La justicia

De derecha a izquierda, Josep Bofill y Enric Frigola en 1920 (fuente: http://www.lletres.net/pla/QG/?cat=36&paged=7)

–La justicia teórica, absoluta, es un enorme revulsivo. La justicia se debe tomar con calma y debe aplicarse en pequeñas dosis…
–Lo que parece darte la razón son las noticias de la revolución rusa… -insinúa el señor Enric Frigola.
–¡Es posible! -dice Bofill-. Los rusos están implantando ahora la justicia en su país. Sufrirán muchísimo. Lo pasarán muy mal. Se verán obligados a crear un Estado meramente policíaco, frío, siniestro. Pasarán mucha hambre y sed, tendrán que ampliar todas sus prisiones, tendrán que demoler todo aquello que hace agradable la vida. Y, así y todo, no implantarán ninguna forma de justicia. Mi idea es que no puede haber alimentos ni una forma mínima de vida en común, sin un determinado grado de injusticia. ¿Por qué hay mujeres feas y mujeres guapas? ¿Por qué tiene que haber hombres inteligentes y hombres estúpidos? ¿No es una injusticia? Si aplicamos la justicia a una situación así, no tendremos más remedio que matar a las mujeres guapas y a los hombres inteligentes…
En la tertulia la confusión va en aumento. Coromina, nervioso, se muerde una uña. Los otros nos hacemos aparentemente los distraídos. La reunión se disuelve por agotamiento.

Fragmento perteneciente al diario de Josep Pla, El cuaderno gris (pág. 39).

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El señor Guardiola

Esta descripción no se refiere al Guardiola futbolista, al Guadiola entrenador de fútbol

Pienso, mientras tanto, en el señor Guardiola. ¡Un hombre extraño! Debe de tener unos cincuenta años. Es alto, lleno de carnes, macilento, rosado de cara, de ojos azulados. Escaso de pelo, lleva en la cabeza un plafón de cabellos engomados, como una peluca tenue. Todo su cuerpo irradia una impresión de cosa blanda, desprovista de consistencia. Soltero recalcitrante, vive con una hermana, una señora beata y ceremoniosa. Acompañado siempre por ella, su carrera ha consistido en una larga peregrinación a través de oficinas judiciales mezquinas… Su presentación, su manera de caminar, de hablar, de vestir, de gesticular, ha creado entre la gente la hipótesis de la vaguedad de su sexo. En este sentido su vida debe de haber sido muy dura, porque ha sido el hazmerreír de mucha gente. En su indumentaria hay tres elementos inconfundibles: el sombrero duro tornasolado por el exceso de aprovechamiento; el chaleco blanco con botones de nácar de una coloración rosada, una capa de esclavina con vueltas de terciopelo rojo. Caminando, tiene una manera de jugar con esas vueltas, tan femenina, retozona y llena de coquetería, que a veces hace pensar en alguna vieja cupletista, irrisoria y desbarajustada.

Fragmento perteneciente al diario de Josep Pla, El cuaderno gris (pág. 36).

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