Santi Vidal, senador, un presunto gamberrillo

–Fotografía, con Santi Vidal en primer plano, extraída de La Vanguardia

Vemos el senador Santi Vidal presuntamente relamiéndose de gusto al decir (ver vídeo) que el Gobierno de Cataluña tiene los datos fiscales de los catalanes obtenidos de forma ilegal, y que esos datos pueden servir para hacer un censo electoral. Lo vemos así, junto con otras declaraciones presuntamente sabrosas que, presuntamente, no tienen desperdicio.

¿Cuánto tiempo tiene que seguir pasando para que la gran masa independentista catalana se dé cuenta de que ahora son una gran masa independentista porque así lo decidió la presunta catadura independentista de los presuntos señoritos de derechas de la extinguida Convergència, extinguida por ser presunta gamberrilla?

¿Cuánto tiempo tiene que seguir pasando para que la gran masa independentista catalana, que hace bien poco no era independentista, cuando la extinguida Convergència tampoco lo era, se dé cuenta de que han sido presuntamente manipulados por unos presuntos adultos-niños enrabietados, rebosantes de presuntas declaraciones infantiles? Sí, esa gran masa independentista con la que yo convivo sin el menor problema, con el respeto normal acostumbrado, con el cachondeo eternizado y que incluso amo. Oyes, ¿dónde está esa presunta intención, desde arriba, de división social y de conflicto? Qué risa.

¡Senador Santi Vidal, jajajajaja, has adquirido el gracejo andaluz!
¡De lo presuntamente infantil, eres tan gracioso
como los andaluces de mi pueblo, jajajaja!

Santi vidal, senador español (otra paradoja)

Santi vidal, senador español (otra paradoja)

¡¡¡ Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii, Saaanntiiiiii!!!

¡¡¡Presuntamente te queremos!!!

Dietario en Red 2004-2006, nueva edición en papel

Nueva edición, en formato papel, de
Dietario en Red 2004-2006.
Volumen: 14 x 21,5 cm.
Tiene 242 páginas.

Amada Marilyn, en el Dietario

Cubierta de Dietario en Red 2004-2006.

Dietario en Red 2004-2006 es un diario que escribió en Internet durante ese período el escritor Antonio Gálvez Alcaide. En estas páginas pronto podemos apreciar una extraña simbiosis entre literatura y vida, y un detallismo insospechado. La cotidianidad del barrio del escritor, que se hallaba entre los municipios barceloneses de Cornellá de Llobregat y San Juan Despí, se ensambla con sus experiencias, generalmente truculentas, como profesor de instituto. Queda patente su admiración por el escritor Josep Pla, a quien llega a tratar de confidente. De manera singular, analiza la obra de muchos escritores reconocidos, y recuerda vivencias personales con Camilo José Cela y Francisco Umbral, “paje de la literatura española”. Se revisa el sector editorial español, que parece un mundo abotargado, sin alas, dominado por lo insustancial, execrable; así como su paso por tres agencias literarias. Se refleja su relación con el periodismo, como el proceso que siguió su primer artículo publicado en prensa, que tuvo un tratamiento deleznable, incluso perverso. No muy desligado del mundo periodístico, se publican las reacciones habidas tras desenmascarar el seudónimo de Paz Vega López, el experimento narrativo y cibernético que le valió el entusiasmo de escritores como Arcadi Espada o Iván Tubau, y que está editado bajo el título de Caliente. La literatura y la vida, dos realidades separadas que aquí parecen fusionarse con una honestidad tan infrecuente que produce grima.

Más información, aquí.

El nacionalismo y Pío Baroja (XI)

(El nacionalismo y Pío Baroja, undécima entrega)

Pío Baroja, algo despistado (en entregas sobre el nacionalismo)

Pío Baroja aparentemente despistado.

Si estas palabras las oye un redactor de La Publicidad, dirá, como decía ayer, que yo no tengo ni memoria ni lógica, y no tengo ninguna de estas cosas importantes, porque antes hablé del semitismo de los catalanes y el otro día dije que Barcelona es la forja donde se funden los ideales colectivos de la España del porvenir.

Yo no veo aquí la falta de lógica. Yo dije que en Cataluña había espíritu judío, y es verdad; yo lo sigo creyendo; este espíritu judío está en muchos comerciantes ricos catalanes, está en muchos de esos hombres que han empujado a España a una guerra imbécil en Melilla; está en los que, después de explotar a rincones desgraciados de nuestro país, han tenido la estupidez de desear que España desaparezca y de gritar muera España, como si se pudiera desear la muerte de un país noble y desgraciado.

