunda visita a Cornellá. En esta ocasión, sola. Todo el día con Antonio, y parte de la noche. Y de regreso a Castelldefels, con su Ibiza Sport. Jornada de ensueño. Inolvidable. De las que marcan una vida. Sin exagerar.
Bar Los Cazadores. En la novela aparece como
Texto perteneciente a la novela titulada CALIENTE (pág. 143).

Desde hace tres años, tengo una novela inédita en una agencia literaria y todavía no me la han colocado. Sí, estuvo entre las ocho o diez seleccionadas en el pasado Nadal; Seix Barral, sobre otra, dijo que tengo una novela «pionera», etc. Pero todo queda en nada y me estás viendo in albis (¿yo vaca sagrada?, bájame de ese pedestal inmediatamente, ¿no ves que soy un infeliz?). Bueno, todo el mundo cuenta la feria como le va. Seguro que tú tienes mucha más suerte. ¡Ánimo!
Por lo que parece te carteas con tres escritores. Ni a
Texto perteneciente a la novela titulada CALIENTE (pág. 140).

No sé si sabes que Gálvez es mi más preciada vaca sagrada. No, no, no, lo mío es sólo un peso minimosca para lo que representa la novela. ¿De verdad que mi crónica puede insertarse en lo que se denomina «periodismo literario»? Lo que has dicho es muy fuerte. Acabo de acordarme de los artículos literarios de Azorín. Como te leas la novela El Paseo de los Caracoles, flipas. Fijo. Ya me dirás, hermano.
Texto perteneciente a la novela titulada CALIENTE (pág. 136).
* * *
Nota del autor: Vuelvo a recordar que todos los mensajes y e-mails que recibió mi niña Paz fueron reales. Se trataba de los momentos estelares en que mi personaje saltaba de la ficción a la realidad.

—Pues hay que pisar el césped y seguir bajando.
—Mira, hay jardineros —dice mi prima—. A ver si nos van a echar.
—Pues quédate tú aquí. A mí no me detiene nadie.
Texto perteneciente a la novela titulada CALIENTE (pág. 134).

El Paseo de los Caracoles desprende el aroma de un rosal marchito.
Texto perteneciente a la novela titulada CALIENTE (pág. 133).

Estamos en la calle del cementerio de Cornellá. Apunto su nombre: carrer Josep Fiter i Inglés. A medida que andamos, la figura blanca concreta su fisonomía. Se trata de un ángel de mármol, con sus correspondientes alas de algodón.
Texto perteneciente a la novela titulada CALIENTE (pág. 132).

Miércoles, 7 de julio de 2004. Mi prima y yo salimos de excursión. Nos disponemos a presenciar, muy expectantes, un paisaje de novela, la que se refleja en el Paseo de los Caracoles, la rambla que da título con su nombre popular a la novela de mi vaca Gálvez, una rambla situada entre los cementerios de Cornellá de Llobregat y San Juan Despí.
Texto perteneciente a la novela titulada CALIENTE (pág. 131).

Acabo de descubrir un blog que impresiona: Mangas verdes. Su autor se llama Manuel M. Almeida. Aparte de ser periodista, es un experto en Internet, asunto que salta a la vista rápido. También acabo de descubrir que Manuel y yo tenemos algo en común sobre el tema literario: nuestras primeras novelas fueron publicadas por Alba Editorial. La suya, en 1998; la mía, en 1999. La suya se titula Tres en raya; la mía, El Paseo de los Caracoles. Ambas novelas descatalogadas en Alba Editorial. Y aunque la mía sigue viva en Morfeo Editorial; la suya sigue viva en pdf, como descarga gratuita, en la propia web del autor.
Cargado de reflexiones, abandono esta entradilla.


Estoy frente a la casa donde vivieron mis padres, la casa de mi abuela mama Antonia. Está situada en la calle Federico García Lorca, bonito nombre, en el número 6, que se desvía en perpendicular, pues corresponde a lo que queda de la desaparecida calle El Pardito.
Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2009-2010


Tras tomar un café con leche en un bar de la plaza del Potro, me monto en un taxi que me lleva a La Victoria, el pueblo de mis padres, que se ubica a unos treinta kilómetros. La Victoria, uno de los espacios de mi novela El Paseo de los Caracoles. Ternura. Desarraigo. No piso este pueblo desde que contaba diez años de edad.
Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2009-2010

Poco antes de emprender la salida, respiro hondo sin saber por qué. Camino de la salida, agradezco a los que trajinan su conmiseración. Cierro la puerta de la iglesia. Repentina lluvia de calor. Ensancho la vista hacia el adiós de Aguilar.
P.D. De Aguilar es María, conocida como la Virgen, uno de los personajes de la novela El Paseo de los Caracoles.


