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EL PASEO DE LOS CARACOLES, una cita de cada página, en ABIERTO

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ABC, artículo 5

Jueves, 24 de Abril de 2008 5 comentarios

ASUNTOS GROTESCOS
Por Antonio Gálvez Alcaide.
Publicado en el diario ABC, el día 11 de julio de 1998.

De nuevo los tanteos y escurribandas acerca de la política lingüística catalana, como esos gallos que picotean el suelo en busca de bichitos y granos imprevistos. El hastío y una reconcentrada y provocada mueca estupefacta me llevan a mirar hacia atrás.

Recuerdo la visita de Jordi Pujol, presidente de la Generalitat de Cataluña, a Fernando Álvarez de Miranda, Defensor del Pueblo –con motivo de unos matices, recomendaciones y sugerencias, sobre la ley del catalán–, sus palmaditas y el mutuo estrechamiento de manos. Recuerdo la reciente queja del Defensor, acusado de inquisidor por curiales invidentes del medievo. Críe usted cuervos, bellísima señora, que verá dónde vuelan sus pestañas de negros remolinos. Recuerdo las declaraciones de Joaquim Nadal, portavoz del PSC, al evidenciar que la Generalitat iniciaba borradores sobre decretos lingüísticos sin consultar a los miembros de su partido, unas declaraciones airadas que amenazaban con retirar el apoyo a la ley que su mismo grupo votó, como si la votación de toda una ley, con sus gigantescas repercusiones, fuese airecillo grácil, pronta materia de quita y pon y causa de rabieta infantil. Poco después escuché a su compañero y líder, Narcís Serra, que repetía los mismos acordes, esta vez a causa de una propuesta de cuotas y sanciones en la industria del cine. Indudablemente, la ligereza sobre la lengua abona un terreno grotesco.

Los nacionalismos… Recuerdo la inauguración de la Feria de Abril de Santa Coloma de Gramenet, en la que participó el regidor de Cultura, Joan Maria Pujals, sin que perdiera tiempo en citar el amor de Federico García Lorca hacia Cataluña. Mi felicidad hubiera enjugado seguros hilillos de baba si el regidor hubiese leído las siguientes palabras del poeta centenario: “Yo soy hermano de todos y execro al hombre que se sacrifica por una idea nacionalista abstracta por el hecho de que ama a su patria con una venda en los ojos”.

Una venda en los ojos. El bochorno de la paradoja. La tristeza de comprobar cómo el poder político barre exclusivamente hacia sus obsesiones. Todo cuenta y suma. Jordi Pujol no se cansa de expresar que la Ley de Política Lingüística nunca vulnerará los derechos de los castellanohablantes. Gran falacia. La ley anterior, digamos menos endurecida, ya recortaba la libertad incluso de los catalanohablantes. Sí, así es.

En Cataluña coexisten dos lenguas oficiales, el catalán y el castellano. Y cualquiera de las dos, o tan sólo una de ellas, debiera servir para, por ejemplo, acceder al sector público. Me he encontrado con varios catalanohablantes, con sus carreras conclusas, que no consiguen acceder a su vocacional empleo debido al famoso nivel C de la Junta Permanent (en esta prueba de catalán se exige, como mínimo, un 7,2 para considerarse apto). Sus carreras se convierten en papel mojado. Y si desean disfrutar de oportunidades en el empleo público, han de emigrar a otras comunidades.

Cómo empobrece la venda en los ojos. Incluso la parcialidad de pequeñas excelencias. Sin alejarme del ámbito público, los que aspiran a ser profesores de secundaria, en convocatoria catalana de oposición, deben superar, como es normativo, unos exámenes previos sobre el conocimiento de las dos lenguas oficiales. Mientras los aspirantes de filología catalana quedan exentos de la prueba de catalán, algo elementalmente lógico, los candidatos de filología castellana se ven obligados a desgastarse y mostrar sus conocimientos de castellano. Se conoce que los engranajes de la Generalitat deben de argüir que los licenciados en filología catalana poseen albricias, caminos más despejados o, como diría Juan Alfonso de Baena, gracia infusa del señor Dios.

Revolotea la diglosia de los decretos, la parcialidad, un espectro de cuotas, sanciones, multas, imposiciones, vías monolingüistas, apellidos abocados a la metamorfosis… Los nacionalismos. Es evidente que existen numerosos ciudadanos catalanes, y no catalanes pero residentes en Cataluña, afectados por la política lingüística. Y que a la mayoría de ellos le importa muy poco la buena salud del castellano o que lo hablen 400 millones de personas. El círculo donde desarrollan sus vidas es muy reducido.

Se ensancha la vereda. Una zalagarda de gallos, atarambanados, presentan sus husmas de espolones y cacareos bajo un cielo de fanfarria.

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