Yo no he hablado nunca mal del pueblo de Barcelona; he hablado mal principalmente de sus magnates, de esos señores que han despedido a los soldados con un escapulario y una cajetilla; he hablado de sus intelectuales, que me han parecido pedantes, afectados, mezquinos, y he dicho que tienen espíritu judío; lo he dicho y creo que lo seguiré diciendo, si así me lo parece.

Que yo he afirmado en una novela mía que Prim se parecía a un bandolero y ahora alabo a Prim, dice La Publicidad. No; asegurado así es de mala fe.

En una novela mía un personaje lo dice; yo, no. Pero aunque lo dijera yo, yo no tengo inconveniente en admirar a un bandido. Entre un bandido y un gran comerciante, yo casi prefiero al bandido. El uno roba en el camino real y el otro roba con el libro de cuentas.

Fragmento perteneciente al libro de Pío Baroja, Momentum catastrophicum (pág. 81).

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Mi cuaderno gris, también en papel

Disponible mi primer dietario escrito, Mi cuaderno gris,
tanto en formato papel como en eBook.
Aquí.
Por ahora es mi obra más extensa: 606 páginas.

Mi cuaderno gris

Mi cuaderno gris, de Antonio Gálvez Alcaide

Animado por el elevadísimo valor literario de los diarios de Josep Pla, el escritor barcelonés Antonio Gálvez Alcaide arranca su primer diario, MI CUADERNO GRIS, en septiembre de 2001 para concluirlo en diciembre de 2002. Catorce años después empieza a salir a la luz, mensualmente, en eBook, cada uno de los tomos que constituye la obra, ahora ordenados por capítulos en formato papel. MI CUADERNO GRIS constituye una pormenorizada radiografía de la intimidad, de la comarca del Llobregat, de la ciudad de Barcelona, de los aspectos sociales y políticos de aquellos tiempos convulsos, de la cultura literaria de una época, una época que se enmarca, en el escritor, dentro de un paro laboral forzado y del inicio como profesor de instituto, dentro de una familia devastada por la muerte, rasgada por el principio del fin.

Cuaderno de Mi Cuaderno gris

Primero de los dos cuadernos originales de Mi Cuaderno gris.

El nacionalismo y Pío Baroja (X)

(El nacionalismo y Pío Baroja, décima entrega)

Foto incluida en la serie sobre el nacionalismo catalán

Pío Baroja, muerto

Yo lo digo, porque lo creo así; para mí vuestros intelectuales y vuestros políticos no han estado a vuestra altura; ni os han descubierto, ni os han estudiado, ni os han dado beligerancia ante el mundo. Yo lo decía con indignación de los catalanistas. Cataluña y Barcelona se conocen en el mundo, más que nada, por sus revueltas románticas, por el ansia de ideal de su población proletaria.

(…). Barcelona que, por su aspecto, por su sentido colectivo y por su población obrera es una gran ciudad, es, por sus intelectuales, por sus genios catalanistas, de una mezquindad bastante grande, de una cursilería bastante pintoresca.

Yo no les odio, ni mucho menos; aunque creo que si fuera catalán les odiaría; ¿pero cómo tomar en serio estas pedanterías pesadas de mi amigo Corominas, de este gran hombre cuyos pensamientos están como nadando en grasa, ni considerar como definitivas las brillantes flatulencias de Gabriel Alomar, ni dar importancia al esnobismo sin gracia ni ligereza del Xenius de La Veu de Catalunya? Yo, como digo, no les odio; pero me parecen insignificantes, más insignificantes todavía que nosotros, los del resto de España; porque allí, al menos, el pueblo no nos oye ni nos hace caso; pero aquí, sí; aquí está atento, aquí no se puede desvariar sin tener una grande responsabilidad. Allí los que escribimos somos como oficiales honorarios, que no tenemos soldados; aquí, no; aquí son como oficiales poltrones de un ejército admirable. Aquí el pueblo es culto, aquí el pueblo tiene un fondo social que no tiene el resto de España.

Fragmento perteneciente al libro de Pío Baroja, Momentum catastrophicum (pág. 79).

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El nacionalismo y Pío Baroja (IX)

(El nacionalismo y Pío Baroja, novena entrega)

(Foto incluida en la serie sobre el nacionalismo catalán). Pío Baroja, enfermo de muerte, con Ernest Hemingway.

Pío Baroja, enfermo de muerte, con Ernest Hemingway.

Barcelona me parece una ciudad exuberante, que, a pesar del cosmopolitismo que producen los puertos concurridos como el suyo, se mantiene íntimamente hispánica, extraordinariamente española.