Fragmento perteneciente a DIETARIO EN RED 2009-2010



Federico García Lorca. Cuidado, tenemos delante a Federico García Lorca. Mira que es guapo. ¡Qué bello por dentro y por fuera! Aunque este eskritor no fue ninguneado literariamente, como le ocurrió a Bukowski, sí que fue perseguido y asesinado. Nada más empezar la guerra civil española, lo pillan y lo matan. Fue uno de los primeros en caer. ¡Qué rabia! Cada vez que releo cualquier cosa suya, siento un nudo en la garganta.
Cuando cursaba primero de ESO, vi por la tele, a la hora del telediario, a Camilo José Cela. Era 1998 y se conmemoraban los cien años del nacimiento de Lorca. Un periodista le preguntó al Nobel si tenía algo en contra de los homosexuales, refiriéndose a Lorca, y Cela le contestó algo que nadie se esperaba: «No tengo nada en contra. Sólo me limito a que no me den por kulo». Estas palabras se me quedaron grabadas.
José Ángel Mañas. Qué guapete está aquí José Ángel Mañas. Yo lo he llegado a ver con unos ricitos tipo afro que le quedaban fatal. Ahora vive en Francia con una chica de allí, una piba que tiene todos mis respetos. Pero como yo soy de las que van con la cara por delante, declaro que como me encuentre a mi vaca Mañas por ahí, le tiro los trastos. Por lo menos intentaré komérsela. Las cosas claras y el chocolate espeso. Ya es bastante mayor. Sobrepasa los 30. Marcó mis nueve o diez años con sus Historias del Kronen.
Antonio Gálvez Alcaide. En la foto se le ve con cara de frío y entre los muertos. Este eskritor es ya una influencia muy significativa para mí. Me leí su primera novela, El Paseo de los Caracoles (trata de muertos), y me sentí tan alucinada que se ha convertido en mi principal vaca sagrada. Se da poco bombo y sospecho que es de lo que no hay, tanto en lo personal como en lo literario. En su obra aparece mucho la muerte y los muertos. Da la sensación de que eskribe mejor que nadie porque se comunica con los muertos. Da la sensación de que los muertos le aconsejan y le descubren sus experiencias humanas, alumbrándole nuevas sensibilidades y resquicios remotos. Me daría miedo conocerlo.
La literatura: el único objetivo claro que persigue mi rabiosa inteligencia.
Texto perteneciente a la novela titulada CALIENTE (pág. 24-25).


El profe salió al pasillo; y detrás de mí, el Granudo dijo entre dientes: «¡Mierda, no, mi madre!». Los berridos de aquella madre ocuparon todas las oquedades de la escuela. Las puertas de algunas aulas se abrieron, por comprobar qué pasaba. Incluso tuvo que intervenir el director y llevarse casi a rastras las amenazas de denuncia de aquella madre enlokecida. Y todo porque en El Paseo de los Caracoles, un personaje cincuentón, el Cartucheras, se
Texto perteneciente a la novela titulada CALIENTE (pág 10-11).





Ahora que empiezo a entrever la pesada carga de la responsabilidad adulta, no dejo de recordar mis determinantes quince años, las lecturas frenétikas de aquella época y el nabo enorme de mi profe de Lengua, aquel profe loko y brillante del que no he vuelto a saber absolutamente nada.
Ahora que tengo casi dieciocho años y soy universitaria, recuerdo aquella etapa de mi vida sin dejar de sentir cierto hielo en la boca del estómago, al mismo tiempo que surgen aquellas frases memorizadas para siempre. Qué tiempos. Un Nabokov que me ponía kachonda en algunos fragmentos de su Lolita, con aquella primera línea grabada a fuego: «Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas». Qué tiempos. Le daba vueltas y más vueltas a la novela Ciudad Rayada, de José Ángel Mañas, intentando reconocer los baretos y lugares de la obra de mi paisa, de aquella ciudad, Madrid, que era tan suya como mía. Y aquella línea: «Y le bajé las braguitas. Las palmadas en el culo le hicieron reír». Todavía creo sentirlas en mi propio kulo. Qué tiempos. Y aquellas lecturas histérikas de los cuentos de Bukowski. La vida hecha un escupitajo de alcohol. El crudo capitalismo puesto a cara descubierta: «Y luego vuelta a la fábrica conmigo, asesinando ocho o diez horas al día por una miseria, sin llegar a nada, esperando a Papá Muerte, metiendo tu inteligencia a patadas en el infierno y metiendo a patadas en el infierno tu espíritu». Qué tiempos. Y Lorca, Lorca y más Lorca. Y aquel viento que mordía de furia al ver que Preciosa se refugió y se quedaba sin picotearle su dulce cuerpo de mujer bandera: «Al verla se ha levantado / el viento, que nunca duerme. / Niña, deja que levante / tu vestido para verte. / Abre en mis dedos antiguos / la rosa azul de tu vientre». Y por último, un momento clave: la novela El Paseo de los Caracoles, de Antonio Gálvez Alcaide, un autor nuevo del que nadie en clase tenía puta idea, la lectura obligatoria del tercer trimestre que me valió un diez. Qué suspiros de niña enternecida. Qué descubrimiento. Todavía no he leído una fantasía tan hermosa y sensible como aquella; ni una imagen como la del alma de la difunta Mercedes que, tras contemplar cómo introducen sus restos en un ataúd, se desmaya, levita y queda suspendida en el vacío con los brazos en cruz: «La difunta Mercedes, tendida en el aire, parece una arboleda de pestañas negras». Qué recuerdos. Y qué lecturas. Una verdadera bomba atómica emocional en una niña de quince años.
Texto perteneciente a la novela titulada CALIENTE (pág. 9-10).
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