Inmensa tristeza

El alba rasguñaba la puerta de la señora Justina y terminó cascándose, como huevo de chachalaca, sobre la madera de polilla.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Justinita la idolatrada» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 101).

Vivo y duro

Los despertares levantaban a las personas. Y las personas, las de verdad y las de mentira, caminaban por los caminos.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Noche de tropiezos y altivez» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 96).

Interior y exterior

Muchas de sus palabras eran temerarias. Cuando se le arriaba más el vértigo de su norte, los topetazos contra las personas de carne y hueso hasta sentaban mal.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Noche de tropiezos y altivez» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 92).

Ofreciéndose al turismo

Oswaldo, tan adolescente y gresca, se quedó pegadito a la calzada.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Noche de tropiezos y altivez» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 91).

La ilusión del cine

El mulato Oswaldo, al salir del cine Habana, se rascaba el cuello graciosamente.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Noche de tropiezos y altivez» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 89).