En cambio, la producción intelectual barcelonesa, ¿qué impresión da? Hay drama en catalán que parece escrito en la Noruega; versos, que parecen confeccionados en el bulevar de Montmartre; comedias lacrimosas, como las de Rusiñol, en las cuales uno se encuentra como disuelto en un mar de merengue internacional; hay de todo: sueco, noruego, dinamarqués y hasta tártaro; lo que no se ve es que haya nada catalán: por lo menos, nada alto, nada fuerte, nada digno del país.

Todos los productos de la intelectualidad catalanista me parecen híbridos, sin el sello de la raza. Me dan la impresión de esas comidas de hotel y de sleeping-car, que todas se parecen, que todas se componen de una tortilla a la francesa y de un pollo desabrido envuelto en ensalada.

Aquí, en las cocinas de esos primates del intelectualismo catalanista, se huele a Emerson y a Carlyle, a Nietzsche y a Ruskin; lo que no aparece por ningún lado es el olor a la tierra.

Alguien me dirá que yo no puedo juzgar esto; que yo no conozco ni el idioma, ni la tierra, ni las costumbres. Cierto. Hace algunos años, cuando se llegaba a Barcelona y se encontraba uno con aquellos intelectuales que entonces se distinguían por la melena y por la pipa, lo primero que decían era: ¡Ah! Usted no conoce el problema.

Es verdad; yo no conozco el problema. Además, es muy posible que no haya problema, y que todo el problema catalán sea como el problema español: una cuestión solamente de libertad y de cultura.

Fragmento perteneciente al libro de Pío Baroja, Momentum catastrophicum (pág. 77).

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El nacionalismo y Pío Baroja (VIII)

(El nacionalismo y Pío Baroja, octava entrega)

(Serie sobre el nacionalismo) Pío Baroja al óleo.

Pío Baroja al óleo.

No voy a poder entreteneros hablándoos de la Grecia, ni de la Macedonia, ni de la China; ni de Antropología, ni de Geología, ni de nada; os tengo que hablar de mis cuellos postizos, del catalanismo, del nacionalismo, de literatura y de otras cosas igualmente vulgares y sin importancia. (…).

Esta situación especial del hombre retado a decir cosas duras, me obliga a no manifestar mi entusiasmo que en el fondo siento por esta ciudad esplendorosa y magnífica (Barcelona).

Hablaré, pues, entreverado; ya que no puedo ser pájaro, ni quiero ser rata, me dedicaré a ser un poco murciélago.

Yo, ciertamente, no he negado a Cataluña nunca, y menos a Barcelona; lo que sí he negado en su mayor parte ha sido la intelectualidad de Barcelona.

Yo veo aquí una porción de mentiras, acumuladas con intenciones más o menos piadosas, acerca de Cataluña en sí misma y de Cataluña con relación al resto de España.

Yo no veo aquí la acomodación espiritual entre lo que es Cataluña en sí y lo que es Cataluña representada por su docena y media de escritores y periodistas.

A mí Cataluña me da la impresión de ser casi más española que las demás regiones españolas. Los catalanistas, en cambio, aseguran que no, que Cataluña casi no tiene nada que ver con España, que es un país con otra raza, con otras ideas, con otras preocupaciones, con otra constitución espiritual.

Por diferenciarse, encuentran los catalanistas una porción de contrastes étnicos, psicológicos y morales entre catalanes y castellanos. Son los castellanos individualistas, los catalanes son colectivistas; son los castellanos fanáticos, los catalanes, tolerantes; son los castellanos místicos y arrebatados, los catalanes son prácticos. Yo nunca he visto estas oposiciones ni estos contrastes, y no digo esto como patriota, sino como un hombre más o menos observador.

Fragmento perteneciente al libro de Pío Baroja, Momentum catastrophicum (pág. 75).

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El nacionalismo y Pío Baroja (VII)

(El nacionalismo y Pío Baroja, séptima entrega)

(Sobre el nacionalismo) Pío Baroja

Un dibujo de Pío Baroja realizado por Ramón Casas.

Volvieron mis amigos a la carga y a reprocharme mi pereza. Yo decía: ¡Pero si mi oratoria no es brillante, ni original! Si no empleo más que lugares comunes, y he llegado a la gran vergüenza de decir: Yo entiendo, señores, como los diputados de la mayoría. ¿Para qué voy a hablar? ¿Llevo yo dentro algún sermón de la Montaña, como Cristo? ¿Yo soy un Séneca o un Pedro Corominas, un Gladstone o un Bertrand y Musitu? No; por eso no quería hablar. Pero me han pedido tantas veces que dijera algo que, al último, he tenido que ceder para no parecer terco, y en el salón del hotel me he puesto a escribir estas cuartillas y a hilvanar unas cuantas vulgaridades acerca de Barcelona.

