
Me han localizado en Internet alumnos de 1º de ESO. Demasiados críos. No me ha gustado ni un pelo. Pero alguna vez tendría que ocurrir. Ya ha ocurrido.
Todo partió de una nena de la agrupación 13, una nena, por cierto, muy aplicada en el estudio. Me ha explicado que se le ocurrió poner en Google los nombres de los profesores, por comprobar si tenían fotos. Se conoce que cuando llegó al mío, le cayó todo el chaparrón. Y la noticia se extendió como un virus informático (iba a decir “como la pólvora”). Todos los grupos que tengo me pidieron explicaciones cuando me vieron aparecer por la clase. Muchos se reían. Y decían Caliente, El solitario. Curiosamente, El solitario ha sido el título más citado. Y preguntaban: “¿Eres escritor?”. Y volvían a repetir Caliente. Y El solitario. Y El solitario de nuevo. Y Caliente. Y más risas. Y no faltó la voz de una nena pizpireta:
—Los profesores están para dar ejemplo.
Ni la voz de una nena que suele dar la lata en ocasiones:
—¿Sabes que te podemos denunciar?
Los callé a todos mediante un compromiso:
—Vale, me habéis descubierto en Internet. Yo soy vuestro profesor de Lengua Castellana y Literatura. Y lo que tengo en Internet se refiere a la literatura. Así que como vuestro profesor de Literatura que soy en el curso actual, podría hablaros perfectamente del asunto. Pero se da otra circunstancia. Todo lo que tengo en Internet tiene que ver con mi vida personal. Así que en absoluto estoy obligado a hablaros de ello. Ahora bien, como habéis descubierto mi faceta literaria, me comprometo a responder a todas las preguntas que queráis, de uno en uno y en completo orden, el último día de las clases lectivas de Lengua, que, como sabéis, terminan la primera semana de junio. Y todo esto, claro es, si os portáis bien y os ganáis mi confianza. Porque repito, yo no estoy obligado a hablaros de mi labor literaria.
Estas palabras de compromiso las pronuncié el primer día de la semana, el lunes. Y las repetí el martes. Cuando llegó el viernes casi se habían olvidado del asunto. Ah, el jueves habló conmigo una tutora de 1º de ESO, sobre el descubrimiento literario en Internet. Me dijo que tuvo que darles explicaciones a los chavales en su tutoría.
—¿Por lo de la novela erótica?
—Sí.
—¡A la hoguera, a la hoguera! —dije entre risas—, como en tiempos de la Inquisición.
La tutora me dijo que habló a los alumnos sobre la vida privada de los profesores, y que lo importante es que seamos buenos profesores. Y volvió a salir el tema de Internet.
—Hay que tener cuidado —me dijo.
—Yo no. Estoy promocionando una obra literaria.
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