Aquellas nubes
Ya no volvieron a existir más viernes de calentura y aguas para Ranchito.
Fragmento perteneciente al relato titulado
«Vuelos de deseo y grietas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 59).

Ya no volvieron a existir más viernes de calentura y aguas para Ranchito.
Fragmento perteneciente al relato titulado
«Vuelos de deseo y grietas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 59).
su cabeza y sus pasos encallaron
Fragmento perteneciente al relato titulado
«Vuelos de deseo y grietas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 58).
El muchacho se tenía por más exigente y sutil en asuntos de mujeres
Fragmento perteneciente al relato titulado
«Vuelos de deseo y grietas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 57).
Ranchito y sus dos secuaces eran de la misma edad.
Fragmento perteneciente al relato titulado
«Vuelos de deseo y grietas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 56).
Es que aquella mañana era la mañana del viernes.
Fragmento perteneciente al relato titulado
«Vuelos de deseo y grietas» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 55).

los vecinos asalvajados de la difunta Mercedes
Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 124).

—Visítame pronto, rey
Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 121).

La viciosilla Gemma se regodea ante el espejo como su madre la parió.
Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 120).

—Qué, tengo buenas tetas, ¿eh?
Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 119).

La putilla sufre cuando piensa.
Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 118).

Los hombres del bar hacen ruido, y las orejas de Pepín palpitan a compás.
Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 86).

Todos se han quedado mirando al viejo.
Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 85).

A Pepín le divierte mucho este solterón de cincuenta y cinco años, con esos aires interpretativos de chico pistolero y sus salidas disparatadas.
Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 84).

Este gilipollas, con la mano herida, soba y resoba los pechillos de su compañera.
Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 81).

La tirante Esperanza está enterrada en el cementerio de San Juan Despí.
Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 79).

Muchos dicen que la putilla terminará cultivando en Gemma sus mal miradas tendencias de puteo.
Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 77).

Ya sabemos que la putilla Pachurra es putilla.
Texto perteneciente a la novela titulada EL PASEO DE LOS CARACOLES (pág. 76).
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