Yo lo siento por vosotros, porque os vais a sentir defraudados, os vais a aburrir, pero acordaos de que hoy es día de Viernes Santo, día de ayuno y de abstinencia de carne, y que no está mal el mortificarse un poco. Tomad, pues, mis palabras escritas por una vigilia, por algo así como espinacas espirituales y consideradlas como una pequeña mortificación propia de Semana Santa.

No tengo embotellado nada para soltarlo entre vosotros, no tengo ningún libro en mi maleta; no puedo consultar nada: ni apuntes, ni periódicos, ni revistas; todo mi equipaje se reduce a unos cuantos cuellos y puños postizos, ya usados, y a un reloj de bolsillo, que tiene el minutero torcido y que me daría mucho que hacer para averiguar la hora, si mi reloj tuviese la humorada de andar. Afortunadamente, no anda. Se me cayó hace un año en la Plaza de San Pedro, de Roma, y desde entonces está parado, con una consecuencia extraordinaria. Así que, más que para saber la hora, lo llevo de lastre. Como digo, todo mi equipaje es este y unas cuantas ideas, más o menos arbitrarias, que tengo en la cabeza.

Fragmento perteneciente al libro de Pío Baroja, Momentum catastrophicum (pág. 72).

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El nacionalismo y Pío Baroja (VI)

(El nacionalismo y Pío Baroja, sexta entrega)

Pío Baroja (entregas del nacionalismo y el autor)

Pío Baroja, posando como si estuviera leyendo.

No sé si tenéis alguna opinión, buena o mala, acerca del que escribe estas líneas; si la tenéis, no intentaré yo modificarla; si no la tenéis, os diré que soy yo un hombre ingenuo y sincero, poco social, poco político y un tanto vago. Me dijo en un artículo Pompeyo Gener que yo era un ogro finés injerto en un godo degenerado; yo no me siento ni tan degenerado, ni tan finés, ni tan ogro; por ahora no me he comido ningún niño crudo, y me figuro que no llegaré a adquirir estas raras aficiones gastronómicas.

Yo me había opuesto a dar una conferencia aquí, porque, realmente no tengo grandes cosas que decir y, además, porque poseo un sentido pedagógico tan pequeño, tan poco confiado, que me impulsa a sospechar si todo el mundo tendrá razón, aunque todo el mundo defienda cosas distintas.

Estaba, pues, en la situación expectante y tranquila de un curioso; había convencido a mis amigos de que mi oratoria es, como dice La Publicidad de ayer, con gran exactitud, ni brillante ni original, sino llena de lugares comunes, de tópicos de mitin y de vulgares frases efectitas, cuando apareció un artículo en El Poble Català pidiendo que hable en el Ateneo y ejerza de ogro, diciendo desde allí cosas fuertes, si es que me atrevo a decirlas.

Fragmento perteneciente al libro de Pío Baroja, Momentum catastrophicum (pág. 71).

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El nacionalismo y Pío Baroja (V)

(El nacionalismo y Pío Baroja, quinta entrega)

Pío Baroja y el nacionalismo

Excelente imagen sobre el hombre, el mono y el cerdo.

Con relación al interés parece lógico y práctico a primera vista que las regiones ricas se quieran separar de las pobres. Es un sentimiento egoísta, mezquino, pero muy natural. Quizá a la larga no sea tan práctico como parece. Lo sea o no lo sea, lo que no comprendo es que se odie a la región pobre y a sus habitantes por pobres. Esto será siempre una aberración, un sentimiento despreciable para un verdadero chapelaundi. (…).

En todos los pueblos del mundo la política produce un elemento ambicioso, arribista, bajo e inmoral. Político y chanchullero son sinónimos. (…)

Y si las gentes mezquinas que necesitan que España se disgregue están en mayoría, que se disguegue, que se separen las regiones unas de otras y se vaya cada cual por su lado, pero hagamos la despedida general más bien con una sonrisa que con una amenaza. Al fin y al cabo, por esto no se ha de hundir el mundo, ni la tierra de España ha de desaparecer en los mares.

Si las patrias y los templos se derrumbaran, no lloremos por ellos, pensemos que se levantarán otros mejores y que al fin y al cabo la patria del hombre es el mundo; y el mejor templo, la naturaleza.

Si hacemos esta disosiación sin muertes, asolamientos ni otros disparates y el hacerlo es un error más de los españoles, al menos si tenemos que reunirnos mañana de nuevo y no hay sangre de por medio no habrá tampoco un obstáculo grave para la unión.

Fragmento perteneciente al libro de Pío Baroja, Momentum catastrophicum (pág. 55).

