Cavando una fosa

La madre comenzó a escuchar el rumor del arroyo, y una descarga de amarga complacencia se le consumió, al escapársele de los pies.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Justinita la idolatrada» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 105).

Penoso caminar

El pueblo opaco, a pesar de la mudez de sus desiertas callejuelas, anunciaba a la madre que no le corriera el miedo

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Justinita la idolatrada» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 104).

Mortaja

—Yo vi una vez a la niña Eduvigis muertita, en su caja transparente de la Basílica, y era una prenda como tú, rete linda.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Justinita la idolatrada» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 103).

Sola

Toda la casa se apretaba en el llanto,

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Justinita la idolatrada» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 102).

Inmensa tristeza

El alba rasguñaba la puerta de la señora Justina y terminó cascándose, como huevo de chachalaca, sobre la madera de polilla.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Justinita la idolatrada» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 101).

Trabajo y contención

Recolecta como si fuese un tal superviviente Gonzalo de Pineda.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Noche de tropiezos y altivez» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 97).

Vivo y duro

Los despertares levantaban a las personas. Y las personas, las de verdad y las de mentira, caminaban por los caminos.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Noche de tropiezos y altivez» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 96).

Como a un monigote

—También soy Aquiles.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Noche de tropiezos y altivez» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 95).

A solas

—No den tan duro, que yo voy hasta la victoria siempre, que yo me quedo.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Noche de tropiezos y altivez» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 94).

Cólera juvenil

Más allá del Malecón sólo transitaba el agua marina, como a escondidas.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Noche de tropiezos y altivez» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 93).

Interior y exterior

Muchas de sus palabras eran temerarias. Cuando se le arriaba más el vértigo de su norte, los topetazos contra las personas de carne y hueso hasta sentaban mal.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Noche de tropiezos y altivez» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 92).

Ofreciéndose al turismo

Oswaldo, tan adolescente y gresca, se quedó pegadito a la calzada.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Noche de tropiezos y altivez» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 91).

Comienza la procesión

—¡Porque yo tengo la vida por delante! ¡Aunque parezca mentira, yo tengo la vida por delante!

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Noche de tropiezos y altivez» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 90).

La ilusión del cine

El mulato Oswaldo, al salir del cine Habana, se rascaba el cuello graciosamente.

Fragmento perteneciente al relato titulado
«Noche de tropiezos y altivez» , del libro Relatos del fuego sanguinario y un candor (pág. 89).