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El nacionalismo y Pío Baroja (IV)

(El nacionalismo y Pío Baroja, cuarta entrega)

Pío Baroja y el nacionalismo

Pío Baroja, en la cuarta entrega del nacionalismo, y siguiendo con su pragmatismo.

¿Así que no hay diferencia regional ninguna? -me preguntarán-. Sí, sí la hay, pero es una diferencia que apenas puede trascender a la política. Hay, no cabe duda, un matiz sentimental especial en cada región, pero este matiz se encuentra vagamente expresado en la poesía y en la música populares, en las costumbres; puede servir para informar una clase de literatura o de arte, pero no bastará para hacer leyes distintas.

Así un político catalán, castellano o vasco no se diferencian en nada, usarán todos las mismas ideas y los mismos lugares comunes; en cambio, un escritor y un músico se distinguirán.

Yo, por ejemplo, no siento hostilidad alguna para la gente del Mediterráneo, aunque me han acusado de esto los catalanes, pero tampoco tengo con sus escritores y artistas una hermandad espiritual.

A mí, en general, los escritores catalanes y todos los del Mediterráneo me aburren; me aburre Blasco Ibáñez, me aburre Salvador Rueda, me aburre también Ricardo León. Su obra entera me parece caligrafía pura.

Un pintor catalán me decía hace dos años en un café de Barcelona: “Cuando veo un tiempo como el de hoy, oscuro, lluvioso y triste me acuerdo de los libros de usted”.

Y yo, que encontraba muy lógico lo que me decía, le contestaba:

-Yo cuando leo a los escritores catalanes me parece que estoy en el gabinete de un dentista.

Fragmento perteneciente al libro de Pío Baroja, Momentum catastrophicum (pág. 52).

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El nacionalismo y Pío Baroja (III)

(El nacionalismo y Pío Baroja, tercera entrega)

Una reseña biográfica de Pío Baroja

Una reseña biográfica de Pío Baroja. Gracias al periodismo, Baroja fue un escritor viajado, una buena dosis contra el nacionalismo.

Julio César, que conocía muy bien a los pueblos, dijo a los españoles unas frases muy severas después de la batalla de Munda.

“Habéis aborrecido siempre la paz de tal manera, que nunca pudo el Pueblo Romano dejar de tener entre vosotros las legiones. Los beneficios los recibís como injurias y estimáis por favores los agravios. Así, jamás habéis podido conservar ni la concordia en la paz ni el valor en la guerra”.

Aun descontando la irritación de César, yo me temo que en estas palabras severas haya un gran fondo de verdad.

Por lo menos, la concordia en la paz bien claramente se ve que no la sabemos conservar.

Si se llega a establecer la autonomía de Cataluña a disgusto de los demás españoles, es de temer que éstos vayan hasta la ruina con tal de perjudicar a los catalanes, y los catalanes, a pesar de ser comerciantes y prácticos, hagan cualquier absurdo para mortificar a los castellanos.

Es así la raza: fácil para la saña, para la venganza, como es fácil también para el entusiasmo y la cordialidad. ¡Qué obra la de los catalanistas y los bizkaitarras! ¡Excitar el odio interregional, fomentar el kabilismo español ya dormido! ¡Qué pobreza! ¡Qué miseria moral! ¡Qué fondo de plebeyez se necesita para emprender esa obra!

Esas gentes que llevan barretina, que es como un calcetín puesto en la cabeza, o esos vascongados de Bilbao, que gastan una boina tan pequeña que parece un solideo, no pueden discurrir como nosotros. Son chapelchiquis.

Hay que tener en cuenta que el insultarse no es necesario ni aun para la separación. Los noruegos no necesitaron insultar a los suecos para separarse de ellos; pero estos eran chapelaundis.

Cierto que un escritor como Maragall reaccionó contra esta tendencia y ensalzó a todas las regiones de España; pero en sus versos laudatorios se notaba en el fondo la política.

Fragmento perteneciente al libro de Pío Baroja, Momentum catastrophicum (pág. 39).

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El nacionalismo y Pío Baroja (II)

(El nacionalismo y Pío Baroja, segunda entrega)

Pío Baroja y la palabra verdad

Pío Baroja: “Es que la verdad no se puede exagerar. En la verdad no puede haber matices” (aquí no se nos escapa otro pecado del nacionalismo)

Enfrente de esta vanidad, de este deseo de figurar, está el español pasivo, perezoso, sin deseo, que no siente la gran necesidad de figurar en el mundo. Ante esta necesidad, el catalán se irrita. (…). Por extraño contraste, el catalán, que tiene más apetito de gloria que el castellano, no tiene una tradición tan gloriosa como éste, sobre todo para el resto del mundo.

Para el extranjero, España es el Cid, es don Juan, es el Quijote, es La vida es sueño, son los cuadros de Velázquez y de Goya, es la conquista de América, son los chapelaundis del Bidasoa. Y en todo esto los catalanes han colaborado poco. Es decir, que la representación de la España gloriosa está, principalmente, en Castilla.

Castilla y las provincias unidas a ella tuvieron la suerte en el pasado de producir sus hombres más ilustres y de realizar sus más altas empresas en el momento en que la luz del mundo se dirigía muy principalmente a ellas.

Después vino la penumbra de España, cosa natural, porque la Península no tiene la pasta mineral catalana necesaria para ser una gran nación, y su explendor tenía que ser un explendor pasajero. ¿Cómo luchar desde la modestia de nuestros medios económicos actuales con ese momento brillante que dejó en el mundo la impresión de algo definitivo?

La cosa es difícil y tiene que desanimar a quien la emprenda.

De aquí la acritud, la amargura de los catalanes al verse excluidos de unos hechos históricos definitivos e irremediables, y al comprobar que esos hechos deslucen los intentos modernos.

Esta es para mí la razón principal de que los catalanes no tengan amor por España. Se me dirá que la mayoría de los españoles tampoco tiene amor por Cataluña. Cierto. Esperar que unas regiones amen a otras, que unos individuos tengan cariño por otros, es una utopía para todo el que no sea un chapelaundi; pero al menos podíamos contentarnos con que el “Amaos los unos a los otros” fuese en la práctica: “Soportaos los unos a los otros”.

Tampoco, sin duda, esto es posible ni en los individios ni en las regiones.

Fragmento perteneciente al libro de Pío Baroja, Momentum catastrophicum (pág. 36).

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El nacionalismo y Pío Baroja (I)

El nacionalismo vasco quiere basarse sobre la idea de la raza, así es de endeble y de raquítico. Es una teoría de chapelchiquis.
El que no tiene los cuatro apellidos vascos no es vascongado, según nuestros nacionalistas.

El nacionalismo y Pío Baroja (I)

El nacionalismo y Pío Baroja (I)

Ya podemos los que no estamos en ese caso preparar la maleta para el momento en que triunfen los bizkaitarras. Lo extraño es que uno de los primeros que tendrá que largarse del país será uno de los jefes bizkaitarras: el Sr. Sota.
Los nacionalistas catalanes, más enterados que los vascongados y más cucos, no han hecho hincapié en esta idea de la raza: aquellos datos de los índices cefálicos del doctor Robert los abandonaron como una fantasía sin valor, y han ido a afirmar la nación a la manera que la afirmaba Renan, como un todo espiritual, con una idea, con un lenguaje y con una dirección.
Otros sostenes además de la raza tiene el nacionalismo, la religión, el idioma, la cultura, la historia, la simpatía y la antipatía, y, por último, el interés.

Hablaré de todo ello de una manera rápida, no desde el punto de vista político y práctico, sino desde un punto de vista espiritual literario chapelaundiano.
De todos estos factores del nacionalismo, para mí en el catalanismo y el vasquismo influyen, más que nada, la antipatía y el interés.

El catalán tiene una vanidad vidriosa, y le molesta y le irrita ser de un país, como España, que no figura hoy en el mundo. Ahí está el caso de la guerra actual. España no ha figurado, no ha tomado parte en el conflicto; los catalanes no podrán estar entre los aliados entre músicas, banderas y colgaduras. Esto le entristece al catalán, y ha llegado a creer que el resto de los españoles ha tenido la culpa, porque se acomodan a vivir sin brillo y sin fanfarria.
El catalán quiere ser interesante a toda costa. Así ha dicho Cambó: “Cataluña es el país más idealista y más romántico del mundo”. Mañana dirá: “Cataluña es el país más realista y menos romántico del mundo”, y se quedará tan tranquilo. Los hombres del “Debe” y “Haber” son así.

Fragmento perteneciente al libro de Pío Baroja, Momentum catastrophicum (pág. 34).

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El crimen de la calle de Fuencarral y Pío Baroja

Resulta curioso, y hasta chocante, que el maestro Pío Baroja, siempre tan cercano en el tiempo, haya sido testigo de una ejecución pública, cuando las ejecuciones públicas todavía se barajaban en España. En este caso, Pío Baroja fue testigo de la ejecución de la autora del crimen de la calle de Fuencarral.
Veamos cómo describe el asunto Pío Baroja:

El verano de 1888 se apasionó Madrid con el crimen de la calle de Fuencarral, que fue uno de los crímenes más famosos de España, no tanto por el hecho en sí, que no era de gran importancia, sino por la repercusión que tuvo en la prensa y en el público.

Higina Balaguer, ejecutada

Ejecución de Higinia Balaguer, autora del crimen de la calle de Fuencarral

En el número 109 de la calle de Fuencarral, casa de apariencia modesta, que todavía existe, en un segundo piso mataron a una señora entre la criada, Higinia Balaguer, y una amiga de ésta, Dolores Ávila. ¡Qué apasionamiento en el público! Todo el mundo parecía atacado por una histeria colectiva.
El proceso de este crimen debió durar mucho tiempo, y, sobre todo, en su segunda época fue cuando produjo más curiosidad y mayor expectación.
Los periódicos se dividieron ante la opinión pública en sensatos e insensatos. Sensatos eran los que pensaban que los autores principales habían sido las dos mujeres citadas, una de ellas la protagonista principal y la otra su cómplice.
Los insensatos creían, como un dogma, que la señora que apareció muerta había sido asesinada por su propio hijo, Vázquez Varela, el cual en la época del crimen estaba recluido en la cárcel Modelo, aunque salía de ella, según la opinión de alguna gente, por complacencia del director.
Yo vi a la protagonista del crimen de la calle de Fuencarral, a la Higinia, y hablé con ella en un pasillo del hospital.
Tiempo después, por insistencia de un condiscípulo que estudiaba Medicina como yo, presencié la ejecución de la Higinia Balaguer desde los desmontes próximos a la cárcel Modelo, a una distancia de trescientos o cuatrocientos metros.
Hormigueaba el gentío por aquellos desmontes que entonces no estaban ni poblados ni urbanizados como están ahora. Soldados de a caballo formaban un cuadro muy amplio delante de un muro. Sobre éste se hallaba el patíbulo.
La ejecución fue muy rápida. Salió al tablado una figura de mujer, vestida de negro. El verdugo le sujetó los pies y las faldas; luego los Hermanos de la Paz y Caridad y el cura, con cruz alzada, formaron un semicírculo delante del patíbulo y de espaldas al público. Se vio al verdugo que ponía a la mujer un pañuelo negro en la cara y que daba rápidamente vuelta a la rueda; luego quitaba el pañuelo, y desaparecía.
El cura y los Hermanos de la Paz y Caridad se retiraron, y allí quedó una figura negra muy pequeña, destacándose sobre la tapia roja de ladrillo, ante el aire azul de una mañana luminosa de primavera.
Las cosas más absurdas se contaban y se decían.
Las fantasías del pueblo se desataron. Según algunos, la Higina era inocente. El verdugo se había prestado a una farsa, porque no era la Higinia a la que había estrangulado, sino un muñeco al que sentaron en el patíbulo para que lo viera la gente.
A esta mujer criminal, la musa del pueblo maleante le había dedicado una canción, un tango brutal y cínico, entonces conocido. En él se equiparaba el crimen con una fiesta de toros.

Fragmento perteneciente al libro de Pío Baroja, Reportajes (pág. 83).

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Pablo Iglesias con la cabeza gacha (!)

Sí, Pablo Iglesias con la cabeza gacha (!) (desolación) (pijillo arrugado).

Pablo Iglesias, con la cabeza gacha (!) en la noche electoral del 26 de junio de 2016Efectivamente, dadas tus altas miras devoradoras, Pablo Iglesias, bonito de cara, Sr. Ínfulas, me alegro del patadón que has recibido en el culo. Aprende, novato. Con mucha esperanza en TU cambio, A.G.A.

Pablo Iglesias, con el tiro en su culataP.D. ¿Ves lo que pasa por ser permisivo con el nacionalismo-catalán-independentista-excluyente, Pablo? Si el nacionalismo catalán le hubiera costado a TU bolsillo 125.000 euros (ciento veinticinco mil euros), como a mí (exclòs, manca català), OTRO GALLO TE CANTARÍA, chico guay.

Pablo Iglesias en Barcelona (en su primer mitin). Crónica de Antonio Gálvez Alcaide

Contestar a un artículo periodístico

Pío Baroja, posando como si escribiera

Pío Baroja

-Contestar a un artículo o a un libro que ataca o defiende una teoría, diciéndole al autor que es jorobado o que su mujer le engaña, me parece muy aldeano, muy tonto (…)
-Pero usted quiere ver la literatura como si no tuviera actualidad, como si ya hubiera pasado en la historia o no hubiera en ella pasiones.
-Yo creo que es lo más cómodo, lo mejor y lo más verdadero.
-Pues de ahí nace mucha de la antipatía que tienen contra usted. Es usted un traidor al gremio.
-¿Usted lo cree así?
-Claro que así lo creo.
-Puede que sí. ¡Qué le vamos a hacer! Yo no he tenido una postura pensada ante el público, porque creo que no valía la pena. Hace poco algún simpatizante me ha mandado dos o tres números de la Gaceta Literaria, de Giménez Caballero, y en uno de ellos hay una nota de un profesor belga, Lucien Paul-Thomas, que escribió algo sobre mí, y al final de la nota dice: “Parece ser que Baroja, tanto en Bélgica como en Holanda, dejó atrás una impresión hermética, banal”. ¿Y para qué iba a dejar otra impresión? No era cosa de andar con una chaqueta roja, con melenas o con una cacatúa en el hombro.
-Usted exagera, pero algo hay que dar al público.
-Yo creo que si el público no da nada, hay que contestar haciendo lo mismo.
-Así le tendrán antipatía.
-Es igual. Esto no influye en la vida. Yo me creo hombre, no digo que de mérito, pero sí de cierto carácter y de tesón. Decidirse, como me decidí yo, a ser sólo novelista, sin empleo ni medios de fortuna, si se considera desde cierto punto de vista tiene su mérito. Yo estaba convencido de que no encontraría apoyo en ninguna parte y de que no ganaría apenas para vivir. Fuera de esto, lo único que me hubiera gustado hubiera sido hacer un trabajo científico; pero esto era más difícil aún. Por otros caminos no encontré nada.

Fragmento perteneciente al libro de Pío Baroja, Bagatelas de otoño (pág. 18).

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En París

París en los años 20

A mí, al principio, venían a visitarme algunas personas en París, en la Ciudad Universitaria. El visitante, al verme en un cuarto pequeño y pobre, debía de sentir una impresión de desdén.
-Esto no es nada -pensaba seguramente-. Si este señor tuviera unas grandes barbas y el pelo largo y vistiera muy bien o muy mal, o hablara el francés como un parisiense, o no supiera una palabra de francés, estaría en su sitio. Pero un hombre así, viejo, con un traje raído, una boina y un pañuelo al cuello, que habla un francés pobre y sin carácter, no vale la pena de tomar en serio. No es asunto para ocuparse de él y hacer un artículo.
(…)
Me preguntó varias cosas, a las cuales yo contesté, y luego me dijo:
-Oiga usted. ¿Cómo explica usted que, siendo un hombre atento, corriente, se tenga de usted la idea de que es usted un tipo brutal y de mal genio?
-Pues no sé a punto fijo. Me figuro que es una consecuencia de incompatibilidad en conceptos e inclinaciones. Mucha gente piensa, o por lo menos siente, que el que no tiene sus hábitos y sus entusiasmos es un enemigo. A mí me parece lógica la intransigencia tratándose de ideas esenciales.

Fragmento perteneciente al libro de Pío Baroja, Bagatelas de otoño (pág. 16).

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Nueva tirada de artículos periodísticos

Arranca una nueva tirada de artículos periodísticos. Puede decirse que los artículos serán dominicales, ya que irán apareciendo todos los domingos, preferentemente antes de las once de la mañana. Se anunciarán en la sección de Periodismo, aquí. ¡Que los disfruten!

Artículos de Antonio Gálvez Alcaide

Anécdotas

Anécdotas

Usted, que es una lectora inteligente y benévola, habrá notado, con seguridad, que yo marcho en estos últimos libros de recuerdos a la deriva. No puedo seguir un rumbo seguro y navego caprichosamente a la buena de Dios. Respecto al título, la mayor parte de las historias y anécdotas que cuento aquí son pequeñeces.
También hay para mí algo serio en este volumen; pero como las bagatelas dominan y las escribo en otoño, les he dado este nombre: BAGATELAS DE OTOÑO, y perdone usted la impertinencia, si es que la hay.
(…)
Como le digo, este centón, casi completamente formado por anécdotas, quizá le parezca a usted algo más mediocre que los otros volúmenes anteriores, que se ocupan de cuestiones de historia y de literatura; pero yo no creo que un libro sea bueno o malo sólo por el género que trata. (…) En este libro hay muchas anécdotas oídas; otras, contadas y pocas leídas.
Este libro, final de estas Memorias, es como una función de fuegos artificiales de aldea cuando comienzan a sonar los chupinazos, se levantan en la noche cohetes brillantes y va dando vueltas en la oscuridad una serpiente luminosa, que al último queda reducida a unas chispas que giran alrededor de unas aspas de caña.
Yo no sé si servirá para pasar el rato. Si sirve para eso, es bastante. Está uno viejo y gaga con poca fibra.
Ya que no puede uno dedicarse a grandes especulaciones, diremos, como el abate Swift: ¡Viva la bagatela!

Fragmento perteneciente al libro de Pío Baroja, Bagatelas de otoño (pág. 7).

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